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Los millonarios del ji ji – ja ja son más felices que nunca
¿No palidecen Toni Soler o Wyoming, esos cómicos irredentos, cuando son apadrinados por Pedro Sánchez en los aniversarios de sus programas?
No creo que a estas alturas le extrañe a mucha gente la vuelta a RTVE de Héctor de Miguel. El humorista había anunciado hace unos meses su intención de interrumpir su carrera profesional de forma temporal tras los ataques que había recibido en redes, que algunos diarios digitales asociaron a una campaña de “acoso de la extrema derecha” a los “comunicadores de izquierdas”. Podría decirse que su malestar es un suflé que ha descendido rápidamente, dado que unas pocas semanas después se ha anunciado su regreso a la televisión pública para un programa que costará 58.900 euros, frente a los 86.000 de la primera temporada.
La noticia tiene sentido porque Quequé —así le apodan— pertenece a un grupo que está unido por un humor que es mucho más afilado al juzgar a la derecha que a la izquierda. Es el que se usaba en el programa La vida moderna, en el que compartía cartel junto a David Broncano -hoy, a 14 millones de euros por temporada en La 1-; y a Ignatius Farray, a quien le acaba de caer un programa infantil en RTVE Play con un coste de 38.800 euros, según la documentación de la corporación.
No juzgo su talento ni el contenido. Tampoco el tono ideológico de su humor, que son libres de elegir. Pero conviene señalar que forman parte de un mismo 'conjunto', al que se ha reconocido por sus críticas 'hacia un lado' del espectro político. Sin ese ingrediente, no estarían en la lista de contratados de esta empresa pública, aunque, como sucede ahora, se dedicaran al entretenimiento.
Siempre sucede lo mismo: las familias cuidan y engordan a sus miembros tanto como es posible. Por eso en Prado del Rey tampoco le sorprendió a nadie que, en 2015, cuando el PP decidió incrementar su influencia sobre RTVE, con Rajoy en el Gobierno, alguien tuviera la idea de contratar un ciclo de cine español del que se beneficiaron especialmente las productoras de José Frade y Enrique Cerezo, que forman parte de otro grupo, que no hace política, pero al que se cuida cuando toca. En aquel momento, con acuerdos por 8,8 millones de euros, según reconoció la corporación.
La dinámica del 'procés'
El caso de la RTVE actual es algo distinto, dado que ha importado algunos de los vicios más criticados de la TV3 del procés, los cuales son fruto de la polarización, que tanto aquí como allá ha sido engordada desde el terreno institucional. ¿Qué mejor muestra de ello hay que la de observar las parrillas de programación de ambos canales, entonces y ahora?
En la catalana existía cierta predisposición a buscar huecos para quienes se desempeñaban con activismo contra el enemigo constitucionalista. Hay múltiples casos que podrían citarse, como el de Mónica Terribas, la periodista de referencia de Catalunya Ràdio, quien llegó a pedir colaboración a sus oyentes para localizar a las patrullas de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que trataban de impedir la celebración del referéndum del 1-O. ¿Podría compararse esa situación —que delata una militancia, no solo una simpatía— con la frase de Silvia Intxaurrondo, en la que consideró que no sería "nada ilógico" que Servinabar proporcionara una tarjeta de crédito a Santos Cerdán? Digamos que todas estas situaciones describen a un 'conjunto' del que forman parte periodistas que no estarían en su puesto si sus medios de comunicación no persiguieran un objetivo.
Lo mismo sucede en el caso de los contertulios. En la TVE de estos tiempos han recibido premios suculentos quienes han contribuido a la estrategia del 'miedo a la derecha' desplegada por Moncloa, aunque sea con representaciones ridículas, con cabestrillo verde. En TV3, el caso más emblemático es quizás el de Empar Moliner, quien llegó a quemar un ejemplar de la Constitución española en un plató, en vivo y en directo. Lejos de penalizarla, recibió nuevos proyectos. Sólo en el último lustro se ha embolsado 400.000 euros de esta corporación. Todo, por pertenecer a una 'familia', con un objetivo común.
Los aniversarios
El grupo mejor tratado -y el que más dinero gana- es siempre el de los reyes del entretenimiento, que nunca es neutral ni vacío de ideas. A él pertenece Toni Soler, el creador de Polònia, formidable en lo suyo, que consiste en mantener satisfecho al pagador mientras proyecta una imagen enfant terrible contra el enemigo del político de turno. Lo suyo es la incorrección institucional. La acidez ministerial. Soler no palideció cuando en el 20 aniversario de su programa de humor apareció la plana mayor de la política catalana y el propio Pedro Sánchez, quien también dedicó unas palabras la semana pasada a El Gran Wyoming durante el 'cumpleaños' de El Intermedio. ¿No les da vergüenza?
Cada uno decide evitar la pobreza como bien puede, aunque en el caso de Wyoming, con contrato en un grupo privado, la casa pagada y la edad de jubilación alcanzada, a lo mejor podría esperarse cierta valentía adicional o cierto alejamiento de los clichés que prefiere el público más escorado. Pese a todo, lo suyo tiene mérito: no se cumplen dos décadas en antena todos los días. Su productora, Globomedia, tiene motivos para estar satisfecha. No sólo por la estabilidad de este contrato, sino también porque a su dueña, Mediapro, le acaban de garantizar dos temporadas más en La 1 con La revuelta, que se emite a la misma hora. Todo, por pertenecer a un grupo. A una familia audiovisual.
Una vez se les contrata dentro de ese ecosistema audiovisual público, lo suyo es no defraudar: hay que dar al pagador lo que espera, lo que se vio el domingo en el estreno de Barrio esperanza (Mediapro), que, como El 47 o El buen patrón, todas de la misma productora, de un mismo grupo, ofrecen entretenimiento muy bien hecho, con tramas sencillas... y con conciencia de clase. Es lo suyo. Sucede igual en todas las empresas públicas de este tipo. Al cómico de Telemadrid, al de Canal Sur o al de la televisión asturiana se les suele exigir siempre cierto humor, que es el que conviene. Hay quien es tan hábil que incluso juega a dos bandas: al folclore en Andalucía y al monologuista concienciado en Madrid, como Manu Sánchez. Todo esto ha conformado una especie de nobleza cómico-política, progubernamental allá donde toque y poco tolerante a las críticas.
Hay que reconocer que la generosidad de RTVE Play con el mismo 'grupo' resulta sorprendente: y ahí se incluyen desde Quequé hasta Inés Hernand, omnipresente en la pública y muy bien pagada. Pese a todo, lo que más llama la atención es lo de Soler y lo de Wyoming. Con tantas batallas a sus espaldas y tan poco por pagar, diría que no hace falta ser tan explícito. ¿Cuántos lo han sido durante el sanchismo? Desde luego, este presidente ha conseguido que esa familia crezca hasta transformarse en una congregación.
No creo que a estas alturas le extrañe a mucha gente la vuelta a RTVE de Héctor de Miguel. El humorista había anunciado hace unos meses su intención de interrumpir su carrera profesional de forma temporal tras los ataques que había recibido en redes, que algunos diarios digitales asociaron a una campaña de “acoso de la extrema derecha” a los “comunicadores de izquierdas”. Podría decirse que su malestar es un suflé que ha descendido rápidamente, dado que unas pocas semanas después se ha anunciado su regreso a la televisión pública para un programa que costará 58.900 euros, frente a los 86.000 de la primera temporada.