Por fin ya todo se acabó, chica desolada
Noelia Castillo intentó largarse un par de veces. No lo logró, pero a cambio quedó parapléjica. Nadie puede imaginar cómo debió de sentirse
“No mires a los ojos de la gente. Me dan miedo. Siempre mienten”, aseguraba Golpes Bajos en una canción aún más vibrante que nihilista. Exageraban. Hay miradas que no mienten. Al menos yo sentía un estremecimiento y absoluta compasión cuando observaba en fotografías o en televisión la mirada de
lo-de-nadie-simplemente-es-mi-vida.html" data-link-track-dtm="">Noelia Castillo, esa chica que ha tenido que esperar tanto para que su tránsito hacia el otro barrio o a la nada ocurriera sin sufrimiento, algo con lo que estaba trágicamente familiarizada. Ella intentó largarse un par de veces. No lo logró, pero a cambio quedó parapléjica. Nadie puede imaginar cómo debió sentirse. Pero una asociación de abogados cristianos, en complicidad con el deseo de su padre, estaba empeñada en prolongar su infierno.
La eutanasia ha tenido piedad de ella. Yo, que no he votado nunca y si sucumbiera alguna vez a esa indeseada tentación, lo haría en blanco, le pediría a una cosa ancestralmente turbia o siniestra llamada Estado que ayudara a las personas hartas de dolor físico o moral, incapaces de aguantar más, a los que solo anhelan dormir y sienten intolerable angustia al abrir los ojos, que les facilitaran el sueño eterno, el final del sufrimiento, la huida de una existencia que no les amó.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.