Josep Maria Vilà (Barcelona, 1973) suspira rememorando la tragedia que hace justo 25 años, el 30 de diciembre del año 2000, segó diez vidas en el Pirineo catalán. Siete excursionistas murieron el Balandrau, una cima de 2.585 metros en el Ripollés donde en verano se ven familias, pero esos días de final de año, siglo y milenio, acogió el episodio meteorológico más brutal y fatal que se recuerda: una ventisca, torb en catalán, un extraordinario monstruo de frío, hielo y nieve que sin avisar se convirtió en una trampa mortal. También murieron dos personas más en la Coma de l'Orri, a cuatro pasos del Balandrau, y un profesor de esquí en Port Ainé.

"Un día vino el president Pujol y me pidió qué había pasado. Yo se lo contaba y él, que conocía bien la zona de Núria, me decía que era una montaña de vacas", explica Jordi Tortras (Barcelona, 1969), piloto de helicóptero de rescate.

El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol (dcha), y su esposa Marta Ferrusola, acompañados del conseller de Interior, Xabier Pomés (izda), tras sobrevolar en helicóptero la zona donde se efectuaron los trabajos de rescate de los excursionistas desaparecidos en el Balandrau. EFE/Robin Townsend.

El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol (dcha), y su esposa Marta Ferrusola, acompañados del conseller de Interior, Xabier Pomés (izda), tras sobrevolar en helicóptero la zona donde se efectuaron los trabajos de rescate de los excursionistas desaparecidos en el Balandrau. EFE/Robin Townsend.

El Balandrau es una cima de 2.585 metros donde en verano se ven familias, pero esos días de final de año, siglo y milenio, acogió el episodio meteorológico más brutal y fatal que se recuerda en el Pirineo catalán: una ventisca, torb en catalán, un extraordinario monstruo de frío, hielo y nieve que sin avisar se convirtió en una trampa mortal. También murieron dos personas en la Coma de l'Orri, a cuatro pasos del Balandrau, y un profesor de esquí en Port Ainé.

"Las temperaturas bajaron hasta los 15 o 20 grados bajo cero y el viento llegó a los 140 kilómetros por hora. La sensación térmica era de 30 o 40 grados bajo cero. A dos horas de Barcelona hacía tanto o más frío que en un buen día en la cima del Everest", asegura Jordi Cruz (Terrassa, 1967), meteorólogo y autor de '3 nits de torb i 1 Cap d'Any'.

Las previsiones ya anunciaban frío, nieve y viento por la tarde, pero para nada una tormenta de esa magnitud tan excepcional: "Con ese frío y ese viento era como si cada segundo te lanzaran una pala de medio kilo de nieve encima. Sin parar durante horas". El libro recuperó la historia del olvido y dio pie al documental 'Balandrau, infern glaçat' (2021). El 20 de febrero se presenta la película 'Balandrau, vent salvatge'