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Quería tratar un aspecto de este estudio de Nature, que me parece muy importante, que es cuando habla del suicidio de los hombres y recurre a la repetida narrativa que consiste, en el fondo, en culpar a los propios hombres de su suicidio. En el caso del suicidio masculino cometemos sistemáticamente un error fundamental de atribución comparado con el suicidio femenino: pensamos de forma sesgada que se debe a factores internos (la masculinidad tóxica, no saben pedir ayuda, hay que ser duro, etc.). Es decir, lo que se hacen ellos a sí mismos. Por contra, en las discusiones sobre el suicidio femenino a menudo se enfatizan factores externos o contextuales, como la presión de roles de género, la discriminación, el estrés por expectativas sociales (por ejemplo, ser cuidadora, cumplir estándares de belleza, o enfrentar violencia de género).Es decir, lo que la sociedad les hace a las mujeres. Veamos lo que dicen en este artículo: “Para los niños y hombres jóvenes, el problema podría agravarse por lo que Barker denomina una «crisis de conexión»: la falta de personas con las que puedan acudir en busca de apoyo. En una encuesta realizada en 2024 por el Pew Research Center —un think tank con sede en Washington DC— a jóvenes de 13 a 17 años en Estados Unidos, solo el 38 % de los chicos adolescentes dijo sentirse cómodo hablando con sus amigos sobre su salud mental, frente al 58 % de las chicas. «Yo diría que, como chico, puede ser más difícil abrirse a los demás», comenta Lucas. «Las chicas, en cierto modo, tienen las herramientas para buscar apoyo o cuentan con personas a las que pueden recurrir», señala Kim Parker, directora de investigación sobre tendencias sociales en el Pew Research Center. Una encuesta de Equimundo realizada en 2017 encontró que el 66 % de los hombres jóvenes estadounidenses pensaba que los hombres deben resolver sus problemas personales solos y no pedir ayuda a otros. Englar-Carlson afirma que estas diferencias se deben, en parte, a la forma en que se socializa a niños y niñas. Según explica, los adultos suelen reconocer y empatizar cuando las niñas expresan emociones, mientras que a los niños se les transmite el mensaje de que dejen de llorar o de que sean fuertes. «Y así, desde pequeños, los niños pueden aprender a no poner sus emociones en palabras», señala.” Es decir, explican las mayores tasas de suicidio principalmente por la “crisis de conexión”: los chicos no hablan de sus problemas, son socializados para ser “duros” y resolverlo solos, mientras que las chicas “tienen las herramientas para buscar apoyo”. Suena lógico… hasta que lo piensas un poco y miras los datos completos. Existe un fenómeno bien documentado llamado “la paradoja de género en el suicidio”: las chicas y mujeres realizan más intentos de suicidio (aproximadamente 2–3 veces más que los chicos en la mayoría de países occidentales). Los chicos y hombres tienen tasas de suicidio completado mucho más altas (generalmente 3–4 veces más altas). Esto se observa de forma consistente en Estados Unidos, Reino Unido, Europa y la mayoría de países desarrollados. Si la explicación principal fuera “las chicas hablan más y buscan apoyo, por eso les va mejor”, entonces las chicas deberían tener menos intentos de suicidio. Pero ocurre exactamente lo contrario: intentan más el suicidio. Esto sugiere que hablar de los problemas y buscar apoyo emocional no es el factor protector decisivo que el artículo presenta. Si lo fuera, las chicas -que según ellos “tienen las herramientas” “ponen sus emociones en palabras” y hablan más- deberían tener menos intentos. No es así. La diferencia principal entre sexos en el suicidio no es la disposición a hablar, sino la letalidad de los métodos. Los chicos y hombres tienden a usar métodos más letales (armas de fuego, ahorcamiento, saltos desde altura). Las chicas y mujeres tienden a usar métodos menos letales (sobredosis de medicamentos, cortes). Por eso, aunque las chicas intentan más veces, sobreviven más. Los chicos intentan menos veces, pero cuando lo hacen, es más probable que mueran, los intentos de suicidio de los chicos y hombres son más serios y letales. Este es un dato epidemiológico muy sólido y se repite en casi todos los estudios serios (OMS, CDC, estudios longitudinales, etc.). El artículo de Nature lo ignora casi por completo y prefiere centrarse en la narrativa cultural de “los chicos no hablan”. Además, el artículo usa esta explicación para mantener la jerarquía victimista: “los chicos tienen problemas… pero es porque no hablan como las chicas, que sí lo hacen bien”. De esta forma, sigue centrando el problema en “la masculinidad tóxica” en lugar de preguntar honestamente qué está fallando en la vida de los chicos hoy. Es decir, la parte de “los chicos no hablan” puede ser real parcialmente, pero insuficiente y demasiado conveniente. Ignora que las chicas, a pesar de hablar más y buscar más apoyo, siguen intentando suicidarse más. Eso debería hacer que cualquier investigador serio se pregunte si el marco “hablar = protección” es tan sólido como se presenta. Al final hay una cosa clara: las personas que se suicidan (hombres y mujeres) no lo hacen porque no quieran vivir, lo que quieren es dejar de sufrir. Igual deberíamos buscar también en los hombres las causas de ese sufrimiento y los factores externos que lo están generando. Un enfoque verdaderamente científico debería investigar sin prejuicios todas las causas posibles -internas y externas- del sufrimiento que lleva a los hombres al suicidio, en lugar de reducirlo a una narrativa cultural conveniente.
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Pablo Malo
@pitiklinov
Este artículo de Nature es un ejemplo de cómo muchos medios (incluidos medios supuestamente científicos como Nature) tratan los problemas de los hombres: reconoce (a regañadientes) que los chicos y hombres jóvenes están peor en varios indicadores objetivos importantes