Superar el medio siglo de edad es una barrera más psicológica que física en muchos casos. El modo en que cada persona cuida su salud, desde la nutrición al ejercicio o el descanso, es muy diferente, tanto como la propia constitución individual. Por otro lado, es un hecho que a los 50 años la juventud propiamente dicha ha quedado atrás, y es necesario estar más atento a los posibles problemas físicos, prevenir lo que se pueda prevenir y llevar una vida lo más ordenada posible, para que el reloj biológico y el estado del organismo puedan llevar ritmos diferentes.
El estado de los huesos es clave; cuando se envejece se va perdiendo masa ósea y la persona es más susceptible de tener fracturas, especialmente en las zonas más expuestas del cuerpo. No se recupera igual, además; por ello es fundamental que el calcio esté presente en la dieta, además de adaptar el ejercicio físico a la condición personal.
Vitamina D
Para prevenir estos problemas, la presencia de determinadas vitaminas en el organismo deben estar monitorizadas con chequeos médicos regulares. De manera preventiva, eso sí, hay que estar atentos a la vitamina D, porque regula la absorción intestinal del calcio, y fortalece los huesos desde su matriz, retrasando la aparición de casos severos de osteoporosis. Se puede encontrar en ciertos pescados, especialmente sardina y salmón, así como la yema de huevo. El sol también la proporciona.
Vitamina K
Por otro lado está la vitamina K, que tiene una doble función: fortalece la estructura del hueso y batalla contra los osteoclastos, unas células que degradan el hueso. Con un buen nivel de vitamina K disminuyen las temidas fracturas de cadera en edades más avanzadas: se halla en espinacas, brócoli y aceite de soja, entre otros productos.
Vitamina C
En cuanto a la vitamina C, asociada siempre a la naranja y que está presente en numerosos productos cítricos, es fundamental en la hidroxilación de prolina y lisina, aminoácidos necesarios para formar colágeno tipo I; la relación con este problema es que el colágeno I es el componente orgánico clave de la matriz ósea. También ataca los radicales libres, que causan la degeneración celular. El pimiento rojo o la fresa son fuentes de vitamina C.
Un estudio coordinado en la American Universuty de Beirut por las endocrinólogas y diabetólogas Hala Ahmadieh y Asma Arabi aclara que más allá de la importancia de la vitamina D y el calcio para prevenir la osteoporosis, hay que vigilar los niveles de retinol (un derivado de la vitamina A) por el riesgo potencial que tiene su exceso o carencia para los huesos. También advierten de la relevancia de unos buenos niveles de vitaminas C y E en la protección de los huesos.
Referencias bibliográficas
Ahmadieh, H., & Arabi, A. (2011). Vitamins and bone health: beyond calcium and vitamin D. Nutrition reviews, 69(10), 584-598.
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