Jubilarse ya no es sinónimo estricto de dejar de trabajar. De hecho, la estrategia de los poderes públicos es que sea una realidad cada vez más habitual. Un 4,9% de los españoles sigue trabajando inmediatamente después de retirarse, según Eurostat. Es una cifra que está lejos de la media europea (13%), pero que señala una tendencia que tratan de impulsar las políticas públicas: estirar los años de actividad de la población para intentar aliviar el estrés que sufre un sistema de pensiones tensionado por el envejecimiento y la baja natalidad.