Primero fueron a por los inmigrantes (de Hitler a Trump)
Escribe el corresponsal italiano Siegmund Ginzberg en Síndrome 1933 (Gatopardo) que las crisis siempre se producen a cámara lenta mientras que las catástrofes llegan de golpe sin avisos previos. El año en que Hitler llegó al poder, recuerda en un ensayo de obligada lectura para estos tiempos de banalización colectiva, todo sucedió deprisa, a un ritmo vertiginoso, casi abrupto.
“¿Y si, de repente, una pesadilla de la que habíamos despertado hace tiempo, que apenas recordábamos, arremetiera mortalmente contra nosotros?”, se pregunta este periodista nacido en Estambul en 1948 en el seno de una familia judía que se trasladó a Milán en los años cincuenta. La historia, en efecto, nunca se repite, pero con una mirada en 1933 y otra en el siglo XXI, Ginzberg alerta de los riesgos que hoy anidan en las democracias liberales. Toda una lección de historia que comienza en los meses previos a la caída de la República de Weimar y que ofrece detalles muy precisos sobre cómo los nazis pudieron conquistar el poder gracias a la colaboración –o inacción– de los supuestos garantes de la democracia.
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