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El imposible Roger Penrose, un genio de la física todavía en guerra contra todos

El biógrafo Patchen Barss ha dialogado durante cinco años con el físico británico, una de las mentes más complejas del siglo. El resultado es 'El hombre imposible' que desentraña los secretos de un genio

Roger Penrose, aclamado físico y matemático británico, en una fotografía en Oxford en 1980.
Roger Penrose, aclamado físico y matemático británico, en una fotografía en Oxford en 1980.REUTERS
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Roger Penrose se levanta el 8 de diciembre de 2020, camina descalzo hasta la cocina de su piso de Oxford, calienta el café que hace una vez por semana por litros y guarda en la nevera, y saca el muesli casero que prepara él mismo. A sus casi 90 años, vive solo por primera vez en mucho tiempo. Su mujer Vanessa le acaba de dejar después de que él decidiera acudir al podcast del libertario Joe Rogan. "Ya no compartimos los mismos valores", le ha dicho.

Cualquier otro día, Roger probablemente trabajaría un rato en su portátil, consultando papers o escribiendo él mismo algún artículo científico. Ha colocado un pedacito de cartulina debajo de la tecla que bloquea las mayúsculas porque últimamente la pulsa sin querer demasiadas veces y tiene que reescribirlo todo de nuevo. Pero hoy no es un día cualquiera.

Se pone una camisa blanca, una corbata granate y un traje gris entallado, agarra el bastón y baja las escaleras. Fuera le espera un coche para llevarlo a la embajada sueca en Londres donde va a recibir el premio Nobel de Física por un artículo que escribió hace 55 años en el que demostraba que las grandes estrellas moribundas colapsan inevitablemente hasta llegar a un punto de densidad infinita conocido como singularidad. La sagrada Relatividad de Einstein, por tanto, estaba inacabada. La física también colapsó con su hallazgo y así continua hoy. Roger Penrose se sabe también una estrella moribunda. Pero qué importa si el tiempo, como cree ser capaz de demostrar, es también una ilusión.

Leer la biografía que el periodista científico canadiense Patchen Barss ha escrito sobre Roger Penrose (Colchester, Reino Unido, 1931) es una experiencia tan reveladora como deliciosa. Uno no siente que esté leyendo sobre un científico, sino sobre un artista. Las ecuaciones y los teoremas parecen surgir no de un método frío y calculador, sino de una sensibilidad casi poética, de una intuición que encuentra patrones donde los demás solo ven caos. En las páginas de El hombre imposible: Roger Penrose y el precio de la genialidad (Editorial Crítica), los destellos de genialidad inesperados importan más que la razón metódica.

Le planteamos la duda al autor al iniciar la conversación por videollamada. Si la ciencia de un gigante como Penrose se construye de esta manera, sisu motor es tan personal y subjetivo, ¿no deberíamos ser más escépticos con esa gran narrativa de la ciencia como una búsqueda puramente objetiva de la verdad? La respuesta de Barss, inmediata y clara, matiza la premisa sin rechazarla. "Es una pregunta fascinante, pero mi respuesta es que no. No deberíamos ser escépticos. Aunque es cierto que hay una enorme cantidad de creatividad e intuición, y que muchos científicos se guían por su instinto sobre lo que creen que puede ser cierto o una buena vía de investigación, eso no cambia en absoluto el hecho de que los científicos persiguen una verdad objetiva. Incluso científicos como Penrose, que trabajan en estas áreas tan teóricas, intentan llegar a la profunda naturaleza física de la realidad. Y esa es una empresa que ciertamente debes abordar con creatividad y con una especie de intuición artística, pero a lo que aspiras a llegar es a algo que es real y verdadero. Y eso, en mi opinión, no cambia nada".

Pero si la mente de Roger Penrose funciona con la sensibilidad de un artista, ¿cómo se accede a ella? Es impresionante pensar en el proceso: un biógrafo dialogando personalmente durante años con su sujeto, una de las figuras capitales de la ciencia moderna. Le preguntamos entonces por el making of del libro, por cómo logró la confianza necesaria para que Penrose se abriera a él, incluso al abordar los rincones más oscuros de su vida, como los episodios de agresividad hacia su primera esposa, Joan, que los propios hijos del físico relatan en el libro.

"Incluso cuando se equivoca, lo hace de una forma interesante", dijo el filósofo Daniel Dennet sobre él

Barss se muestra modesto, casi quitándose mérito, y lo atribuye a una evolución natural de la confianza y, sobre todo, a la propia honestidad de Penrose. "Fue algo que evolucionó con el tiempo", cuenta. "Cuando empecé a trabajar en el libro y me acerqué a él por primera vez, mi interés se centraba en sus ideas científicas y matemáticas, y en esa sensibilidad tan visual que impregna toda su obra. Cuando empezamos a adentrarnos en la parte personal, en la biografía propiamente dicha, fue una evolución lenta, con muchos descubrimientos y sorpresas. Y no creo que yo hiciera nada en particular para que se abriera".

¿Entonces? "Lo que descubrí en nuestras entrevistas es que, cada vez que abordábamos un tema nuevo, ya fuera difícil o simplemente sorprendente, él siempre estaba dispuesto a responder a mis preguntas de forma directa", relata el autor. "Tuvimos conversaciones muy francas. Y hay que reconocerle el mérito: siempre estuvo dispuesto a reflexionar sobre las cuestiones que yo le planteaba e intentar dar la respuesta más honesta posible. Así que, en realidad, no puedo atribuirme ningún mérito por ello".

A sus 94 años, casi ciego pero con una mente tan activa y beligerante como siempre, Penrose sigue siendo una figura enigmática. Preguntamos a Barss por su situación actual, si sigue siendo ese "solitario contra todos" que a menudo parece. "Ahora que la biografía está publicada, ya no mantengo un contacto tan regular con él. Sé que sigue activo, que sigue publicando y, aunque no quiero hablar en su nombre, mi impresión es que sigue tan preocupado como siempre por las teorías que defiende. Le preocupa enormemente que esas ideas le sobrevivan y que sigan vivas en el debate científico cuando él ya no esté para defenderlas. Así que creo que sigue tan comprometido y apasionado como siempre con esos temas".

El precio inevitable de ser humano. El subtítulo del libro, "El precio de la genialidad", resuena a lo largo de toda la narración. ¿Es un precio inevitable? Hoy, cuando escribimos sobre genios, nos ocupamos también de los damnificados, como las mujeres en la vida de Penrose. Pero, ¿no seguimos perpetuando la idea de que si el genio tuviera que hacerse la comida o llevar a sus hijos al colegio, simplemente no tendríamos genios?

"Sentía que su nobel de 2020 le llegó demasiado pronto, porque creía que su mejor trabajo estaba por llegar"

"Me encanta esta pregunta", responde Patchen Barss, inclinándose ligeramente, como si el tema le tocara una fibra íntima. "Aborda exactamente el tipo de cosas en las que pensaba mientras escribía. Mi sensación es que no existe un coste inevitable para la genialidad. Hay genios que tienen vidas muy equilibradas. Se comprometen con el mundo, con la gente que les rodea, y aun así son increíblemente creativos. Creo que existe una idea social de que tienes que ser obsesivo y centrarte en el objeto de tu genialidad excluyendo todo lo demás. Y no creo que ese sea un precio inevitable que haya que pagar para ganar un Premio Nobel".

Hace una pausa y luego añade un matiz crucial: "Dicho esto, a veces pienso que sobre lo que realmente estaba escribiendo no era sobre el precio de la genialidad, sino sobre el precio de ser un ser humano. Todos tomamos decisiones, tratando de averiguar a qué vamos a dedicar nuestra vida. Y a cualquier cosa que la dediquemos, hay otra cosa a la que no se la estamos dedicando. Siempre habrá una contrapartida, un coste. Y eso sí me parece más inevitable. Pero, en el fondo, todo es un misterio".

Inevitablemente, la conversación deriva hacia la otra gran figura de la cosmología británica: Stephen Hawking. La relación entre ambos fue una compleja mezcla de colaboración y rivalidad. ¿Es posible que Penrose sintiera celos de Hawking, que amplió sus propias ideas y le robó un protagonismo mediático que, quizás, él sentía merecer más? "Esa es otra cuestión sobre la que reflexioné mucho", admite el periodista canadiente. "Creo que se tenían un gran respeto mutuo. No hay duda de que ambos eran físicos increíblemente talentosos. Dicho esto, sé por nuestras conversaciones que a Penrose le preocupaba que el reconocimiento y el crédito se atribuyeran correctamente. El hecho de que Hawking alcanzara un mayor nivel de fama popular es, en mi opinión, irrelevante en lo que respecta al reconocimiento científico. Así que, sí, hay un poco de esa dinámica que describes, pero en general, creo que se trata más de una cuestión de clarificar el crédito que de celos reales".

El reconocimiento oficial, en forma de Premio Nobel, llegó para Penrose en 2020, canonizando un teorema de 1965. Un vacío de 55 años. Y, sin embargo, a sus 89 años, Penrose le dijo a Barss que lo había recibido "demasiado pronto". ¿Cómo se explica esa paradoja? "Siempre sintió que su trabajo más importante estaba todavía por llegar", explica el biógrafo. "Y eso es porque todavía quedan grandes preguntas sin respuesta en la física, y él sentía que muchos de sus colegas iban por el camino equivocado. Me refiero a la propia historia del universo, de dónde viene y hacia dónde va, y a cómo reconciliar la física cuántica con la relatividad. En esos frentes, Penrose tiene ideas que le llevan a creer que aún puede contribuir. Por eso, cuando hablaba de haberlo ganado demasiado pronto, es porque nunca ha dejado de sentir que tiene más por hacer, más por lograr y más que aportar".

fe, fantasía y legado de un visionario.

Las grandes ideas heterodoxas de Penrose a menudo parecen beber más de la filosofía, la poesía o incluso la religión que de la ciencia convencional. La matemática como realidad última es una idea pitagórica; su cosmología cíclica resuena con mitos antiguos; su teoría de la conciencia parece una búsqueda del alma.

"No hay duda de que sus teorías están firmemente arraigadas en la física, no en la espiritualidad", aclara Barss. "Pero para gente como yo, esas teorías son tan bellas y poderosas que satisfacen la misma necesidad que la religión o el arte pueden colmar. Yo también soy ateo, pero como a tantos cosmólogos el mundo me llena de asombro. Plantear esas preguntas de la forma en que lo hace Penrose ayuda a colmar ese mismo anhelo de admiración".

Esta postura lo ha dejado a menudo "aislado" del gremio científico. Le preguntamos a Barss cómo cree que la historia recordará a Roger Penrose: ¿como un visionario adelantado a su tiempo o como un genio que en sus últimos años se aferró a "fantasías", usando su propia terminología?


"Imagino que será un retrato complejo", concluye. "Una de las mejores cosas que puedo decir al respecto viene del filósofo Daniel Dennett, a quien entrevisté poco antes de que muriera. Lo que dijo sobre Penrose fue: 'Incluso cuando se equivoca, se equivoca de una manera interesante'. Creo que, aunque su cosmología cíclica no resulte ser la teoría correcta, está impulsada por preguntas que los cosmólogos necesitan responder. El relato que tenemos del universo está incompleto. Penrose está planteando un valioso desafío al consenso. Y si sus teorías simplemente resultan ser erróneas, eso no resta valor a sus muchísimas otras contribuciones. Será un retrato complejo, como debe ser".

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'El rugido de nuestro tiempo': batallas, trifulcas y delirios de la cultura (actual)

Ágil, contundente y culto, el nuevo ensayo de Carlos Granés puede ser leído como una muestra de las principales discrepancias recientes del liberalismo latinoamericano tanto con el progresismo como con el conservadurismo

Nayib Bukele, Dina Boluarte, Javier Milei, Gabriel Boric, Lula da Silva y Gustavo Petro.
Nayib Bukele, Dina Boluarte, Javier Milei, Gabriel Boric, Lula da Silva y Gustavo Petro.
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En 2022, el antropólogo y ensayista Carlos Granés (Bogotá, 1975) analizó la relación histórica entre política y cultura en América Latina en un libro excepcional, Delirio americano. Algunas de las perspectivas de ese trabajo, y también de los anteriores del autor, se proyectan ahora sobre el presente en El rugido de nuestro tiempo. Granés aborda aquí algunos de los fenómenos políticos, culturales e intelectuales de las dos últimas décadas, con un énfasis especial en el mundo hispanohablante.

Señalemos de inicio que, más allá del interés de sus argumentos, El rugido de nuestro tiempo tiene la virtud de exponernos nuevamente al excelente ensayista que es Granés. Un autor que siempre plantea tesis sugerentes y cuya mirada abarca una cantidad aparentemente inagotable de países y de fenómenos culturales. Consigue ser ágil sin caer en la ligereza, contundente sin caer en la arbitrariedad y culto sin caer en la pedantería. Uno no tiene que estar de acuerdo con todos sus argumentos para admirar su capacidad de síntesis y su amplísima cultura; pero es que, encima, tiene una notable habilidad para convencer al lector de que lleva la razón.

El rugido de nuestro tiempo

Taurus. 208 páginas. 19,90 ¤ Ebook: 8,99

El rugido de nuestro tiempo se divide en tres capítulos que actúan como ensayos breves. El primero aborda una de las grandes paradojas que Granés detecta en nuestra época. Si hubo un tiempo en el que la política era el ámbito de la responsabilidad y la grisura, y el arte era el ámbito de la experimentación y el atrevimiento, en las últimas décadas las tornas habrían cambiado. Ahora es el arte el que ha asumido una función seria y moralizante, mientras que la política se ha vuelto cada vez más iconoclasta y provocadora. Una inversión que, para Granés, resulta empobrecedora y corrosiva: "no puede haber una peor combinación que la incorrección en la política y la corrección en la cultura, y eso es lo que está marcando nuestro tiempo".

El segundo capítulo hace un repaso de "la última camada de redentores latinoamericanos". Granés argumenta que existe una fuerte tradición en América Latina que considera que cada país -o incluso el continente entero- está mal hecho, o incluso sin hacer, y que debe ser creado nuevamente desde la política. Así, encuentra un hilo conductor entre líderes recientes tan dispares como Bukele, Boric, López Obrador, Milei o Petro. Granés los critica a todos, aunque las páginas más mordaces y divertidas -también las más deprimentes- son las que dedica al colombiano.

El ensayista Carlos Granés en su casa de Madrid.
El ensayista Carlos Granés en su casa de Madrid.Ángel Navarrete

El tercer capítulo aborda algunas ideas recientes acerca del lugar de América Latina en el mundo. Destaca tres grandes tendencias: la decolonial, la panhispanista y la hispano-trumpista. Las tres son criticadas tanto por sus propios planteamientos como por lo que, según Granés, las une: un rechazo a la tradición ilustrada y a la idea de Occidente que se deriva de ella. Resultan especialmente interesantes tanto los reproches al decolonialismo latinoamericano -que, según el autor, ha reforzado las fantasías europeas sobre América Latina en lugar de cuestionarlas- como el señalamiento de las contradicciones en que incurren los admiradores hispanohablantes de Trump -incluyendo a Vox-.

Granés reivindica a lo largo de todo el libro la necesidad de preservar los valores del liberalismo político -en su versión post1945- y los criterios del racionalismo occidental -en su versión más higiénica y defendible-. En realidad, El rugido de nuestro tiempo puede ser leído como una muestra de las principales discrepancias recientes del liberalismo tanto con el progresismo como con el conservadurismo, al menos por lo que se refiere a sus respectivas concepciones de la cultura, la política y la historia. Los rugidos se escuchan con claridad; queda por ver quién terminará devorado.

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