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No tan bien 'Millennial mal'

«Más que dinamitar o reivindicar, da la sensación de que no ha sido capaz de centrar el tiro»

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Rebeca Argudo

Lo mejor de 'Millennial mal' es que solo tiene cinco capítulos y apenas dura media hora cada uno. Y ustedes se preguntarán que para qué la veo. Yo también. Al menos esta vez solo he desperdiciado dos horas y media de mi vida, lo que me exime de la sospecha de ociosa (de serlo, estaría cazando ratoncitos, a mi edad, y no viendo series malas por imperativo laboral).

'Millennial mal' podría enmarcarse en el género «moderneo femenino» y, pese a considerarse comedia, no ha logrado arrancarme ni una leve sonrisa. Ya no pido una carcajada, ni siquiera una risa. Pero al menos debería garantizar una mínima sonrisa cualquier producto que se denomine «comedia». Quizá soy demasiado exigente reclamando a los géneros que se ciñan a ciertos parámetros básicos. O tal vez soy una optimista al esperar algo un poco por encima de tropiezo, caída y vómito en cuanto a sofisticación. De hecho, en mi humilde opinión de señora con mando a distancia, la cosa arranca más como un drama: una cuarentona con trabajo precario como bibliotecaria y sin ahorros en un piso diminuto y con un gato al que trata como un hijo es despedida y se ve obligada a aceptar una beca universitaria concedida por error.

Ahí tienen, en una pincelada, las consecuencias de un feminismo adanista, tuitivo y revanchista que se merendaron sin miramientos un buen número de jovenzuelas convertidas hoy en solteronas resentidas que se gastan el precario sueldo en (parafraseo a mi compañera Esperanza Ruiz) Whiskas, Satisfyer y Lexatin mientras se preguntan «qué he hecho yo para merecer esto». La madre del gato (que, como en todo producto de moderneo feminista es, además de la actriz, la directora y la guionista y la creadora) acepta la beca universitaria porque se queda sin trabajo y esa acción fraudulenta la lleva a fingir que tiene unos cuantos años menos y a hacerse pasar por joven universitaria, cosa que consigue vistiéndose de mamarracha y diciendo mucho 'holi' y 'bebé'.

Sale Isa Calderón, epítome del moderneo feminista, haciendo de Isa Calderón embarazada. Y, aunque no aporta nada, ni a la trama ni al personaje, y más parece que se trata simplemente de que aparezca ahí haciendo lo que sea, tampoco desentona porque demasiadas cosas pasan sin aportar demasiado y sin ayudar a que avance la trama. Digamos que la trama, en realidad, es lo de menos. Tampoco es que me quede muy claro qué es lo de más. En una entrevista, la creadora, actriz, directora y guionista de la serie decía que esta venía de «la acusación de ser boomer por no usar bien el móvil o los anglicismos» (también dice que los móviles y los anglicismos son capitalistas y neoliberales), así que imagino que viene de la brecha generacional de toda la vida, pero dicho por una moderna que ya no es joven.

También he leído por ahí que la serie dinamita los prejuicios hacia los jóvenes y reivindica los lazos intergeneracionales, pero yo no he visto nada de eso. De hecho, el único lazo reivindicado ahí es el interespecista entre ella y su gato. Así que, más que dinamitar o reivindicar, da la sensación de que no ha sido capaz de centrar el tiro. Podría haber optado por la comedia de enredo, por el retrato generacional o por la crítica social pero se ha quedado igual de lejos de todo. ¿La recomendaría? No, si lo que buscan es pasar un buen rato y echarse unas risas. Tampoco si lo que buscan es una buena historia con personajes interesantes y bien perfilados. Ni si esperan una mirada incisiva sobre nuestra sociedad o la ingeniosa crónica de una época. La verdad es que solo se la recomendaría a las fans de Isa Calderón y a alguien que no me cayera demasiado bien.

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