CULTURA
Historia

Los misioneros españoles del siglo XVII en las islas del fin del mundo

Un proyecto arqueológico finalista al Premio Nacional Palarq busca los restos de las misiones jesuitas españolas en las islas Chiloé. Desde el siglo XVII, sacerdotes solitarios, pobres y casi abandonados se instalaron con éxito en uno de los territorios más aislados del planeta

Iglesia en Chiloé, recuerdo de la evangelización española en el sur de Chile.
Iglesia en Chiloé, recuerdo de la evangelización española en el sur de Chile.NAVEGANDO ENTRE DOS AGUAS
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"Chiloé es un lugar maravilloso en el que ir a retirarse del mundo. Y ellos, los habitantes de la isla, lo saben", dice Jaume García Rosselló. "El clima es extremo, pero no por el frío, que más o menos es soportable, 10 grados de media, sino porque llueve todo el tiempo. Es uno de los lugares más lluviosos del mundo. Eso sí: el día que sale el sol... Una hora de sol en Chiloé vale por 100 horas de sol en cualquier otro sitio y se lo digo yo que vivo en Mallorca. Además, están los vientos del Pacífico. Piense que si un barco zarpa hacia el oeste desde Chiloé, no va a encontrar nada de tierra hasta Australia, de modo que el viento llega desde allí sin que nada lo detenga. La navegación es muy complicada. Hay muchísimos días de aislamiento, días en los que los barcos no salen, un día así tras otro. Y muchísima gente ha muerto en naufragios, es muy habitual encontrar historias de ese tipo en cualquier familia».

García Rosselló, arqueólogo y catedrático de Prehistoria de la Univesitat de les Illes Balears, empieza la conversación con una descripción casi emocional del lugar, de las islas chilenas de Chiloé que son el lugar en el que dirige el proyecto Navegando entre dos aguas. Evidencias arqueológicas para el reconocimiento de las misiones itinerantes jesuitas en las islas orientales del archipiélago de Chiloé, Chile (siglos XVII-XX). El proyecto, seleccionada por la Fundación Palarq para su Premio Nacional de Arqueologíaestudia las misiones itinerantes de los religiosos españoles en el sur de Chile en el sigloXVI, una empresa precaria, desarrollada por sacerdotes solitarios, pobres, casi abandonados por el mundom pero capaces de organizar la ramificación más lejana de la España americana. A 11.500 km de la Península Ibérica, en Chiloé se acababa el mundo hispánico, y lo curioso es que se acababa con éxito. El trabajo de los sacerdotes españoles fue tan preciso y constante que su impacto duró mucho más que el Imperio Hispánico.

Para saber más

Algunos datos más: Chiloé es un archipiélago de 200 islas, 50 de ellas habitadas. En una de ellas, la Isla Grande Chiloé (tan grande en superficie como Córcega), viven 150.000 personas. En las demás, hay pequeñas comunidades: 300 habitantes aquí, una decena allí... Hasta los años 70, muchos de esos chiloenses estaban casi desconectados del mundo y del tiempo. Sólo en esa década, la República de Chile empezó a tejer una red de oficinas de correos y comisarías. Hace 10 años, llegaron las plantas eléctricas y el agua potable y los coches empezaron a sustituir a los carros tirados por bueyes. Hoy, las empresas de pesca de salmón de capital noruego han hecho crecer muy deprisa la economía de las islas y con ella, la población. Pero la vida ha sido dura durante siglos.

«El archipiélago estuvo despoblado hasta el siglo XV, pero siempre fue frecuentado por canoeros. O sea, por pescadores nómadas que bajaban hasta allí desde el norte. Hacían acopio de mariscos y generaban conchales», explica García Rosselló. «En el siglo XVI, los españoles hicieron los primeros intentos por establecer población fija en las islas».

El método fue el de las misiones, ya perfeccionado en los virreinatos españoles desde la década de 1520. Los franciscanos y los jesuitas creaban una base, llevaban a comunidades indígenas a vivir en ellas y les enseñaban a trabajar con su tecnología, a ser más eficientes en su economía, a convertirse en estudiantes de cristianos europeos.

«En Chiloé, los jesuitas intentaron hacer lo mismo, pero como los indígenas que se encontraron eran los chono, nómadas y recolectores, no tuvieron éxito. Llegaba el verano y los chono abandonan las misiones y se iban a navegar. Las misiones permanentes no funcionaron», explica García Rosselló. Así que llegó el momento del pragmatismo.

El equipo de 'Navegando entre dos aguas' en el Archipiélago Chiloé, al sur de Chile.
El equipo de 'Navegando entre dos aguas' en el Archipiélago Chiloé, al sur de Chile.EL MUNDO

«Las llamadas las misiones circulares ya se habían probado en Filipinas muy brevemente. El método consistió en construir capillas en las islas. Los misioneros, en vez de establecerse en ellas, pasaban tres meses viajando en darca [una embarcación de madera muy navegable], dando misas y hablando con las comunidades que se encontraban por las islas. Entonces, dejaban a un representante elegido entre lo indígenas, un cargo al que llamaban fiscal».

Al otro lado, estaban los pobladores originarios: los canoeros chono y, poco a poco, otros grupos llegados desde el continente, otros pueblos de la familia mapuche del sur, que se dedicaban a la agricultura. «Su economía se basaba en la papa, en la patata. Probablemente, Chiloé fuere el primer lugar de la Tierra en el que se domesticó la patata».

Los jesuitas españoles hicieron base en la ciudad de Castro, fundada en el extremo norte de la Isla Grande Chiloé en 1560, aunque su contingente era pequeño. Según García Rosselló, su éxito consistió en no ser rígidos, en adaptarse e hibridarse con sus vecinos, en ofrecerles una síntesis del catolicismo y sus sistemas de creencias y en ser laxos en sus demandas fiscales.

El equipo de 'Navegando entre dos aguas' en el Archipiélago Chiloé, al sur de Chile.
El equipo de 'Navegando entre dos aguas' en el Archipiélago Chiloé, al sur de Chile.

¿Éxito? Sí. «Los jesuitas eran vistos como unos defensores de los indios para la corona y en ese sentido chocaron muchas veces con el poder del Virreinato. Pero fueron el primer paso para la colonización allí donde el Estado no llegaba». Llegaron antes y llegaron para perdurar. «En 1540, los españoles fundaron Santiago del Estero, que después sería Santiago de Chile. Entonces, empezó la rebelión mapuche que hizo que la mayor parte del territorio fuera independiente en la práctica, casi todo menos en el entorno de Santiago. Chiloé, en cambio, se mantuvo siempre fiel a la corona y dependiente, en la práctica, del Virreinato de la Plata».

Los chono no eran hostiles a los españoles. «Hacían su vida», dice García Rosselló. De los sacerdotes recibieron conocimientos, la estructura legal de las propiedad privada y, quizá, nuevos materiales como la cerámica. Durante algunos años, tuvieron que soportar la presión de los piratas holandeses, que se establecieron en el archipiélago. Pero, en resumen, su mundo aparentemente anacrónico funcionaba mejor con la tutela laxa de los españoles.

¿Hablan español con naturalidad los chiloenses de 2026? «Con absoluta naturalidad. Los chiloenses son huliches, mapuches del sur, pero muchos mantienen el mito de que son españoles. Te encuentras con chilenos que se apellidan Nahuil o Coñocar, nombres obviamente indígenas, pero que se vinculan con España. No todos lo hacen, hay un sesgo ideológico en esa actitud, y, por supuesto que sé que exageran cuando hablan con un español como yo, pero el vínculo existe».

¿En qué consiste su trabajo de campo? Navegando entre dos aguas, la investigación que dirige García Rosselló busca restos materiales que confirmen, amplíen o refuten la historia escrita en las crónicas de Indias. ¿Cómo vivían aquellos misioneros? Precariamente. ¿Hasta dónde llegaron? Cruzaron los Andes y llegaron a Bariloche. ¿Qué comían? Patatas, sobre todo. ¿Fue aquel un mundo más o menos igualitario? Sí.

El equipo de 'Navegando entre dos aguas' en el Archipiélago Chiloé, al sur de Chile.
El equipo de 'Navegando entre dos aguas' en el Archipiélago Chiloé, al sur de Chile.
CINE

El taquillazo consagrado al viejo Hollywood

'Minions & Monsters' inserta a sus protagonostas amarillos en la historia del cine, desde 'Tiempos modernos' hasta 'Casablanca'.

Dos minions, en una de las parodias cinéfilas incluidas en 'Minions & Monsters'.
Dos minions, en una de las parodias cinéfilas incluidas en 'Minions & Monsters'.
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Una franquicia de dibujos animados multimillonaria es un lugar extraño para encontrar una parodia del cine mudo, pero Minions & Monsters[en los cines de España desde el 1 de julio] lo logra. En la nueva película, las parlanchinas criaturas amarillas se convierten en estrellas en los albores de Hollywood y arrasan con la era del cine mudo con su peculiar sentido del humor, además de participar en acrobacias propias de los cómicos Charles Chaplin y de Buster Keaton.

Durante esta aventura, el director Pierre Coffin, quien también presta su voz a los minions, hace referencia a King Kong, Casablanca y Ciudadano Kane. Incluso hay un cameo del creador de Star Wars, George Lucas, quien se interpreta a sí mismo, y algún guiño a Matrix y E.T.

Esta es una relación de los hitos cinematográficos representados este verano por los minions, convertidos en Minions & monsters en figuras clásicas por derecho propio.

Los minions aparecen en las primeras películas de la historia.

Los estudios de animales del fotógrafo Eadweard Muybridge suelen considerarse los primeros ejemplos de cine. En una imagen de 1878, capturó las zancadas de un caballo al galope. En otra, a un perro corriendo. ¿Pero qué pasaría si ese cachorro persiguiera a un minion con salchichas? Minions & Monsters comienza insertando a los minions en algunos de los primeros ejemplos cinematográficos, así como en La llegada de un tren a La Ciotat de los hermanos Lumière (1896) y Viaje a la Luna de George Méliès (1902). En la versión minions de esta última, la luna tiene el rostro de un minion.

Para saber más

Los minions se convierten en estrellas del cine mudo.

La admiración de Coffin por las estrellas del cine mudo como Charles Chaplin y Buster Keaton se remonta a sus inicios en la animación. «Nos los pusieron como ejemplo, porque no tenían el don del habla», dice el cineasta. «Tenían que transmitir emociones con sus movimientos». Cuando los minions aterrizan en Hollywood, Coffin incluye numerosos homenajes a estos pioneros. Un personaje al estilo Chaplin es absorbido por los engranajes de una gran máquina, una referencia a Tiempos modernos (1936). Los minions también obligan a Harold Lloyd a colgarse de un reloj, como en ¡La seguridad es lo último! (1923), y hacen que una casa se derrumbe sobre Buster Keaton, en un guiño a El héroe del río (1928). En la película de Coffin, fueron los minions quienes inspiraron a figuras como Chaplin y Keaton a tener sus mejores ideas.

«La idea era sencilla, consistía en decir que, mientras hacían todo esto, les estaban complicando las cosas, pero que al final, por eso el resultado se convertiría en algo icónico», dice Coffin.

Los minions se ven obligados a adaptarse al cine sonoro.

A lo largo de su historia, el cine mostró lo difícil que fue para algunas estrellas del cine mudo la transición a la era del sonido, que llegó en 1927 con el estreno de El cantante de jazz, producida por Warner Bros. Los minions también tienen problemas para adaptarse, pero Coffin los muestra insertándose en películas de la década de 1940.

No es un hecho históricamente exacto, pero es una forma que tiene la película de incluir más homenajes. En una escena, un minion interpreta a un detective llamado Humphrey, un guiño a Humphrey Bogart, el curtido héroe de El sueño eterno y El halcón maltés. Pero en lugar de diálogos románticos, el minion dice «lasaña».

Un minion también protagoniza y arruina la escena inicial de Ciudadano Kane (1941). Al igual que Charles Foster Kane, el personaje de Orson Welles, un minion sostiene una bola de nieve y la deja caer al suelo. Pero no pronuncia la famosa frase «Rosebud». En cambio, dice: «¡Oh, mierda!».

«La gente me decía: 'Los niños no lo van a entender'», comenta Coffin. «Sí, pero a los niños les va a encantar ver a un tipo en su lecho de muerte dejando caer algo y diciendo: '¡Oh, mierda!'».

Los minions finalmente se encuentran con los monstruos.

Un minion muy trabajador llamado James decide hacer su propia película de monstruos y, al filmarla, libera accidentalmente a Irene, un monstruo gigante hecho de una sustancia naranja viscosa con un montón de ojos en su cuerpo. Irene es una referencia a la película de 1958 La masa devoradora.

«[Cuando] tenía ocho o nueve años, estaba aterrorizado con esa película», explica Coffin. «Cuando la volví a ver, justo antes de hacer esta película, dije: '¿Qué demonios?. No da miedo para nada'».

Los minions hacen ciencia ficción clásica.

Al final, un grupo de minions salva el día con la ayuda de Dort (interpretado la voz de Jesse Eisenberg), un robot torpe. Todo evoca la ciencia ficción de los años 50, películas como El día que la Tierra se detuvo, un clásico sobre una nave espacial que aterriza en Washington D.C. y que presenta a un robot llamado Gort. Coffin estaba especialmente interesado en hacer alusión al trabajo del maestro de los efectos especiales Ray Harryhausen, quien creó la inquietante aeronave flotante en La Tierra contra los platillos voladores de 1956.

«Los efectos eran increíbles», dice Coffin. «Así que me dije: deberíamos hacer referencia a eso, pero intentando hacerlo un poco mejor técnicamente».

Aunque no se entiendan todas estas referencias, es fácil reírse de las disparatadas travesuras de los minions. Como muchos cómicos, desde Chaplin hasta aquí, «no hay ningún personaje que se caiga que no sea gracioso", como dice Coffin.

Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'. Traducido del inglés por Luis Alemany.