Entrevista | Javier M. Valle Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en Política Educativa de la UE, participó en el Forum Europeo de la Educación en Asturias
"Hace falta una revolución en el modelo de acceso a la Universidad"
"Necesitamos un debate social para tener un modelo educativo compartido por todos", afirma el experto, que añade: "Ya está bien de que los políticos metan tanta mano en la educación"
Javier M. Valle / Fernando Rodríguez
Javier M. Valle, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, es especialista en política educativa de la Unión Europea. Autor junto con Elena Piñana y Jesús Manso del libro "Aprendizaje competencial", que ofrece claves para aplicar este modelo en los centros, participó en Oviedo en una mesa redonda organizada por el Forum Europeo de la Educación en Asturias.
-¿Qué balance hace de la LOMLOE, la ley de educación aprobada en 2020?
-La LOMLOE sigue la tendencia supranacional europea de incluir el aprendizaje competencial en los procesos de enseñanza, que no es nueva. No es una cuestión ideológica ni es solo española. Data de los años 70, de la Unesco y la siguen todos los países occidentales, de una manera u otra. Algunos con unos gobiernos de un color y otros de otro. La prueba de que no es un capricho ideológico es que ya la LOE contemplaba las competencias, pero también la LOMCE y es una ley de otro partido. El aprendizaje competencial ha venido para quedarse. Otra cosa es que la LOMLOE haya querido implantar las competencias de una manera relativamente precipitada y, sobre todo, sin un plan de formación nacional que hubiera sido imprescindible.
-¿Qué ha cambiado esta ley?
-Supone no quedarse solo en los contenidos y avanzar hacia una aplicación de estos para que podamos seguir aprendiendo continuamente, que es lo que se conoce por aprendizaje permanente. Permite crecer de los contenidos hacia una aplicación que nos permita resolver problemas de la vida real, que no son los que había que abordar antes. Los conocimientos avanzan a una enorme velocidad, viajan en formatos que ya no son los tradicionales del papel y el lápiz y hay que adaptarse continuamente a esos nuevos contenidos.
-Se defiende un aprendizaje del alumno más activo.
-La neurociencia y todas las investigaciones pedagógicas dicen que me quedo mejor con aquello que he aprendido si al mismo tiempo yo estoy siendo de una manera activa protagonista de ese aprendizaje. Si tienes que enseñar algo a alguien es cuando mejor te lo aprendes. El aprendizaje activo del alumno ha demostrado ser infinitamente más eficaz que un modelo pasivo y repetitivo.
-¿Qué se puede mejorar de la LOMLOE?
-Muchísimas cosas. Un acierto grande fue incluir las competencias clave y hacerlo definiendo muy bien lo que significan. También haber articulado el currículo en base a competencias específicas y clave y sobre unos saberes básicos como elementales para construir las competencias. Pero hay cosas que no se han hecho bien.
-¿Cuáles son?
-Se ha querido implementar muy deprisa, porque había un imperativo político, que eran las elecciones de 2023. Además, no se ha formado al profesorado suficientemente. Y no se ha generado un Instituto de Desarrollo Curricular que tenía que haber sido el responsable de desarrollar el currículo de una manera consensuada social y territorialmente en las distintas comunidades autónomas. Como consecuencia de esto, cada comunidad autónoma ha desarrollado el currículo y de forma no siempre acorde al espíritu competencial de la ley. Y, desde luego, faltan recursos para llevarla a cabo. El aprendizaje competencial requiere grupos más pequeños, profesores de apoyo y, sobre todo, espacios de colaboración entre los docentes en el marco del horario escolar. Es imposible un aprendizaje competencial sin el trabajo colegiado de los profesores. Y hoy en día los docentes están tan sobrecargados en su horario que es imposible que trabajen colegiadamente. Todos esos son problemas que se pueden resolver con voluntad política, pero no la hay.
-¿Cómo afrontó el profesorado el cambio?
-En principio con rechazo, y con incertidumbre, porque se quiso implantar de una manera muy rápida y sin formación. Hemos querido implementar un cambio paradigmático que es muy complejo, muy rápido y el profesorado se ve agobiado de burocracia y sin la formación suficiente para llevarlo a cabo. Hay que explicar por qué es necesario el cambio y sensibilizar a los docentes sobre la importancia que tiene. Si el profesorado no entiende por qué hay que cambiar es evidente que se resiste a cambiar.
-¿Existe diferencia entre los resultados que se obtienen al aplicar ese nuevo enfoque en Primaria y en Secundaria?
-Sin ninguna duda. Y eso deviene del modelo de formación de profesorado que hay en España. Hay un modelo, para el maestro de Primaria, que estudia un grado de Magisterio y en él se le enseña las disciplinas y la pedagogía, la psicología, la didáctica, etc… En el otro modelo, el de Secundaria, primero se obtiene un grado que no tiene que ver con educación. Y luego se hace una pequeña formación de carácter pedagógico. Estos docentes primero son, por ejemplo, matemáticos o químicos. Y luego hacen el máster para impartir clases. Pero en realidad no es profesor de matemáticas o química. Es matemático o químico metido a profesor. Y en general, salvo excepciones –porque hay profesores de Secundaria muy vocacionales, muy comprometidos y que se forman pedagógicamente muy bien– el profesor de Secundaria ha acogido mucho peor el modelo competencial que el de Primaria.
-¿En qué niveles se ha recibido mejor?
-Hay dos niveles en los que no ha costado nada porque ya se venían haciendo muchas cosas en este ámbito. Son Educación Infantil y Formación Profesional. En Primaria está empezando a entrar razonablemente bien y Secundaria es verdaderamente el talón de Aquiles del modelo competencial. Sobre todo, el Bachillerato, en el que el modelo es muy complejo porque los profesores sienten una enorme presión con las pruebas de acceso a la Universidad.
-¿Hay alguna forma de resolverlo?
-Primero, haciendo unas pruebas de acceso a la Universidad más competenciales. Ya se está en ello, pero se camina despacio. Para resolver ese dislate de la evaluación y del acceso a la Universidad habría que empezar por ir cambiando las pruebas y dándonos cuenta de que un modelo de enseñanza competencial también tiene éxito a la hora de enfrentar evaluaciones tradicionales pero un modelo tradicional no resulta eficiente ante pruebas competenciales. Y el modelo de acceso a la Universidad tampoco ha cambiado en exceso en España desde los años 70. Y esto deberíamos enfrentarlo.
-¿Qué modificaciones necesita?
-Hace falta una revolución clara en el modelo de acceso a la Universidad. Hemos cambiado las pruebas, el sistema un poco, la duración y las asignaturas, pero el modelo hay que revisarlo claramente. Hay países que tienen pruebas orales, en los que cuenta también lo que has hecho dos años antes y no solo el último antes de las pruebas. Creo que hay fórmulas más sensatas que la que tenemos.
-¿Por qué no se adoptan?
-Falta valentía política y conversación social para llegar a un modelo compartido. La desgracia que tenemos en este país es que el partido que llega a gobernar quiere imponer su modelo al otro y no hay debate social sobre lo que se quiere. Necesitamos un debate social para tener un modelo educativo compartido por todos. Y ya está bien de que los partidos metan tanta mano en la educación y en cambio la sociedad, las familias y el profesorado tengan tan poca participación en el diseño del sistema educativo.
-¿Cómo sale la educación española en el espejo del informe Pisa?
-El último informe PISA en todo el mundo ha marcado una bajada en los niveles de rendimiento de los estudiantes. Principalmente se ha debido al efecto de la covid. España no es ajena a este bajón, pero es verdad que en relación a los países de su entorno no tiene unas diferencias exageradas como otros. España está en torno a la media de los países de la OCDE y yo creo que tenemos unos resultados razonables aunque debemos aspirar a más.
-¿Cómo interpreta lo que se refleja en Pisa de Asturias?
-Es de las comunidades autónomas que están mejor. En Pisa influye mucho la heterogeneidad de la región. Y, en ese sentido, Asturias no tiene una excesiva heterogeneidad en su nivel socioeconómico y cultural. En estos momentos, es una de las comunidades que mejor ha salido en el último informe de Pisa, junto con Castilla y León, con puntuaciones, por ejemplo, en Ciencias, que son de las más elevadas. Y en matemáticas y lectura, también está entre las mejores.
-¿Cómo es la evolución en Asturias en los últimos años?
-Mientras que España, toda la OCDE y la mayoría de las comunidades autónomas han descendido de 2015 a 2022 muy significativamente, Asturias incluso ha subido sensiblemente. Eso nos hace decir que se está trabajando razonablemente bien. El sistema educativo asturiano puede estar satisfecho del trabajo que está haciendo.
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