PP y PSOE respaldan el llamamiento al diálogo del Rey frente a las críticas de la izquierda y el independentismo
Aparente sintonía de los dos grandes partidos con el mensaje de convivencia y responsabilidad institucional
Ataques desde los socios minoritarios y secesionismo al mensaje de Navidad
El Rey alerta de que «atravesamos una inquietante crisis de confianza» que provoca «hastío»
Marcando un perfil cada día más propio —más cercano y moderno— y tomando distancia del ruido político, Felipe VI subrayó la pasada Nochebuena que la convivencia, la responsabilidad pública y la estabilidad democrática son los objetivos que persigue la Jefatura del Estado. El mensaje de Navidad del Rey llamando a los políticos a no correr a costa de la caída del otro y a pensar en trabajar para los sectores más vulnerables, reforzó la posición de la Corona por encima de la confrontación partidista. El mensaje de Don Felipe a preservar la convivencia democrática, reforzar el diálogo, respetar las opiniones ajenas y extremar la ejemplaridad institucional recibió el respaldo de PP y PSOE, mientras que fue duramente criticado por Podemos y por los principales dirigentes del independentismo catalán.
Desde el principal partido de la oposición, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, expresó su apoyo al mensaje del Rey a través de un mensaje en la red social X. «Suscribo las palabras del Rey», escribió Feijóo, poniendo en valor la apelación de Felipe VI a «cuidar la convivencia entre españoles», sin olvidar los desafíos actuales y reivindicando la Constitución y Europa como garantes de libertad y prosperidad. El dirigente popular añadió que «nuestra nación merece un futuro donde caminar juntos, sin barreras ni muros», en línea con el espíritu del mensaje de Navidad de Don Felipe.
El respaldo del PP se produjo después de que el Rey alertara sobre la «inquietante crisis de confianza» que atravesamos y diera un toque de atención a la clase política para que practique el diálogo, el respeto y la ejemplaridad en el ejercicio de sus funciones. Felipe VI advirtió del «hastío, desencanto y desafección» que genera en los ciudadanos la tensión permanente del debate público y alertó de la pérdida de confianza en las instituciones, un fenómeno que —señaló— alimenta a los extremismos, radicalismos y populismos.
En el ámbito del Gobierno no hubo una valoración directa del presidente Pedro Sánchez, pero sí del PSOE a través de su presidenta, Cristina Narbona, quien compartió públicamente la llamada del Rey a la corresponsabilidad institucional y al compromiso con el bien común. Narbona subrayó que su partido está «plenamente comprometido» con la defensa de la integridad de las instituciones democráticas y con la máxima ejemplaridad en la acción pública, especialmente pensando en los más vulnerables y en las principales preocupaciones de los españoles.
La dirigente socialista destacó que, en un país descentralizado como España, los grandes desafíos no pueden abordarse con éxito sin una implicación real y coherente de todas las administraciones y de los partidos que gobiernan. En ese sentido, afirmó que el PSOE «comparte y acepta» la llamada del Rey a la corresponsabilidad y a la defensa del marco constitucional y de los valores del proyecto europeo. Narbona recordó que la Constitución de 1978 y la pertenencia a la Unión Europea han sido factores clave en la consolidación de derechos y libertades, el pluralismo político, el reconocimiento de la diversidad y la prosperidad económica y social.
Frente a este respaldo de los dos grandes partidos, las críticas más duras llegaron desde partidos más a la izquierda y el independentismo. La líder de Podemos, Ione Belarra, acusó al Monarca de subirse «a la ola del discurso antipolítico» y de incurrir en una «desmemoria» al no mencionar la dictadura en su intervención. En un mensaje publicado en X, Belarra afirmó que el Rey habla del pasado «como si fuera un fenómeno meteorológico» y sostuvo que la desmemoria es, a su juicio, uno de los principales motores de la ultraderecha en la actualidad.
También hubo reacciones desde el independentismo catalán. El portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso, Gabriel Rufián, recurrió a la ironía para valorar el discurso, publicando una sucesión de imágenes de objetos que, según sugería, no sirven para nada, entre los que incluyó simbólicamente el mensaje del Rey. En una segunda publicación compartió la imagen de Felipe VI en el salón de Columnas del Palacio Real, recordando las referencias del discurso al problema de la vivienda.
Más explícitas fueron las críticas formuladas por el presidente de ERC, Oriol Junqueras, y por el secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull. Ambos realizaron sus declaraciones en el cementerio de Montjuïc, durante la ofrenda anual ante la tumba de Francesc Macià. Junqueras calificó al Rey como «uno de los pocos jefes de Estado de Europa que hace apología de la violencia», en referencia al discurso del 3 de octubre de 2017 tras el referéndum ilegal del 1-O.
Turull, quien admitió no haber escuchado el discurso, criticó a Felipe VI por apelar en su mensaje de Navidad a no alimentar extremismos y radicalismos, asegurando que el propio Rey es «el más extremista y el más radical». Consideró «surrealista» que el Rey realizara un llamamiento a la convivencia democrática cuando, a su juicio, actuó en contra de ella tras el 1-O. El dirigente de Junts aprovechó además el contexto político para llamar a la unidad del independentismo y a «aprovechar la debilidad del Estado español» para «conseguir lo máximo para Cataluña».
Estas reacciones distaron mucho con el contenido del mensaje pronunciado por Felipe VI, que fue el más breve de su reinado pero también uno de los más contundentes. Desde un escenario elegido para marcar memoria y continuidad —el Salón de Columnas, donde hace 40 años se firmó el tratado de adhesión de España a las Comunidades Europeas— Don Felipe reivindicó la memoria del camino recorrido desde la Transición y defendió aquel proceso como un ejercicio colectivo de responsabilidad basado en el diálogo.
El Rey enumeró algunos de los principales problemas que preocupan a los ciudadanos: el aumento del coste de la vida, las dificultades de acceso a la vivienda, la incertidumbre laboral derivada de los avances tecnológicos y los efectos de los fenómenos climáticos. Advirtió de que estos desafíos «no se resuelven ni con retórica ni con voluntarismo» y volvió a subrayar la necesidad de priorizar el interés colectivo sobre el individual.
Sin noticias de Vox
Felipe VI alertó de que la crisis de confianza que atraviesan las democracias, incluida la nuestra, alimenta los extremismos, los radicalismos, la desinformación y los populismos, y recordó que España ya conoce las consecuencias funestas de la falta de consenso. Por ello, apeló al diálogo, al respeto en el lenguaje, a la escucha de las opiniones ajenas y a la ejemplaridad de todos los poderes públicos, situando la dignidad del ser humano —especialmente la de los más vulnerables— en el centro de la acción política.
En la parte final de su discurso, el Rey insistió en la idea de España como un proyecto compartido y animó a los ciudadanos a recorrer juntos los caminos del presente y del futuro, con confianza y sin miedo. Una llamada de atención que causó el efecto esperado: PP y PSOE la asumieron públicamente mientras la izquierda alternativa y el independentismo optaron por la crítica y la confrontación con la Corona. De Vox no hubo ninguna reacción. Cuando se trata de la Corona, el partido de Santiago Abascal juega en los últimos meses a la ambigüedad.
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