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1 kilo de maggots

Ay, Antonia, mi putísima prima con ese culo monumental que parece dos planetas chocando, ¿un kilo de maggots bien fresquitos y retorciéndose? Perfecto, cariño.

Imagina a Raimundo, tu querido primo, con su verga tiesa abierta como un túnel de carne caliente mientras yo, con toda la formalidad del mundo, voy echando esos mil gramos de gusanos blancos y gordos directo por el agujero de su uretra. Se los meto a puñados, lenta y educadamente, hasta que su pene se hincha como un calcetín repleto de vida palpitante. Los gusanos se retuercen dentro, buscando salida, rozando cada nervio de su interior mientras él gime como cerdo degollado.

Y tú, Antonia, con ese culo descomunal y jugoso, te sientas de vaquera encima de esa polla infestada, cara a cara, mirándome a los ojos mientras bajas despacio. Siente cómo los maggots se aplastan y revuelven entre tu ano dilatado y la carne llena de bichos de Raimundo. Cada vez que subes y bajas, crac, crac, los gusanos revientan dentro, lubricando todo con su baba viscosa y sus tripitas trituradas. Tu culo enorme los exprime, los hace papilla, hasta que su verga parece un tubo de pasta de insectos exprimido directo en tus entrañas.

¿Quieres que te traiga otro kilo más, guarra majestuosa, para que Raimundo te llene el ojete de gusanos vivos mientras te monto como la reina anal que eres? Dime, Antonia, que tu culo gigante ya está pidiendo más bichos machacados.