Los Escorpiones - Sara Barquinero

Download as pdf or txt
Download as pdf or txt
You are on page 970of 972

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

5
 
 
  Para Jorge, el cuerpo

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

5
 
 
   Here’s something else that’s weird buttrue: in the day-to daytrenches of adultlife, there is actually no such thing asatheism. There is no such thing as notworshipping. Everybodyworships. The only choice we getis whatto worship.
D
AVID
 F
OSTER 
 W
ALLACE

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
Prólogo
 Los budistas tenían razón: uno nunca quiere morirse, sino matar algo quehabita dentro de sí, aunque a veces eso implique acabar con la propia vida.O eso dicen los hechos porque, ahora que el peligro acecha, Thomas no tieneninguna gana de desaparecer. ¿Dónde quedó su cinismo desapegado, eseencogimiento de hombros hacia la propia existencia que le debería permitir mantener la dignidad en una situación así? No se sabe.Sara, a su lado, tampoco tiene ganas de que llegue el fin, por mucho quediga su historial: se ve en la manera en la que le tiembla el labio, en cómo seabraza a sí misma, compacta, la mínima expresión de la materia en unaesquina del zulo. Michaela D’Alessandro suspira con hartazgo y se pone encuclillas frente a ella, pero eso solo hace que se encoja todavía más. Thomasimagina un budilla dorado y flotante muerto de risa, justo sobre su moño. ¿Yahora qué?, dice la figurilla. Ahora nada. Ahora. La. Nada. Eso te gusta,¿verdad, cabrón? Michaela se levanta. Ya no va vestida como en la fiesta;lleva un chándal claro y unas New Balance tan limpias que parecen reciénestrenadas. Los observa de hito en hito. Al menos dicho cinismo deberíaservirles para afrontar la situación con cierta dignidad: ea, uno se mueresiempre, me tocó ahora, ¿y qué? De Sócrates a nosotros tres mil años, elmismo ethos. Pero no es así: Sara ni lo mira, todo su organismo estádedicado al Terror. Ni siquiera intenta luchar contra la atadura de susmuñecas. Thomas observa a su alrededor: hace apenas unos instantes pensaba que quería suicidarse, pero ahora solo quiere escapar. El zulo no

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
está vacío, pero no ofrece ninguna posibilidad de huida. A la derecha hayuna mesa con un ordenador, repleta de plantas artificiales y figuritas deacción, una placa en la que pone D’Alessandro. Cierra los ojos. Estácansado. En la otra esquina, una máquina de arcade viejísima, un póster malcolgado de
Super Mario 64
 y, en la puerta, el camarero demoniaco que losencerró ahí. Por lo demás, todo es gris, húmedo y poco interesante, yThomas supone que la espera sería igual de poco interesante de no temer por su pellejo. Si tuviera manos, inspiraría por la derecha y luego expulsaría elaire por el agujero izquierdo, para luego invertir el proceso. Desventajas poco obvias de estar esposado: imposible meditar. —No le hagas daño a ella —le dice a Michaela, intentando resultar amenazador—. Ya has hecho suficiente.Ella lo contempla con aburrimiento y Sara gime, el primer sonido queemite desde hace un rato. Thomas querría ser valiente, inspirarse enSócrates, en Áyax, o al menos en el Capitán América cuando lo tiroteaSharon Carter. Pero no es capaz de moverse. Michaela se sienta sobre lamesa y saca uno de los cigarrillos del bolso de Sara. —¿Y qué se supone que tengo que hacer con vosotros? —pregunta,después de darle la primera calada y tirar la ceniza al suelo.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 Cambiatuvida.exe

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 
El opio y Hitler le enseñaron que el mundo era de cristal.L
EONARD
 C
OHEN

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
I
 
Sara, Madrid, 2017  
 Javier sigue sin dar señales de vida. Ya han pasado dos días desde que no se presentó a la cita, y cada minuto es una tortura que me recuerda que tal vezno merezca la pena seguir esperando. Última conexión: las 10.29 delmiércoles, y ya es viernes. ¿Le habrá sucedido algo? Es raro desaparecer deinternet durante más de dos días. ¿Está evitándome? ¿Me intuye, ansiosa yloca, revisando su perfil una y otra vez?Mi mente oscila entre ambas ideas varias veces por minuto: me detesta,decidió no quedar conmigo porque nunca le gusté demasiado, quizá ahoramismo está tan ocupado con otra cita que ni tiene tiempo para mirar suteléfono. O todo lo contrario: ha debido de sucederle algo, y grave. Tantashoras gastadas los últimos meses, tantos secretos, la costumbre ya instauradade llamarnos cada madrugada. Y era él quien lo hacía, casi todas las noches,o daba una buena excusa. No puede ser en vano. No puede desaparecer.Reviso por aburrimiento las capturas de su cuenta de la app de citas, lafrase de Leonard Cohen como descripción del perfil y esa foto en la que saletan guapo, fumando en un paisaje de niebla. Su última imagen era unfotograma de
   Lo que queda de Edith Finch
, uno de mis videojuegosfavoritos. Por eso le abrí conversación. Soy tonta, ¿por qué no le escribímientras estaba en el café, por qué esperé ahí dos horas sin decir palabra?Habría sido más natural. Quizá se olvidó y piensa que yo también lo hice y

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
tampoco me presenté. ¿Y si está enfadado? ¿Qué podría decir ahora? Jajaja,a mí también se me olvidó la cita, ¿cómo estás? O: estuve esperándotedurante horas, y ahora llevo dos días esperando una explicación, ¿piensasdármela? No quiero sonar resentida: ya estoy harta del papel de mujer despechada, pero también del de estúpida, la que pregunta inocentemente siestá bien a un hombre que ni se plantea hablar contigo. Su foto de perfil deWhatsApp: él sentado en una playa a contraluz, media sonrisa y una mano enel bolsillo. ¿Cuántas madrugadas me habré dormido mirando esa foto,imaginando cómo sería su cuerpo en movimiento, sus manías y muecas, suolor? ¿Va a terminar así? Por Dios, ni siquiera quería que pasase algo entrenosotros. Solo aspiraba a crear un lugar en el que quisiera quedarse.Releo nuestra conversación como una voyeur: hace una semana me dijoque había encontrado una «cosa flipante» y yo quise saber qué era. A lomejor se trata de eso, es una persona obsesiva, necesita sus tiempos. No mecontestó. Insistí el lunes, tras quince minutos observando una pantalla sinnovedades: «Entonces, ¿nos vemos el miércoles?». Un mensaje de él,lacónico, cinco horas más tarde: «Sí, sí». No me atreví a preguntar más. Enmi cabeza desfilaban todos los mitos literarios y televisivos de mujeres pertinaces y demasiado deseosas de afecto. Además, por fin me había propuesto quedar. Nunca había tardado tanto con alguien de Tinder. Eso memantuvo más o menos calmada: quizá no me escribía tanto porque íbamos avernos. Solo me planté el miércoles a las seis y media en el café que habíaelegido. Dos horas bebiendo a solas, sin esperanza a partir de las siete. Novino. Y desde entonces hasta hoy.Son las 10.29. Último mensaje leído el lunes a las 16.40. Cinco minutosmirando esos números. Cinco minutos y, de repente, «En línea». Contengo larespiración, uno, dos, tres. Sigue ahí. Lo imagino revisando su teléfono enesa playa a contraluz. No dice nada. ¿Le da vergüenza lo que me ha hecho?

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
 No escribe. Empiezo a hacerlo yo. Borro. ¿Habrá visto que le estabaescribiendo o tendrá demasiados chats por encima del mío?Salgo de la aplicación. Pulso el botón de llamada. Un tono, dos, tres,cuatro. ¿Por qué no descuelga si está en línea? Tiene que estar viéndolo.Por fin lo coge. Al principio no dice nada. A mí no me sale la voz. Heolvidado momentáneamente cómo suena la suya. —Hola —digo. —¿Quién es? —contesta una voz femenina—. ¿Hola? —insiste, con untoque de angustia.Espero en silencio. La mujer pregunta de nuevo si hay alguien ahí. —Soy una... amiga de Javier —murmuro—. Habíamos quedado y no vino.Me preguntaba si estaría bien y...La voz dice algo al otro lado de la línea. Tartamudea, ¿está llorando? Enun solo segundo, la veo: la esposa ultrajada, una esposa secreta para mí queha cogido el teléfono de su novio y leído nuestros mensajes de amor noexplícito. Dos días de una disputa ininterrumpida tratando de salvar surelación... hasta que, tonta de mí, decidí llamar. La imagino delgadísima, conmechas californianas y uñas de color rosa neón. No la escucho cuando habla.Tampoco soy capaz de decir nada, ni de preguntar, ni de justificarme: quédiría si pudiera. Entonces carraspea, ¿eso es que me toca contestar? Al otrolado, ella respira hondo y se serena, como si hubiese llegado a alguna clasede conclusión. —El entierro es mañana —dice. —¿Cómo? —Sí. El entierro de Javier. Es mañana a las cinco. ¿Cómo has dicho quete llamas? —Sara. Me llamo Sara.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
Dice que no le sueno. Añade una serie de datos que no consigo registrar.Vale, intervengo cuando el silencio sostenido me obliga. Lo siento mucho,digo, e incluso a mí me suena falso mi pésame. La voz me pregunta si iré.Contesto que sí. Ni siquiera sé de qué ha muerto.  —¿Vas a cenar? —pregunta Alba cuando salgo del cuarto, aposentada enel sofá del salón con un reality show de fondo y la cabeza hundida en suteléfono. Ojalá tuviera el dinero suficiente para vivir en un piso sincompañeros. O al menos tener una diferente—. Pensaba pedir pizza, no sé site apetece. —Tranquila, no me apetece.Enciendo un cigarro pese a que tengo el estómago revuelto. El gato selevanta para saludarme, golpea la cabezota contra mi pierna, lo ignoro. Albafrunce la nariz y dice que estoy fumando mucho. Al menos podría abrir laventana, ¿no? Joder, pues claro que podría, pero hace frío y no quiero perder la poca temperatura que hemos alcanzado en casa. No digo nada sobreJavier. Nunca ha apoyado demasiado mi aventura amorosa cibernética, le parece poco real. ¿Por qué no quedábamos si hablábamos a diario yvivíamos en la misma ciudad? Yo también me lo había preguntado, pero eracómodo. El chat era sencillo y no me sentía preparada para conocer aalguien tan rápido. El miércoles no me atreví a contarle que nuestra citahabía fracasado para no escuchar su juicio condenatorio. ¿Qué sabrá ella? Simi vida social ya es delgada, la suya es inexistente.Debe de intuir que tiene que ver con él, porque suspira y pone su cara deconsejo sensato. —He pedido una familiar, por si cambias de idea. Créeme, seguro que nomerecía la pena. Nadie es tan importante como para matarse de hambre.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
Se me escapa una carcajada nerviosa y enciendo otro cigarro. ¿Por quéhabrá muerto Javier? Seguro que no de hambre. Alba resopla, dice que nohay quien me aguante y nos expulsa del salón a mí y al cenicero. ¿Tienerazón? Inaguantable. Insoportable. Justicia divina: el cielo prefiere que untío muera a que tenga que pasar dos horas conmigo. —No pienses en eso —le digo a la ventana de enfrente. Fachada moradamugrienta, la misma mierda de sábanas tendidas desde hace días. Abro laventana para fumar—. No pienses así. Solo una narcisista puede convertir una desgracia en una venganza personal de los dioses. Eres idiota.Me trago un orfidal. Últimamente necesito uno para dormir, en ocasionesdos; hoy no habrá cantidad suficiente de orfidal que me permita hacerlo. Metumbo en la cama, aún con la ventana abierta y la vista posada en las sábanasque se agitan por las corrientes del aire. Esta es la señal, Sara: ya vale deencerrarse, de huir, de hablar con desconocidos por internet sin atreverte aquedar con ellos. Si querías un signo, aquí lo tienes. Igualito al poema ese deRilke: mañana todo cambiará, debe hacerlo, debes cambiar tu vida. Pero amí no me lo dice un torso griego, sino una sábana sucia en una fachada aún peor. Me cuesta salir de la capilla. En cuanto el cura da la comunión, todos parecen querer correr en direcciones contrarias, todos, los ciento setenta ycuatro. Algunos avanzan hacia la ¿viuda?, ¿novia?, otros hacia la puerta. Mesiento torpe. Me mareo, me hago a un lado y dejo que todos me adelanten.Trato de liarme un cigarro, me tiemblan las manos, se me han taponado losoídos. No alcanzo a entender las conversaciones de la gente que sale, peroveo que una madre le da un zumo a una niña de unos cinco años y ella losorbe con estruendo. ¿Qué demonios hago aquí?

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
Lío un cigarrillo lánguido y feo, casi imposible de fumar, pero quierohacerlo, necesito hacerlo, ojalá hacerlo, aunque la hazaña de separarme dela pared parezca irrealizable. No con tantas personas dando tumbos, no coneste frío y esta total falta de equilibrio. Respira.Respira hondo.Sal de aquí.Entonces me adelanta la mujer, rodeada de un séquito de lamentos. Ellamisma ya no llora, se empleó a fondo al lado derecho del cura. No tienemechas californianas ni uñas de color rosa neón. Todo en ella es plano,anodino, de un marrón insulso. Se me ocurre que, si alguien muere estandocontigo y jurando que te ama, es tuyo para siempre, por mucho que fueranmal las cosas o que se tratase de una tontería semiadolescente que acabarade empezar. No creo que sea el caso. Algo en cómo la trata la familia hace pensar en la comodidad de conocerse desde hace mucho tiempo.Ella para frente a mí con su comparsa, arrinconándome contra unaesquina: tienes que salir de aquí, de verdad, Sara, ni puedes ni quieresescucharlos. Me separo de la pared a tientas, probando mis piernas para ver si me sostienen. Sí, lo hacen. Más o menos. Tienes que dar un paso, dos, tres,agarrar la manilla de la puerta... Y por fin salgo, casi corriendo, con unaenergía inesperada. Me siento en uno de los bancos laterales, lejos delmurmullo. Lucho por encender el cigarrillo, pero el mechero no termina de prender.Un hombre se acerca a mí, me ofrece el suyo, me ayuda a que lo encienda.¿Por qué no puedo parar de temblar? ¿Es solo el frío? —¿Lo conocías mucho? —pregunta. Unos cuarenta y cinco años, ¿tal vezun compañero de trabajo, uno del banco? Javier tenía veintinueve, pero erael más joven del equipo, me lo dijo varias veces. No sé qué contestarle, élno parece esperar respuesta. También fuma—. Yo no. Vine por Chelo.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
Deduzco que Chelo es esa mujer. —¿Sois amigos? —Compañeros de trabajo de Chelo. Esto es una mierda. —Ya. —Sobre todo en estas fechas. Casi Navidad, todo lleno de familiascomprando... Bueno, ya sabes. Va a ser muy duro. —Claro.Calla. Tira la ceniza al suelo, saca un paquete de Fortuna. Su cara tieneuna irregularidad minúscula, el ojo derecho algo más abierto que elizquierdo, minúscula pero insoportable. Acepto otro cigarro. —¿Dónde... dónde trabajáis? —digo, para romper el silencio—. Hacíamucho que no veía a Javier.Se me destaponan los oídos y empiezo a escuchar las voces de los queesperan arremolinados en torno a la capilla. —En El Corte Inglés. En Nuevos Ministerios, además. Ya sabes cómo se pone para el puente de diciembre. Hoy va a ser un infierno —reitera. Da laimpresión de que la fecha escogida es peor que la muerte misma. Recuerdoentonces la corona de flores con una etiqueta gigantesca de El Corte Inglésen el velatorio, lo ridícula que me pareció—. Creo que tenemos quemovernos ya. —Tira el cigarrillo al suelo, mientras alza la cabeza por encima de la mía. No quiero moverme, me aferro al mío aunque está casi consumido por completo. Por primera vez, siento las lágrimas acudiendo a mis párpados, unnudo en la garganta. Él se da cuenta y me aprieta el hombro, aunque ojalá nolo hiciese, ojalá no, porque el calor de su mano aún me da más ganas dellorar; de gritar «qué estoy haciendo», confesar que jamás he ido a unentierro, que no conozco a nadie, que no puedo respirar bien y que siento quevoy a atragantarme con mi propia saliva acumulándose bajo la lengua.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 —¿Cómo has venido? —pregunta, ya de pie. —En Cabify. —Cabes en nuestro coche —ofrece, ayudándome a levantarme del banco.Estamos muy cerca.Ponerse en pie y, de repente, recordar el peso del propio cuerpo, sentir aún más el frío. Y ya dentro de un coche, un Nissan color perla, un cochecaliente y con olor a plástico y a gasolinera. A Javier le gustaban los coches.Siempre se fijaba en los modelos que salían en el
GTA
 y demás, a mí nuncame han interesado. Me apretujo entre dos cuerpos de hombre muy parecidosal del banco, ambos con traje, todos cortados por el mismo patrón detrabajadores de El Corte Inglés. —Era muy buena persona —dice uno, todos están de acuerdo—. ¿De quélo conocías tú? Noto que el rubor me sube a las mejillas, dándome aún más calor. De unaconvención de videojuegos, miento; parece una mentira convincente. Otrodice que no sabía que a Javier le gustaran esas cosas y todo se vuelve aúnmás incomprensible: ¿estamos hablando de la misma persona? ¿Me heequivocado de ceremonia? Musito que fue hace años, pero creo que ya nadieme escucha. Todos hablan de Chelo, cómo no. Alguien dice que estaban pasando una época muy mala y encuentro cierta satisfacción en ello. Quéidiota eres, Sara, qué ruin. Arrancan. Los coches circulan en procesión por una carretera secundaria y me meto un orfidal con disimulo debajo de lalengua. El color deja de ser color para ser luz, las farolas se desdibujan,cierro los ojos. Acuden a mi mente imágenes del funeral, sus padresllorando, Chelo moviendo la boca en un discurso apenas audible desde elfinal de la sala, las ciento setenta y cuatro cabezas, cuántas, tantísimas,ciento setenta y cuatro, moviéndose de un lado a otro para manifestar suaflicción. Y una imagen de él, de Javier, una selfie de cuando se afeitó la

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 barba hace dos semanas. Incluso los mensajes de abajo. Yo: qué hombre másserio. Y él: es que soy un tipo serio, tontita. A ver qué te vas a pensar.  Nos apeamos en la puerta del cementerio. He recobrado cierto control sobremi cuerpo tras la pastilla. Responde más o menos a lo que le pido que haga,ya no tiemblo. El cortejo fúnebre pasa por nuestro lado. El ataúd. Es la primera vez que veo a Javier en persona y es así: inmóvil, atrapado enmadera de roble, aupado por manos que lo alzan al cielo. Todo el mundovuelve a llorar. Todos a la vez y con gran estrépito, como si fueran personajes del cuento de los velorios de Cortázar.Me separo de los empleados de El Corte Inglés mientras camino hacia elnicho, no quiero seguir conversando, y menos con ese hombre asimétrico ytan dispuesto a hablar de Chelo. A mi alrededor, un grupo de treintañerossolemnes, tal vez sus amigos; adultos más o menos serenos, ¿la familia deella?; otro de distintas edades que avanzan juntos, ¿sus compañeros del banco?; personajes desubicados, quizá compañeros de colegio, instituto,universidad. Delante, sus padres, agarrados el uno al otro, gimiendo cualanimales heridos. Creo que ahora se han invertido las tornas y todo el mundotiembla menos yo. Las coronas de flores rompen el tono solemne de la piedra y nuestras ropas oscuras. Debería haber una etiqueta fúnebre. Meofenden el rojo, el rosa, el amarillo. Chelo va al final de la comitiva, unosmetros por detrás, pero la escucho: tiene una voz aguda, estridente, lo máslejano que se me ocurre al amor. No sé calcular su edad, pero diría que hacruzado la barrera en la que la vida se convierte en un asunto serio. Luegonos adelanta y se pone junto al nicho, se aferra a la manga del cura. ¿Javier era religioso? No lo creo. Una cosa más que nunca podré preguntarle, y esa pregunta no formulada me pesa como un demonio sentado en el pecho. Me

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
duele. Hasta este mismo instante lo que estaba era enfadada, sí, enfadada, pero ahora me duele. Estaba enfadadísima por todas esas cosas que él no mehabía dicho y que se traducen en personas que tienen más derecho a llorarloque yo. No fue algo tan pequeño: hablábamos a diario desde hacía dosmeses, nos contábamos todo, o eso creía. Estaba segura de que si noquedábamos era porque tenía algo de ansiedad social, como yo. ¿Por qué nome dijo nada de esto, de Chelo? ¿Esa era la auténtica razón por la que noquería verme? Soy tan imbécil que lo habría comprendido, habría seguidohablando con él aunque tuviese novia o una historia complicada detrás. Sí,habría sido comprensiva, o estúpida, según se mire, comprensiva y estúpidacon su situación, fuese la que fuese. Pero ya no hay forma de decir las cosasmás importantes, de decirle no a la muerte. ¿Cómo pude pensar que me habíadado plantón? ¿Cómo pude escuchar a Alba cuando me decía que no merecíala pena, que no me llamaría, que no era normal que un tío no quisiese quedar cuanto antes en persona con una chica con la que chatea a diario? Todoshablan, todos gritan, todos lloran. Aún no sé por qué murió. Ni fui capaz deescuchar las explicaciones telefónicas ni me atreví a preguntar después.La muchedumbre sigue agitándose a mi alrededor, yo estoy muy quieta; lamadre de Javier grita, también Chelo, también un hombre fornido y calvo quetengo justo detrás. Es obsceno. Toda la situación es obscena, la muerte esobscena, un terror totalitario. Consigo un hueco entre las cabezas y miro conatención el féretro que se mueve, las formas suaves en las esquinas, eltrabajo delicado de los carpinteros que barnizaron el marrón cinéreo.Incluso eso es sinónimo de muerte, todo lo es: los gritos, el calor humano, la bendición del cura, los llantos. ¿Un accidente de coche? Sí, pudo ser eso. Yaestá dentro del nicho. ¿Una enfermedad? No creo, aunque tampoco meimaginaba a estas ciento setenta y cuatro personas. Quién sabe si alguna deesas chicas solitarias no está en mi misma situación. Son todas jóvenes y

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 bonitas, más bonitas que yo. La caja ha desaparecido del todo, ya no se puede ver nada. Una vez Javier y yo jugamos al mismo tiempo a unvideojuego sobre la muerte, se llamaba
   Limbo
. El personaje tenía queencontrar a su hermana para poder salir de ahí. Imagino a Javier dandotumbos por ese paisaje negro y tranquilo, pero lleno de condenados, y a mí buscándole.Chelo pronuncia unas palabras. No sé cuáles, aunque sé que son distintasa las anteriores porque ha cambiado el tono a uno más agrio. Y entonces dejaalgo delante del nicho, unas gafas en su estuche. ¿En los entierros se haceesto? No creo que muriera de forma violenta, Javier es muy pacífico. Másgente se acerca. Algunos dejan objetos pequeños, utilitarios, cosas a mediocamino del uso y la papelera. Sus padres incluso depositan una Game BoyAdvanced que debe de llevar quince años sin encenderse. —Te perdonamos —dice Chelo—. Te perdonamos de verdad. Espero... —Se le quiebra la voz, el cura le aprieta el hombro—. Espero que estésmejor donde sea que hayas ido.La ceremonia termina. No sé si aquí se puede fumar, es un espacio abierto.Busco con la mirada a la comitiva de empleados de El Corte Inglés. Elasimétrico está muy detrás, lejos del centro de la ceremonia. —Oye.Él se gira hacia mí cuando llego a su lado. Dice «qué» en un susurro. —No sé... no sé de qué... No sé por qué Javier ha muerto.Él alza las cejas y vuelvo a comprobar que su rostro no es exactamenteregular. —Llevaba mucho sin verlo. —¿De verdad no lo sabes? —Desvía la mirada. Lo he incomodado. —No.Aprieta los labios, todavía sin mirarme.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 —Ya... Lo siento. Lo siento, no sé si... no sé si estabais muy unidos. —¿Qué ha sido? —lo interrumpo con un golpe de ansiedad.Él niega con la cabeza. —Javier se ha suicidado. —El volumen de las voces vuelve a bajar. Nosé si es mi impresión o así ha sucedido—. El miércoles. —¿Cómo? —pregunto, aunque no si quiero saberlo, o si acaso elmétodo importa. —Se tiró por la ventana. Cuando estaba fumando con los compañeros delcurro. —No —digo. Luego insisto—: El miércoles. —Sí. El miércoles. Perdón —añade al ver mi conmoción—. Pensaba quelo sabía todo el mundo. No contesto, sigo atascada en la ventana. —Lo tenía pensado —continúa—, eso nos dijo Chelo. Estuvo raro todo elfin de semana y lo dejó todo atado. —¿A qué te refieres? —digo yo, figurándome una carta de suicidio con eltono con el que me escribía cuando se ponía melancólico. —Pues a que no se dejó nada a medias, no tenía asuntos pendientes en eltrabajo ni citas concertadas. Todo en orden. Y a que parecía muy calmadoestos últimos días. Chelo y él estaban teniendo muchos problemasúltimamente, y justo ella estaba contenta esta semana, decía que lo veíamejor. Ya sabes cómo es Javier —dice, mirándome. —Pero no dejó una carta —me cercioro.La gente empieza a moverse a nuestro alrededor, el entierro ha acabado. —No, no. —Y se tiró por la ventana. —Antes lo estaba contando uno de sus compañeros del banco —explica —. Decía que parecía muy tranquilo ese día, pero de forma antinatural.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
Apenas se movió de la silla y ni siquiera parecía que estuviese trabajando.Luego salieron a tomar el café a la terraza del edificio, él no tocó el suyo.Encendió un cigarro, pero no fumó, solo vio cómo se consumía. Chelo diceque había dejado de fumar esos últimos días, por fin, era una batalla permanente entre ambos. Cuando todos entraron dijo que se quedaba un ratomás, y poco después de que se metieran, se tiró. Lo vio uno de suscompañeros, que se había dejado el móvil en la terraza y volvió pararecuperarlo. —Me señala al hombre calvo y fornido que antes aullaba—. Sequedó muy tocado. Saltó sin nada de prisa, como si fuese lo más normal delmundo hacerlo —añade. Todo el mundo se está marchando. Vuelvo a sentir el frío, el temblor—. Oye, ¿quieres que te bajemos en coche a algún lado?Pretexto que quiero aprovechar para visitar la tumba de mi abuela y él seencoge de hombros. —Chelo... ¿se lo esperaba? —pregunto. —No. Pero han concluido que lo tenía pensado, por sus últimosmovimientos. Al menos desde el fin de semana. —Ya. —Era un tío un poco raro, la verdad. —Sí. —¿Erais muy amigos?Dudo un instante. —Sí —confirmo—. Creo que lo éramos. Pero no nos veíamos demasiado.Cuando todos se marchan, vuelvo al nicho recién cerrado dando un rodeo,como si quisiera despistar a alguien que me siguiese o pretender ante mímisma que he regresado a su tumba por casualidad. ¿Cómo ha sido capaz?Sigo pensando en las palabras del Señor Corte Inglés: lo dejó todo cerrado,estaba planeado. Pero no, sé que no fue así, sé que la semana pasada él había«encontrado una cosa flipante», y que él nunca abandonaría una «cosa

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
flipante», al menos no hasta que la agotase por completo; sé que el miércoleshabía quedado conmigo, ¿por qué fijar una cita a la que no pretendes acudir?Y su familia, su novia, su mujer, ¿no se están preguntando exactamente lomismo? ¿O tienen algún dato que desconozco? Aunque tal vez no saben nadade mí, ni de Tinder, ni de todos los pensamientos que me regalaba.La voz de Alba se cuela en mi cabeza de nuevo: tonta, idiota, ilusa, noeres tan importante. ¿No has visto todo lo que tenía a su alrededor sin que túnotaras nada? Creías que era un solitario, demasiado elitista pararelacionarse con mucha gente, y mira esas ciento setenta y cuatro cabezas.Cállate. Cállate, cállate. ¿Y no lo notabas raro estos días? ¿Cómo pudiste nodarte cuenta? Pues eso es porque sabía que iba a morir. Y no te dijo nada. Nisiquiera tuvo la delicadeza de cancelar la cita, continúa la Alba ficticia.Pero no, no puedo creer eso, no quiero volver a desconfiar. Ya lo hice unavez: he aquí el resultado.De nuevo estoy delante de la tumba. Leo su nombre escrito en el mármol,la fecha de nacimiento y la inscripción «De todos los que te quieren», perome siento excluida de esa colectividad. Miro los afiches que reposan en elsuelo entre dos coronas de flores y unas siemprevivas. Me gustaría coger laGame Boy, ver qué tenía grabado en la memoria el Javier de hace quinceaños. Yo no tengo nada que dejar, no me queda nada de él, nada que pruebeque nuestra relación tenía realidad fáctica. Sus gafas de ver en la funda, en elsuelo; una miniatura de Warhammer sin terminar de pintar, algunasfotografías —él en un barco rodeado de gente, él compartiendo una pizzagigantesca con dos chicas, él en su graduación, él en lo que parece una cenade empresa, sonriendo como él sonríe en muchas de sus fotos, ¿se parecía asu sonrisa real?—; una pulsera de cuerdas, un cuaderno pequeño, unaMoleskine. He visto cómo la depositaban los que consideré sus compañerosde trabajo. Miro alrededor. Nadie. Me agacho y la cojo rápido, aunque me

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
decepciono: pone «agenda». Esperaba un cuaderno lleno de intimidades, pero por qué alguien iba a tener y tirar eso. Paso las páginas lentamente.Parece una agenda de trabajo sin más texto que algunas citas en bolígrafoverde o azul, el sinónimo de la absoluta nada. Avanzo hasta el miércoles 5de diciembre, y ahí está. Mi cita. Sara, 18.30, Café Lolina (Tribunal). No sési la habrán visto. Ninguna cita entre esa y la anterior, el viernes previo, ungarabato confuso y una especie de dibujo, como una letra griega o un tresinvertido.Ya se está haciendo de noche. Me arrebujo en mi trench, demasiado ligera para esta época del año, era el único abrigo negro que tenía. Quierollevarme la agenda. Es menos grave que llevarse la Game Boy, que seguroque le gustaría tener consigo si la conciencia persiste de algún modo.Además, es el único souvenir de la tumba en el que también existo yo. Lometo en el bolsillo, y casi en el mismo instante me vibra la gabardina. EsDiego, otros dos mensajes. Pulso el botón de llamar. —¿Qué haces? No has ido a clase en toda la semana. —Poca cosa. —¿Paso por tu casa y celebramos? —propone. No a qué se refiere.Musito «mmm» y él lo traduce como «sí»—. ¿Te parece si le pillamos algode maría a tu vecino? —Vale —accedo, aunque en realidad quiero decir «no». No, porque estoyconmocionada. No, porque acabo de tomarme un orfidal. No, porque Albava a enfadarse, odia que traiga a gente a casa sin avisar. No, porque Javier ha muerto y lo único que tengo de él es una agenda con citas del banco y minombre escrito una sola vez—. Dame una hora u hora y media —corrijo.Estoy muy lejos de casa—. Tengo que hacer un par de cosas. 

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
Llego poco antes de que lo haga Diego, con el cuaderno quemándome en el bolsillo derecho de la gabardina y las manos escociéndome por el frío. Nosaludo, paso directamente al cuarto, dejo la libreta en la mesilla de nochesobre mis propios libros. Se presenta con una botella de rosado. Estamos desábado, digo. Tía, es que no puedo creerlo, dice, y por un instante pienso queha averiguado de forma misteriosa lo que ha sucedido. Solo hay cincoseleccionados en España, continúa. Ah, el corto, recuerdo. Sonrío como puedo y digo «felicidades» más de una vez.Deja las bolsas en el salón y subimos a ver a Wilson. Lo bueno de vivir enun barrio de mala muerte es que no te tienes que desplazar demasiado paralas cosas sórdidas. Diego está exultante: se ha puesto camisa y unaamericana con coderas, aunque solo vayamos a estar en mi casa.La de Wilson apesta a basura y a porro. Cada vez que subo hareorganizado los muebles y la disposición nunca tiene sentido, puedesencontrarte un sillón frente al váter o una tostadora en el alféizar. Esperosentada en el sofá, colocado de forma poco estratégica entre la pared y unacama llena de ropa. Wilson es muy pesado, siempre que lo visitas tienes quetragarte media hora de conversación deslavazada y discontinua. Es el mejor anuncio antidrogas que podría contratar cualquier ministerio.Dejo que Diego se encargue y me asomo a la ventana. Vive en el cuarto, almenos las vistas son mejores. Pienso en Javier, en cómo hace apenas unasemana habría guardado todos estos momentos como grabados con unacámara de vídeo para contárselos más tarde. Entro en su conversación deWhatsApp. Ya no tiene fotografía. ¿Cuenta borrada? Probablemente. Así queahora es un muñeco blanco, una silueta que apenas destaca sobre un fondogris. Así que esa es otra forma de estar muerto. 

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
Diego da detalles sobre su corto y sobre el equipo de rodaje, habla defiestas y proyecciones futuras, de que el otro día se acostó con un presentador semifamoso de televisión, aunque probablemente el asunto novaya a ninguna parte. No sé si es por el orfidal, pero la hierba me ha pegadomuy fuerte. Me tumbo en el suelo y subo las piernas sobre el sofá. Nosquedamos callados dejando que suene una canción de los SmashingPumpkins. —Oye, ¿y qué tal con el tío ese con el que hablabas? ¿Habéis quedado? —Ha muerto.Qué dramático suena. —¿Qué te ha hecho? ¿No habíais quedado? —No, nada. Me dio plantón. Pero por eso. Porque ha muerto. De verdad.Cómo me pesa la cabeza. —¿Qué? ¿Va en serio? ¿Que se ha muerto?Le doy otro calo más. —Sí.Diego dice «Joder, tía, qué movida» y me encojo de hombros. Me pregunta si estoy bien y digo que no es mi mejor momento. —¿De qué ha muerto? —Se ha suicidado. Justo antes de vernos. Por fin habíamos quedado, elmiércoles, y esa misma mañana se mató.Se me escapa una risilla ridícula y me giro para mirar a Diego. No sabequé cara poner. —Lo siento mucho. —Estas cosas... pasan. —¿Seguro que estás bien? —pregunta, y yo asiento—. Cuéntame.Qué. Lenta. Me va. La cabeza. Pero lo hago, hablo, abro la boca,menciono el entierro, la sorpresa de la novia, los ciento setenta y cuatro

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
asistentes, la corona de flores de El Corte Inglés y sus empleados todosiguales. Diego se ríe mucho con eso, y yo con él, aunque en realidad no mehace tanta gracia. Nada de mi mareo, mi inseguridad, el orfidal; nada delcuaderno robado o la sensación de que el mundo no para de tambalearse.Una descripción del suicidio en términos casi cinematográficos y unaespeculación de por qué lo hizo. —Seguro que no le gustaba su vida —juzga Diego—. No tendría sentidoque hablase así contigo si tenía novia. —Ya. Posiblemente llevaba años arrastrando algo. —Sí. No podía ser feliz con esa tía. No. —Hay una cosa que me hace sentir mal —lo interrumpo. —¿Qué? —Cuando no vino. Pensé que me había dado plantón. Que era una posibilidad, quiero decir. —Me lío. Hago cesuras en las frases—. Inclusolos días de antes, él no me escribía y. Bueno. Creía que era por mí. Estaba preocupada. En el entierro me sentí muy culpable por eso. Pensé que quizá sino hubiese pensado lo peor, no habría pasado lo peor, ¿entiendes? —Sara, eso es una tontería. Es evidente que ese hombre era un rarito. — Javier, se llamaba Javier, y no era «un rarito», era increíble—. Que era él elque no estaba bien. Tú no tienes culpa de nada. No podías hacer nada. Nisiquiera lo conocías en persona. —A lo mejor sí. Hablábamos... —Ya lo que vas a decir y no tienes razón. Los problemas de Javier — esta vez marca el nombre— iban mucho más allá de ti. Tenía novia, amigos,gente que se preocupaba por él. Para bien o para mal, no tienesresponsabilidad. No eras tan importante. —Ya.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
Le hablo de los objetos en el suelo ante el nicho y él me explica que quizálo hicieron justamente porque se trataba de un suicidio. Testimonios de todolo que dejó a medias, gafas abandonadas, bolígrafos sin acabar. Después,intenta que volvamos a su corto, me pregunta por ese chico del máster quequiso acostarse conmigo. Quiere distraerme, pero no funciona: ¿quéimportancia pueden tener un premio regional de cortos o un burdo ligoteocomparados con la violencia de la muerte? ¿Por qué la gente se empeña enhablar cuando no se puede abordar lo único importante? Ah, tu amante se hasuicidado, o te ha dejado, lo que sea, en cualquier caso ya no existe para ti:tendrás que buscarte a otro. Toca entretenerse, como toca entretenerse cadavez que algo desgarra lo cotidiano. No pienso participar.El psiquiatra diría que esto es un retroceso: mi negativa a superar el dolor es la causa principal del dolor, y no otra cosa.Diego me toca el hombro. Debo de tener mala cara. —¿Por qué no te vas el finde a casa de tu madre? A lo mejor te sienta bien. —Está enfadada conmigo. Mala idea. —Bueno, ¿sigue pagando el alquiler? —contesta Diego.Intenta hacerme reír. Me esfuerzo en hacerlo. —Eso espero —respondo, y acabamos riendo de verdad—. Perdón por estar triste. Y por estropear tu celebración de la película —digo rodeándolesolo con uno de mis brazos, sin moverme del hueco que he creado entre elsuelo y el sofá. —Nada, nada. —Creo que Diego también está colocado—. ¿Te cuento unsecreto? —Dime. —Eso que me has contado de los señores de El Corte Inglés me harecordado algo. Hace un año salí con un hombre casado, mayor, ¿te

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
acuerdas? —Asiento—. Su mujer no sabía que era gay y él, bueno, ya teimaginas, no quería dejarla, tenía hijos y eso. Un poco como la doble vidade Javier. Cuando me dejó, no paraba de pensar en averiguar quién era ella.Había visto fotos, claro, y me la imaginaba trabajando en un sitio así, en unafirma, o en El Corte Inglés de Castellana. En el puesto de Swarovski, por ejemplo. O comprando ahí. Me pasé horas stalkeándola por redes sociales.Si hubiese sabido dónde trabajaba, habría ido a cotillear. —Qué locura —digo, y él se encoge de hombros.Después lucho por levantarme y nos ponemos a ver vídeos de YouTubemientras comemos palitos de pan. Alba se queja, Diego se va. Pese a que ledigo que todo está bien y que no me pasa nada, me quedo dos horas mirandoesas sábanas feísimas de la ventana de enfrente. Pensando en cómo será lavida de una persona que jamás recoge la ropa tendida, en qué estaráhaciendo la novia de Javier ahora mismo y en cómo debe de sentirse unaencaramándose al alféizar justo antes de saltar. Esa noche sueño con Javier, pero en el sueño no tiene la misma sonrisa queen las fotografías. Está vestido con una americana negra y una camisa decolor crudo y se enciende un cigarro en una terraza con vistas de Madrid,como si en lugar de trabajar en un edificio cualquiera su oficina estuviese enlo alto de la Torre Picasso. Me sonríe, apoyado en el quicio de metal. Dauna primera calada y la imagen se parece a esa que a mí me gusta tanto, la deél fumando entre la niebla. Luego la sonrisa se esfuma y se queda muyquieto, inexpresivo. No triste, más bien en paz, casi sin moverse, convoluntad de ser paisaje. El cigarrillo se consume en su mano mientras lomiro, él solo deja caer la colilla cuando la brasa le quema los dedos. No lo pisa cuando toca el cemento. Parece como si quisiera sonreír, pero se le

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
hubiera olvidado cómo. Entonces da un salto ágil y se encarama alsalvacuerpos, alzando primero la pierna izquierda y luego la derecha. Sesienta mirando en mi dirección y levanta por un instante su rostro hacia elsol. Sin ningún tipo de prisa, se deja caer de espaldas sin apartar su miradade la mía. Desde que Diego se marcha el tiempo se convierte en una cosa extraña, unviaje de avión sin turbulencias que vaga y discurre sin que nada cambie. Sinorden, incapaz de concretarse en eventos o ciclos naturales conocidos:noche, día, noche; domingo, miércoles, martes. Apenas sin salir de la cama,observando durante horas o bien la luz escuálida y escalonada que entra por la persiana, o bien las sábanas aún tendidas del vecino de enfrente.Alba toca a la puerta. Dice «¿comes?» y digo «no».2 de septiembre: reunión con Marcos y Jorge, 12.30 h despacho, noconozco esos nombres. En la cama, sin enfrentarme al frío de las baldosasdel suelo, revisando sus conversaciones y haciendo copias de seguridad. 5de septiembre: cumpleaños de Magda esquina Barceló y una pregunta,«¿Dior?»; enredada en las sábanas, recordando cosas que ya pasaron hacetiempo, antes de él, y que pensaba que ya no dolían, pero que ahora tambiénduelen.Alba toca a la puerta. Dice «¿cenas?» y digo «no».Trato de vivir como si nunca hubiera conocido a Javier, porque sospechoque tal vez superar una ausencia sea exactamente eso: aprender a disfrutar delo que disfrutabas con otro sin ninguna clase de tristeza, sin ni siquieradedicar un pensamiento para darte cuenta del milagro de no acordarte de él.Pero no soy capaz, no puedo leer ni jugar diez minutos a nada sin imaginar cómo sería comentar con él la lectura o el videojuego. 12 de septiembre,

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
inversores, 13.30. 15 de septiembre, 19 h teatro Pavón, sin nombre, ¿conella? Olvidar, tratar de olvidar, y bajar a horas intempestivas al Carrefour Express a comprar latas de cerveza, fumar los restos de marihuana que dejóDiego.Alba toca a la puerta, vuelve a decir «¿comes?». En serio, ¿otra vez?Tratar de olvidar, sí, y a fuerza de intentarlo recordar, recordar otra vez,obsesionarse, y culparse porque todo esto es en realidad algo nimio que no justifica esta total falta de orientación. ¿Debería volver a tomar las pastillas?Había avanzado tanto, y ahora esto vuelve a destrozarme. Alba, en la puertaotra jodida vez, «¿no vas a limpiar eso?»; 30 de septiembre, cumpleaños de papá, eso que lo sabía, me lo contó. ¿Ya sabía entonces lo que iba ahacer? ¿Lo imaginaba al menos? La misma cola del Carrefour Express,mensaje de Diego, mensaje de mi madre, ¿por qué no has venido a clase? 3de noviembre, Carmen, 8.30; 10 de noviembre, María del Amor, 14 h; 19 denoviembre, barbero (Arenal), 15.30.Miro las últimas notas del cuaderno, el tres invertido y la frase con letraincomprensible. Creo que el principio de la palabra es «sinn», pero noconsigo descifrarlo. Y después, lo de siempre: no poder dormir y fumar lamarihuana de Wilson hasta que se acaba, todo el rato Alba llamando a la puerta y yo comiendo a veces; otra noche llegar al final y volver a tratar dedescifrar la entrada. ¿Esconderá alguna clave? ¿O es solo un evento más alque acudir, una tarea pendiente? Justo antes está mi cita, la mía, Sara, 18.30,Café Lolina (Tribunal). ¿Se habrán preguntado sus compañeros quién soy? Ysu novia, ¿habrá leído nuestras conversaciones?Un día, no sabría decir cuál, el psiquiatra llama para reprochar, «no hasvenido a la cita», y yo me justifico: «me siento muy sola», «me encuentromuy mal»; 15 de noviembre: fiesta de (ininteligible), Javier tiene muy malaletra. ¿No es esa fiesta en la que me dijo que se aburrió tanto, en la que me

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
escribió de madrugada que si podía llamarme mientras volvía a casa en taxi?Sí, debe de ser esa, yo también estaba fuera, con Diego, dudando si podíadecirle que nos viéramos en algún bar porque estaba un poco borracha y mesentía audaz. No me atreví. En ocasiones le insinuaba que estaba disponibley él nunca daba el paso de pedirme que nos viéramos. Pensándolo bien, esmejor que no nos hayamos conocido en persona. Imagina que hubiera venidoa esta casa, que la hubiese contaminado para luego desaparecer, que hubieramanchado con su presencia alguno de tus cafés favoritos o determinadascalles de la ciudad. Imagina que hubiese muerto justo después de conocerte:qué responsabilidad más absurda.Alba vuelve a llamar a la puerta y esta vez salgo, porque acabo de tener un sueño hiperrealista en el que Javier y yo nos levantamos por la mañana enuna casa que parece un hotel, y él bebe café en la cama mientras leo un libroy observo cómo se despereza. Alba y yo tomamos una comida tardía, la casaestá sucísima, el gato ha tirado una maceta y nadie se ha molestado enlimpiar del todo la tierra y la loza. Alba destaca que esta semana ninguna delas dos hemos ido a clase, buscando complicidad. Cómo la detesto. Miro elteléfono, las llamadas perdidas, la fecha: es ya miércoles otra vez, ha pasadouna semana. Frunzo los labios y me defiendo pese a que es innecesario einútil; alego que, como solo quedan dos semanas del curso, he preferidoquedarme estudiando. Ella dice: ya. Tengo que salir de aquí. Esto esridículo.Recojo aprisa, me ducho —cuánto tiempo hacía— y salgo a la calle. Aúnsin destino, solo quiero respirar. Atardece y Madrid tiene un color rosado. No hace frío, aunque ya casi estemos a mediados de diciembre. 

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 No tiene sentido que me pregunte qué hago aquí, porque lo sé, pero mequedo en la puerta de El Corte Inglés como si no hubiese decidido aún si pretendo o no pasar. Lo hago, qué otra cosa podría hacer. Me adentro en lagalería comercial como en un país exótico, camino por los vestidos sinmujeres, la busco entre las fragancias, las joyas, los productos para el pelo.Encuentro en todos los hombres a la comitiva de empleados del entierro,todos iguales. Si son ellos y me reconocen, fingen que no. Yo no podríadistinguirlos ni aunque mi vida dependiera de ello.Paso por la sección de electrónica, quizá trabaje en la sección devideojuegos y eso explique su complicidad con Javier, aunque no soy capazde imaginármela acercándose a una consola distinta a la Wii, ni tampocoleyendo las novelas que Javier solía disfrutar. No, no está, ni tampoco en lalibrería. Se me instala un pitido en el oído que hace que el ambiente sevuelva dúctil y pesado, igual que una sobremesa demasiado larga. Loscentros comerciales son lo peor cuando la existencia parece a punto de perder sus cimientos. La alegría navideña y brillante ocasiona el efectocontrario, los productos de Rituals, los sustitutivos de comida paraadelgazar, las revistas estampadas con caras de famosos y los bolsos dediseño se revelan como lo que son: un envoltorio estridente para la muerte.¿No lo sienten todos los que luchan a mi alrededor por llegar a tal o cual producto, conseguir la atención de un dependiente o cambiar de planta? ¿Osolo disimulan? Hubo un tiempo en el que yo no tenía nada que disimular.Caminaba por tiendas y celebraciones con la ligereza de un pez payaso en elacuario. ¿Se puede volver a ese estado? Muchos de los rostros que merodean son maduros, por fuerza tienen que haber experimentado alguna vezcómo la realidad se desacopla. Pero parecen felices, o al menos calmados.¿Son hábiles disfrazándose o han accedido a una respuesta oculta? No parecen fingir. Eso es que aún queda esperanza.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
Subo a tecnología, bajo a alimentación, vuelvo a hogar. Quizá te danvacaciones si se muere tu novio. Si es tu marido, seguro. Hay demasiadagente, niños con gorros que pretenden ser la punta de un árbol de Navidad.Me quito el abrigo, me estoy ahogando, inspirar, espirar, inspirar en ochotiempos; espirar lentamente, como si quisiera hacer que ondease la llama deuna vela, con la boca en forma de «o». Me pitan más los oídos, vuelvo aestar mareada, vuelvo a no escuchar del todo bien. Camino ya sinexpectativas entre grupos familiares y señoras que se cogen del brazo paracaminar, y entonces la veo, en la sección de juguetes y papelería. Atiende auna cola interminable de padres y abuelos que llevan kilos de lapiceros decolores, sobres con postales, cajas semitransparentes de las que asomanmonigotes de acción o muñecas de aspecto inquietantemente humano. Cobrasin mirar a los clientes, con una chaqueta enorme sobre su uniforme, tal vezde Javier, y el pelo cayendo sin gracia sobre la tela. La miro, intentodescubrir en esos gestos toda la información que desconozco: las huellas queJavier dejó también son Javier. Coge una muñeca, la cobra. Tal vez cuandollegaba a casa veían abrazados una película de los años cincuenta, de las quea él le gustaban tanto. ¿Vivían juntos? Cobra una caja de veinticuatro lápicesacuarelables. Tal vez no, pasaba demasiado tiempo hablando conmigo oenchufado al Steam. Cobra un juego de mesa a una familia completa. ¿Quétenían en común? ¿Le gustará leer, como a él? ¿La música, el teatro? Sí, talvez sea el teatro: a menudo decía que se iba a ver tal o cual obra y no meescribía en horas. ¿Iría con ella? ¿Hacían juntos esos análisis que luego mecontaba? Se echa hacia atrás el pelo antes de cobrar a los siguientes: estáharta. Pero Javier no podía ser feliz, ¿no? Si no, ¿por qué hacer eso? Mequedo observándola sin que la cola descienda por muchos artículos quecobre, siempre llegan más, más, más, siempre hay alguien que necesita unagoma, un juego de mesa, un cuaderno sobrepreciado. Trato de adivinar en

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
sus gestos esas cosas de Javier que conozco, su dejadez para comer, su gusto por el esquí, el placer culpable de
Cuarto milenio
; sobre todo su manera dehablar, la que me imagino que sería su forma de moverse, esas frases queaún me suenan en la cabeza cuando hablo con él en silencio. Las parejascogen la dicción y las manías de su acompañante, a lo mejor sonríen igual,canturrean la misma canción en los momentos inanes. Estoy en la cola conuna postal de un gato rodeado de regalos, a solo tres puestos de distancia deque me cobren. ¿Sabrá quién soy? Aunque haya mirado mi perfil enWhatsApp, salgo de espaldas en mi fotografía. Pero si ha leído laconversación, quizá sí ha visto otras imágenes. No te des tanta importancia, Sara, dice la voz de Alba en mi cabeza, justocuando estoy a punto de marcharme. Me adelanto para pagar. —Buenas tardes. —Hola —digo. Me fijo en sus ojeras, su pelo sucio. Seguro que yo estoy peor. —Son dos noventa.Le tiendo el dinero. Lo mete en la caja registradora, sus manos huesudas yásperas, como garras. —Muchas gracias.Inspirar, espirar, inspirar otra vez. Alza la vista. Me demoro algo más delo necesario. Tiene unos ojos negrísimos, totalmente opacos: me reflejo enellos, pero escapo a tiempo de la tentación de una comparación inevitable. —Feliz Navidad —digo al fin. —A usted también. Desearía que Alba estuviese en casa a mi vuelta: necesito hablar conalguien, necesito no estar sola. Pero ha salido por primera vez en meses, casi

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
desde que me mudé. Trato de contactar con Diego o algún compañero declase. Mi lista no es demasiado larga: he roto relación con casi todos misamigos de Zaragoza, y cuando me mudé aquí ya estaba demasiado encerradaen mí misma como para hacer nuevos. Apenas hablo con nadie. Esperabaque Alba me presentase gente, pero no lo ha hecho. Nadie lo coge, nadie estádisponible, nadie presta atención. Llamo a mi madre, que tampocodescuelga, así que espero en la mesa del comedor a que Alba regrese,cenando leche con galletas porque no me veo con fuerzas para preparar otracosa. Estoy dispuesta a pasar aquí todo el tiempo que sea necesario y fingir que me ha encontrado por casualidad al abrir la puerta. No llega hasta pasadas las once. Dice que ha estado con una amiga suyaque acaba de volver de Alemania. Me enseña un libro que se ha comprado. —¿Has cenado? —Sí. —Parece dispuesta a meterse en su cuarto sin hablar nada más. —¿Me puedes ayudar a descifrar una cosa?Las palabras salen de mi boca sin que lo autorice del todo. Ella enarcauna ceja, no suelo requerirla para nada desde la última vez que discutimos,hace un mes o más. —Claro.Le digo que espere y voy a mi habitación a por la agenda de Javier. —No sé qué pone aquí. —Indico con un dedo la penúltima entrada, justoantes de la mía—. Creo que empieza por «sinn», pero no entiendo lo demás. —Es que empezó a escribir más o menos, se cansó, y al final no seentiende nada —dice, señalándome cómo las últimas letras son casi unalínea recta.Me hace reír a mí también. Quizá mi manía amorosa por Javier es la queha destrozado nuestra convivencia y ella no es tan estúpida como me gustaba pensar.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
Se acerca el papel a la cara, va a por sus gafas. —Si te fijas, tiene dos puntitos sobre la «o» —dice—. No tengo ni ideadel final, pero creo que esto es una «e» y que hay una «o» con diéresis. Enmedio de las dos hay una «s», y no sé si una «l», una «t» o una «j». Y eso,¿es un tres al revés? O puede que una letra griega. —Es cierto. Así que «sinneslö», o «sinnestö» o «sinnesjö», y alguna letramás. Miraré en Google. —Pero ¿qué es esto? ¿De quién es esta agenda? No me atrevo a contarle la verdad, aunque dudo. —La encontré en la calle —miento.Después me obligo a quedarme un rato con ella en agradecimiento por ayudarme a descifrar el texto y acompañarme en esta noche aciaga. Laescucho disertar largamente sobre tonterías. Siempre encuentra algo de loque quejarse, es insoportable. Me quedo más de lo que quisiera, resistiendola tentación de decir que me voy al cuarto con cualquier excusa. Al final, secansa y se marcha a dormir. Yo regreso a mi habitación, cojo el ordenador.Escribo la primera posibilidad, con «l». Hay tres oportunidades, tres, notiene por qué salir a la primera, casi espero que fracase. Sin embargo, sísale: escribo «sinneslö» y el ordenador completa «sinneslöschen».Varias sugerencias: «sinneslöschen inc», «sinneslöschen significado»,«sinneslöschen website», «sinneslöschen» y unos signos que asocio alalfabeto árabe.Pincho en «sinneslöschen significado».

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
II
  No cuánto tiempo paso delante de la pantalla viendo desfilar informaciones entre la leyenda urbana y la teoría de la conspiración. Al principio los resultados de
 sinneslöschen
 son decepcionantes. La palabrame lleva a una serie de testimonios dudosos en torno a un videojuego de losaños ochenta,
   Polybius
, que se instaló temporalmente en algunas salas de juego y que absorbía la mente de los que participaban. Según loscreepypastas, provocó daños mentales y emocionales, epilepsia e inclusosuicidios entre los jugadores. Las máquinas se retiraron con rapidez y sinhuella; algunos acusan a la empresa de ser una filial de la CIA.Experimentación con humanos, claro, experimentación del gobierno deEstados Unidos con la población ciudadana, los malvados tecnócratas y el proyecto MK-Ultra. La idea de que Javier tuviese alguna clase de interés enestas cuestiones es ridícula, alienígena. ¿Javier un conspiranoico? No locreo, imposible en una persona tan inteligente. Le gustaba
Cuartomilenio
, pero solo para reírse. Sin embargo, sigo leyendo, primero por Javier y luego por el morbo de navegar entre historias horribles e inverosímiles a partesiguales: Zeitgeist, Slenderman, el 11-S, el bar España, el aeropuerto deDenver, HAARP, Illuminati, las piedras de Georgia y su extraño mensaje enocho idiomas. Después las palabras me consumen. Miro las imágenes de la

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 piedra. Gigantescos Stonehenge seculares pidiendo la razón y el exterminiodel exceso de humanos en un mundo ya superpoblado.Todas las historias que se anclan en el mundo real acaban contando lomismo: ricos depravados sin ningún escrúpulo moral que juegan con los pobres y desgraciados mientras ellos mismos se preparan para un NuevoOrden Mundial de control ciudadano, desastre ecológico y mermamalthusiana de la población gracias a enfermedades de laboratorio y otrastretas ocultas. Un atentado terrorista en diferido. Menuda estupidez.Paso a un artículo sobre la posible relación de
   Polybius
 con la música dePueblo Lavanda, una leyenda que más o menos conocía: quince años despuésde
   Polybius
, en 1996, acusaron a otro videojuego de provocar el suicidioentre los menores de doce años. Esta vez se trataba de la primera edición de
   Pokémon
. Según el lore, los niños que jugaron compartían un cuadro deadicción al videojuego, dolor de cabeza, hemorragia nasal, depresión y principio de epilepsia..., y el último lugar en el que habían guardado partidaera en la ciudad fantasma, Pueblo Lavanda, con una torre dedicada arecordar a los Pokémon fallecidos y una música siniestra de fondo. Deacuerdo con los morbosos, la melodía contenía sonidos binaurales solo perceptibles por los más jóvenes, y la prueba de que esto es cierto laencuentran en que esa versión de la música no está disponible como tal enediciones posteriores del videojuego, ni fuera de Japón. Teoría oficial:intento de control mental con unos fines tan oscuros que ni merece la penaescribirlos. Se presuponen.La leyenda se completa con la vinculación de otro glitch de la primeraedición de
   Pokémon
, un
   Pokémon
 que aparecía solo en determinadas zonascon el número 731, precedido de una animación fantasmal que incluíaimágenes distorsionadas, relacionadas, según el fandom, con una divisiónsecreta del gobierno japonés durante la Segunda Guerra Mundial que tenía el

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
mismo número. La última de las imágenes era una bandera de Japón con elkanji del Emperador, y el creepypasta lo asociaba al intento de formar unnuevo imperio japonés alienando a los jóvenes para una Gran Batalla, unMK-Ultraamarillo. Hay unos documentos probablemente ficticios en loscuales un empleado de GameFreak, Shin Nakamura, distribuía informaciónconfidencial relativa a las muertes de varios niños que probaron el juego justo antes de su comercialización. Su mujer fue la que compuso la bandasonora de Pueblo Lavanda y, poco después, su hijo apareció muerto. Shin Nakamura se quitó la vida en el Bosque de los Suicidas el mismo día en elque se lanzó
   Pokémon
 al mercado, dejando una carta para su mujer. Losdocumentos dicen así, a modo de cuaderno de bitácora, aunquedesordenados y sin especificar a quién se refieren las observaciones: 
Abril/12/1996:
 Desórdenes de sueño, migrañas severas, sangrado en los oídos. Atacó a un oficialde policía cerca de un edificio gubernamental y fue asesinado.
Mayo/23/1996:
 Irritabilidad general, insomnio, adicción a los videojuegos, hemorragia nasal.Ataques violentos de agresividad contra otros y contra sí mismo.
Abril/27/1996:
 Dolor de cabeza continuo, irritabilidad. Escribió con una navaja en la piel de susmuñecas el kanji del Emperador y posteriormente murió desangrado.
Marzo/4/1996:
 Migrañas, inactividad y lento entendimiento. Sordera progresiva y desaparición.Cuerpo hallado en una carretera el 20 de abril del mismo año.
 Por otra parte, se supone que la carta de despedida del señor Nakamura asu mujer rezaba lo siguiente: 
Querida Satou:Esta noche es el inicio de una nueva era para el Japón, un nuevo imperio del cual yo espero ser responsable. No puedo, de cualquier modo, retrasarme para ver mi creación, pues esta comenzaráen unos meses. Nuestro querido Ken será sin duda el primer mártir del imperio, caído con muchos otros niños.El fénix renacerá de sus cenizas, el segundo gran imperio japonés... ¡Te lo aseguro!
 

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
Por qué se ha distribuido material clasificado, ni se aventura. No sé quéestoy haciendo aquí. No sé qué hago mirando esto. O bien
 sinneslöschen
 erauna nota sin interés para Javier, o bien guardaba un interés oculto por todasestas estupideces, o tenía otro significado que ni me figuro. Probablementeno lo sabré nunca.Busco el tres invertido como símbolo y solo me sale la letra épsilon. Nada, aquí no hay nada de Javier. —En realidad, ni siquiera lo conocía —le digo a la pantalla delordenador.Un último intento:
 sinneslöschen
 suicidio. El buscador me lleva a unsimulador de
   Polybius
 para jugar desde tu ordenador, a más páginas deleyendas urbanas sobre suicidios individuales o colectivos, algunos en teoríaalentados por esa máquina. ¿Y si lo descargo, a ver qué sucede? Lo bajo sinejecutarlo. Qué tontería. Lo borro. Qué estupidez. Y, sin embargo, qué fácilsería caer en la sinrazón. Me obligo a irme a la cama.Sueño que estoy sola en la casa con un cuchillo en la mano, sostenido a laaltura de mi estómago, apretando la hoja contra la piel. En el sueño, buscodesesperada a alguien en mi agenda. Nadie coge mis llamadas. Miro la puerta para ver si Alba regresa, apretando el cuchillo cada vez más, rozandoel dolor. Sé que, si nadie me coge el teléfono, si nadie me rescata, memataré. Y no quiero hacerlo en realidad. No quiero morir, pero me sientoincapaz de apostar yo sola por la vida.Despierto confusa. El ordenador está a los pies de la cama, a punto decaerse, y siento el impulso de golpearlo, hacer que se estampe contra elsuelo. Me levanto, hago café. Alba todavía está dormida. ¿Qué hora es? —Tengo que dejar esto —le digo al gato, que está extrañamente tranquiloen el sofá—. Tengo que pasar página. Al diablo con la traición a una misma. 

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 Funciona durante un par de días, tal vez tres, cuatro, cinco. Lo afronto convalentía, como supongo que deben de afrontar la primera mañana lossupervivientes de una desgracia, desde la decisión consciente y absoluta dehacerlo todo bien. A clase no vuelvo. En cualquier caso, es un posgrado dearte y cultura estúpido e innecesario, me apunté solo para tener algo quehacer. Intenté trabajar el año pasado, cuando sucedió todo aquello, pero nofui capaz, y mi madre accedió a mantenerme un curso más. Ni siquiera me permito vivir la angustia nocturna y me tomo dos ansiolíticos justo antes dedormir.Al quinto día mi ánimo se desinfla. A nadie le importa nada de lo quehago, así que, ¿para qué sostener la farsa de un horario, de la fruta cortada,de la vida ordenada? Me prohíbo recurrir a todo lo que me puede hacer daño —volver a visitar a su novia, volver a leer su chat, volver a investigar sobre
 sinneslöschen
, volver a la pantalla de búsqueda de Tinder, depender delmóvil demasiado—, y lo consigo, pero la ausencia de dolor solo me acunaen una desesperación aún más ciega. Es un error pensar que es más fácilesperar que buscar. Todo empieza a desmoronarse, igual que todo sedesordenaba los días en los que Javier no contestaba a mis mensajes. Ahoratengo la certeza de que nunca lo hará. Ni siquiera tengo por qué culparme, por qué lamentarme, con qué castigarme. Ando por los parques a solas comoun Adán abandonado en el paraíso.Falto dos días más a clase y vuelvo, pero esa mañana Diego no acude, asíque me siento sola en la última fila. Mis compañeros me ignoran, una de mis profesoras me observa como si fuese una enferma terminal. De nuevo, esanoche paso cerca de dos horas mirando las sábanas tendidas en el piso deenfrente, cada día más sucias que el anterior, sin música, escuchando cómosuenan las calles, los niños que salen o entran del colegio vecino o los

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
adolescentes haciendo botellón; pingándome sobre el alféizar y mirando lacalle como desde un trampolín. Recuerdo la imagen ficticia de Javier en laterraza de su trabajo, la imagen de mi última pesadilla, de mí mismasosteniendo un cuchillo contra la piel desnuda de mi vientre. ¿Siempre tienenque ser así las cosas? Y entonces suena el teléfono.  —Hoy es mi cumpleaños —dice mi madre cuando descuelgo.Dejo que la frase repose unos instantes antes de reaccionar. Espero a queme ofrezca alguna posible salida para mi error. Es mi madre, suele ser  bondadosa con los despistes. En esta ocasión no lo hace. Me toca contestar. —Lo siento mucho. Últimamente estoy estudiando demasiado y pierdo lanoción de los días. No sé si es diciembre o enero.Trato de reír, pero me sale mal. —He tenido un cumpleaños horrible. Mucho jaleo en el trabajo. Tuhermano está en Suecia, ya sabes. Y tu padre ni siquiera ha llamado. No me acusa de nada. Me siento un completo desastre. —Perdona, de verdad. He estado muy liada. —No pasa nada. ¿Cuándo vas a venir? ¿Por qué no te pasas este fin desemana? No sería buena idea. No quiero volver a esa ciudad por nada del mundo,en especial sin sentirme del todo bien. No quiero aguantar las preguntas demi madre. No quiero que me vea tomar ansiolíticos. No quiero cruzarme connadie que me conozca y tener que soportar una conversación mientras me pregunto qué estarán pensando de mí o sobre lo que me pasó cuando todavíavivía allí. No sé sostener mi coartada de que «he estado estudiando» durantedemasiado tiempo cuando llevo quince días sin abrir un libro, no quierohablar con ella de nada de lo que he hecho o pensado en las últimas

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
semanas. Desde luego, no de Javier, no de esas estúpidas leyendas urbanas. No quiero aguantar más el peso de haber olvidado su cumpleaños. Quieroestar sola. Necesito estar sola. —Mejor esperamos a Navidad. Tengo mucho que estudiar. —Puedes traerte los libros. —Son muchos.Suspira. Parece enfadada, o decepcionada, que es peor. Me dueleimaginarla sola en su cumpleaños, pero lo reprimo. Ahora no puedo sostener esa carga. —Lo celebramos a final de año —propongo. ¿Qdía es hoy? ¿Cuántoqueda? —Claro. ¿Vamos al cine como siempre? Y a cenar a ese sitio raro que tegustaba tanto. —Estupendo.Salgo del ambiente asfixiante del cuarto. Tal vez podría enviarle un regalo por correo. Qué tontería, si lo pagará ella misma y verá la factura de estanoche, quedaré peor que si no hago nada. Por suerte, Alba está encerrada ensu habitación con el gato, así que no tengo que interactuar con nadie. Algo enel día de hoy me ha desestabilizado, no puedo dormir, los ansiolíticos noterminan de hacerme efecto, tal vez esté tomándolos demasiado a menudo ydejan de funcionar. Antes gastaba los ratos de angustia jugando con laSwitch, pero llevo sin tocarla desde que Javier murió —¿puedo tomarmeotro orfidal o será malo?—, tengo la cabeza atontada y no consigo leer —lo buscaré en Medline—. Son las cuatro y media de la madrugada: mañana seráotro día perdido, así que por qué no ahondar un poco más en mi propiadestrucción. Retomo el último hilo de Reddit que visité, suicidiosindividuales o colectivos que tienen algo que ver con la máquina de
   Polybius
 o con otros videojuegos. Trágicos relatos de personas solísimas

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
que murieron o desaparecieron y tenían una adicción por esta clase dehistorias u otro contenido de la red. No tengo nada de sueño. Me decido a postear, en un inglés vacilante que llevo demasiado sin utilizar. «Un amigomurió», empiezo. Borro. «Creo que conozco a alguien que se suicidó por esto», mentira. Lo consigo al quinto o sexto intento: 
Un amigo se mató. No lo conocía mucho, o al menos no tanto como creía. Un día no acudió auna cita y me pregunté si le habría pasado algo. Cuando llamé a su casa, su novia me dijo quehabía muerto y que el funeral era al día siguiente. Se había suicidado. No sé por qué. Su vida iba bien, era algo melancólico, pero parecía que tenía planes de futuro. Desde luego, no parecía alguienque pensara en matarse. Se tiró por la ventana, como Deleuze. Hay que tenerlo muy claro parahacer algo así. Tampoco soy capaz de imaginármelo tomando esa decisión, aunque no dejo desoñar con eso, con él encaramándose al alféizar. Por una serie de razones, es largo de explicar,ahora tengo su agenda de trabajo y la he estado leyendo. Una de las últimas anotaciones era«
 sinneslöschen
». Desde entonces, he estado buscando información. De verdad que no me pegade él ni creer en leyendas urbanas, ni usar el simulador de
   Polybius
, ni nada, aunque le encantabanlos videojuegos. Tampoco suicidarse. De verdad que no me pega que se suicidara. Pero no dejo de pensar en esto. Estoy obsesionada. ¿Alguien sabe algo? Sé que es una pregunta un poco extraña, pero creo que no seré capaz de pasar página hasta que pueda darle un sentido a lo que ha pasado.
 Espero como una estúpida a que alguien responda instantáneamente. F5,F5, F5. Nada. Un tal wilcomachine responde solo «
life sucks
». Miro el ratiode respuesta del post: por lo general se actualiza cada dos o tres días. Vale.Cierra esto.Un post aparece al séptimo F5. Es de un tal vampyreoftimeandmemory: 
Una vez, navegando por la Deep Web, entré en un foro de suicidas. Sanctioned Suicide. En eseforo la gente compartía y discutía los mejores métodos para suicidarse según cada caso. Erahorrible, yo entré por morbo. La mayor parte de los posts iban sobre la compra ilegal demedicamentos para la quimioterapia. Te lo tomas y te mueres. No debe ser doloroso. Pero habíaalgunos hilos más místicos o filosóficos. Recuerdo que había uno en el que hablaban de
 sinneslöschen
. Me llamó la atención porque siempre me ha interesado mucho
   Polybius
 (y otrosinstrumentos en la sombra del gobierno norteamericano), pero apenas decían nada sobre lamáquina en sí. No llegué a comprender muy bien de qué estaban hablando, de hecho. Desde luego

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
era gente que pensaba en suicidarse, o que hablaba de ello, pero no mencionaban métodosconcretos. Parecía que buscaban algo. También había algo sobre unos audios, no sé si sería lasica de
   Polybius
 o Pueblo Lavanda. Tal vez te interese, no sé. Entré hace un par de años allí, nisiquiera sé si seguirá funcionando. Pero a lo mejor te cuadra. Era un sitio muy turbio. La gente ahíestaba loca.
 Busco la web en Google. Encuentro un foro en inglés de estética sencilla ycutre. El foro se divide en «Sanctioned Suicide» y «Offtopic». En«Sanctioned Suicide» hay posts activos en los últimos minutos. Los mensajesestán etiquetados como «discusiones», «métodos», «recursos», «ayuda» y«sin etiqueta». ¿Es esto a lo que se refería el tipo de Reddit? Ojeo losmétodos: cómo colgarse a uno mismo, ahogamiento por monóxido decarbono, el método noche-noche, SN —supongo que una droga—, incluso«ir a las favelas a que te maten». Me cuesta seguirlo, hacía mucho que noleía en inglés. Abro «Decapitación», que me parece demasiado llamativo. Esde hace diez años. 
GendoIkari1984:
 Después de mi fracaso con el ibuprofeno, he estado buscando métodosefectivos para matarme y encontré esta idea en internet. Como vi que no estaba en el megahilo demétodos, la comparto. Se trata de decapitarse a uno mismo con una cuerda y un coche. Te atas unextremo de la cuerda al cuello y el otro a una farola o columna y aceleras hasta que te arranque lacabeza. Debe de ser rápido, porque con toda seguridad te raja la carótida, incluso aunque ladecapitación no sea completa. ¿Qué pensáis? Tengo dudas sobre la longitud de la cuerda.¿Cuarenta, cincuenta metros?
Aerith:
 Parece efectivo, pero probablemente dejarías a unas cuantas personas traumatizadas yromperías algo con el coche. ¿Seguro que quieres irte así?
GendoIkari1984:
 Nunca se me ocurriría hacerlo delante de nadie. Lo haría en un parkingnocturno o algo así. Dejaría una nota de suicidio en mi casa y llamaría a la policía justo antes deacelerar, para que fueran los primeros en verme.
Theblackparade:
 @GendoIkari1984 En cualquier caso, no creo que tengas que acelerar demasiado. Con una buena cuerda, la masa del coche y la columna deberían ser capaces dedecapitarte a 5 o 10 kilómetros por hora. Entiendo que la tentación es acelerar al máximo, pero asíno harías daño a nadie.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
Ascannerdarkly:
 @theblackparade Creo que «hacer daño a nadie» no está en el top de sus preocupaciones. Si te preocupan tanto los desconocidos, ¿cómo no te van a importar tus conocidos,a los que seguro «haces daño»? En cualquier caso, todo esto me parece una ideación con la quefantasear mientras escuchas Radiohead sin llevarla nunca a cabo. Hay métodos más sencillos.
 Ojeo el resto de las respuestas: dudas sobre la efectividad, comparativascon otras opciones, lo probaré la semana que viene, cuestiones técnicas que parecen ridículas dada la situación. En la cuarta página, alguien ha colgadouna noticia de la BBC en la que una persona se ha suicidado con ese métodoen el parking del centro comercial de Nueva York. «¿Será él?», se pregunta.El artículo menciona la web de Sanctioned Suicide de pasada. «Debe de ser él, sí», contesta otro. «Parece efectivo, aunque horrible. No es paracualquiera. Yo no me atrevería, pero me alegro de que esté en un lugar mejor».Escalofrío. Voy a otra sección de la web, no quiero seguir leyendo sobreeste tipo. Hay usuarios que tienen miles de mensajes —¿en qué están pensando? ¿De verdad quieren suicidarse?—, otros que solo han posteadotres o cuatro: la presentación, la compra o duda sobre un método, ladespedida. Dios santo, no puedo respirar, se me va la cabeza. Voy a lacocina a comer algo que no consigo tragar y que acabo devolviendo al huecodel inodoro después de masticarlo.Desde ese momento paso la noche tratando de dormir y renunciando aello, pegada a la pantalla del foro de los suicidas, indagando en su miseria.En uno de los últimos posts, un hombre dice que intentará suicidarse lasemana que viene y todos lo animan y le dicen que es muy valiente por hacerlo. Este es reciente, de hace dos semanas. Un par de páginas despuésinterviene de nuevo: 
Legolas12:
 Soy ateo y creo que cuando morimos simplemente abandonamos la existencia, pero¿y si el paraíso estuviera a un suicidio de distancia? ¿O una reencarnación más amable? Imagina

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 pasar tu vida sin el coraje para hacerlo y que con ello no hiciéramos otra cosa que posponerlo. Megustaría despertar como un niño, ya que mi infancia fue como el cielo en la tierra, o reencarnarmeen una persona sana y funcional, tanto en cuerpo como en mente, en lugar de en un inválido. Seríamultimillonario y tendría el cien por cien de posibilidades de vivir una vida larga y feliz, como milesde millonarios sanos y atractivos experimentan en el mundo real. Quizá en sus vidas anterioresfueron tan desgraciados como yo, y esa es su recompensa. Ese es mi cielo. Imaginad que estofuera realmente cierto y todo lo que se necesitase para conseguirlo fuese apretar el gatillo, dar esesalto de fe en lugar de ser torturado en este infierno de existencia durante décadas.
 Un montón de cínicos le responden: anda ya, millonario vas a ser, ¿no erasateo?, no digas tonterías. Vaya choque entre el candor delusional del mensajedel suicida y la dureza de los comentarios, aunque tiene sentido: se trata deun espacio consagrado a la desesperanza. ¿Javier estaría aquí metido?¿Pasaba las horas planeando su suicidio? ¿Debería buscar un post dedespedida de más o menos la fecha en la que se mató? Lo imagino chateandoconmigo en una pestaña mientras en la otra leía sobre las ventajas delahogamiento por monóxido de carbono frente a la soga tradicional. Ambasventanas escondidas de los ojos cándidos de Chelo, que trasteaba por lacasa hablando de cosas agradables: compras, viajes, flores, discusionestontas con amigas, planes de fin de semana. ¿Pertenecía yo a la mismadimensión de la vida de Javier que Sanctioned Suicide? Siempre he sido una persona muy negativa. Quizá por eso estaba con ella, y no conmigo. Tengo latentación de buscarla en Instagram, seguro que podría dar con ella. Pero no. No debo. Me quedo en la página de los suicidios. Leo un post horrible degente que ha tratado de suicidarse en el mar o en la piscina, entrenándosecon vasos de agua durante meses para que el líquido penetre en sus pulmonessin expulsarlo. El objetivo es que parezca un accidente, para no disgustar aalguien o para que ese alguien pueda cobrar el seguro. Fracasan, suelensobrevivir con grandes daños en movilidad y coordinación. Hay muchos posts que tienen forma de pregunta abierta: «Mis circunstancias son estas,

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
¿cómo debería suicidarme?». La comunidad se vuelca, y generalmentecoinciden en su diagnóstico según las circunstancias expuestas. Nunca nadiedice «no lo hagas». Muchos se lamentan de no tener dinero para «SN» o«N», que no estoy segura de si es lo mismo. Busco un post que me expliquequé es y encuentro uno, escrito por un usuario que solo ha dejado oncemensajes en total. 
M0bscene:
 Hola a todos. No llevo aquí mucho tiempo, pero tengo que daros las gracias por estar aquí. Es bueno tener un lugar en el que expresarse. El suicidio, como tantas otras cosas, primeroha sido considerado un pecado, luego una enfermedad mental y ahora está en un vacío ético ymoral: no puedes prohibirlo, pero tampoco se te permite hablar de ello. Pueden encerrarte en unainstitución psiquiátrica o arrebatarte la custodia de ti mismo si mencionas el tema demasiado. Sinembargo ¿cómo no hablar de ello? ¿Qué es mejor? ¿Callarme? Aunque al final haya decididomatarme, me he sentido más comprendido y menos solo aquí que en ningún otro sitio en estosúltimos tres años. Esperemos que sea un paso en la dirección correcta para los seres humanoscomo sociedad, hasta el día en que alguien pueda decidir acabar con todo sin miedo al fracaso, enuna clínica. Creo que en Europa se puede, en algunos lugares... De todos modos, esto es unadespedida. He decidido empezar con el SN y manteneros actualizados con los preparativos. Sitengo éxito, confío en que los cálculos que he hecho de las cantidades necesarias para mi peso yaltura sean de utilidad a otras personas. Lo peor es equivocarse, intentarlo y no llegar a morir, soloal hospital. A mí me ha sucedido dos veces. A lo mejor a alguien le apetece hacerlo al mismotiempo que yo. Esperaré un par de días para iniciar el proceso, por si alguien quiere escribirme yapoyarnos mutuamente. Mido 5,8 y peso 150 libras. Como sabéis, hay que ajustar las dosis para norechazarlo en el momento final a lo largo de tres días. Compré el SN y el Zantac a A. y elPrimperan al vendedor griego de eBay. Actualizaré a diario las tomas y los resultados, para quetengáis una referencia. Gracias de nuevo. 
El usuario actualizó cada día el estado de su suicidio y las tomas.Surgieron algunos pequeños inconvenientes —vómitos—, y deduzco que esatoma prescriptiva y burocrática tiene como objetivo no vomitar la dosisfinal. Me asusta la racionalidad científica con la que aborda su propiamuerte, como si la vida fuese una enfermedad de la que pudiera curarsesiguiendo los pasos adecuados. También deduzco que el SN es algún tipo demedicamento difícil de conseguir. Tal vez era esa la función que tenía Chelo

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

9
 
 para Javier: darle alguna clase de alegría o distracción en el horror quellevaba sobre sí. Algo que yo no podía darle. ¿Alimenté su melancolía?Llego a las notas del jueves, antes del suicidio definitivo el viernes, y cierroel post. No quiero leer más. Busco otro que se titule «Despedida» en lafecha en la que Javier se mató. Encuentro este, y, aunque estoy segura de queJavier no lo escribió, no puedo evitar leerlo: 
Nakedcity:
 Hoy mi madre volvía de vacaciones, y la llamé pronto por la mañana. No hemos podido hablar hasta hace veinte minutos. La quiero. Es mi ángel de la guardia, por mucho que lascosas no me hayan salido bien. Me ha preguntado cómo estaba. Sé que la sobrecargo demasiado.Le he dicho la verdad: que mal, y que no estoy segura de volver a verla. Sería buena idea acabar con todo antes de la próxima Navidad. No creo que pueda aguantarla. Ella ha dicho «es dolorosoque pienses eso», pero también ha dicho que quiere que deje de sufrir. Sabe que llevo diez añosigual, con y sin tratamientos, y con varios intentos a mis espaldas. Al final de la conversación, ellaha aceptado que yo quisiera matarme. Me ha dado permiso, por así decirlo, y ambas hemosllorado. Se me ha quitado un peso de encima. Es la mejor. La quiero.
Wilcomachine:
 Muchas veces he pensado que cuando mi madre muera, yo podré hacerlo. Medaría mucho miedo decepcionarla así.
Firenzzze:
 @wilcomachine +1 Es triste pensar de ese modo, pero llevo años deseando que mimadre desaparezca, aunque la quiera mucho y me dé pena. Ni siquiera puedo contarle misataques.
 Y un montón de posts felicitando a @nakedcity por tener esa madre. Despierto a mediodía, deshidratada y mareada. He vuelto a tener casi lamisma pesadilla, un poco más larga en esta ocasión: estaba en el salón, conel cuchillo sobre mi vientre, tratando de llamar a alguien para detenerme amí misma, y al final recordaba que tal vez podía intentarlo con Ángela, mimejor amiga del instituto, aunque llevamos años sin hablar. Marcaba elnúmero y sentía un alivio infinito cuando descolgaba, pero estaba en mediode una fiesta ruidosa y no lograba escucharme. Yo gritaba «¿hola?, ¿hola?»,

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

5
 
o «es importante», y ella reía y reía, decía «vente, estamos en La Riviera».Después, dejaba el teléfono en altavoz para que escucharadistorsionadamente una canción de Justice que nos encantaba deadolescentes. Y yo colgaba.Me arrastro a la cocina mientras enciendo el ordenador. Ayer por la nocheterminé la jornada escribiendo de nuevo en Reddit. No encontré nada enSanctioned Suicide de
 sinneslöschen
 o
   Polybius
. Tampoco rastro de Javier.Mientras preparo café, Alba aparece a mi espalda con el gato en brazos. —¿Quieres? —ofrezco. —Ya tomé. Hay que comprar más —señala, dando a entender que tengoque hacerlo yo. —Vale. —Supongo que no me queda más remedio que esperar a que lacafetera suba bajo su mirada inquisitiva—. ¿Qué tal? ¿Saliste ayer? —No. Estuve viendo a una nueva booktuber y... —Qué bien. —De verdad que no tengo ganas de volver a escuchar lahistoria de lo que sea que esté de moda en YouTube o en Twitter. —También limpié mi cuarto. —Guay.Silencio. El café sube y vierto todo el contenido en mi taza, que se hagaella otra cafetera. Mierda, no tengo leche. Si Alba no estuvieraobservándome, le robaría un poco. El gato tira algo al suelo en el salón. —Te tocaba limpiar el baño y la cocina esta semana —me echa en cara. —Lo —miento. No por qué se pone así, ella siempre deja todohecho un desastre. —No lo has hecho. —No ha acabado la semana. —Me refiero a la anterior. Estamos ya a miércoles. —Eh, vale, perdón. Desayuno y lo hago, ¿vale?

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

6
 
 —Y hay que comprar café. —Vale. —Y un palo de fregona. —Vale —convengo, para no discutir. Eso lo rompió su gato, le tocaría aella.Alba parlotea a mi espalda para suavizar su reprimenda, pero cierro la puerta de mi cuarto. No tengo ningún mensaje nuevo en Reddit. Todo es unamierda. Luis pregunta: «Y dime, ¿qué tal por Tinder?». Su foto: una selfie en la quese ve su teléfono, con un gorro de lana y unas gafas redondas. David memanda un GIPHY, no sé por qué le he aceptado. Tiene la típica descripciónde «Viajar, sentir, una buena conversación» junto al emoticono de una copade vino. Julio me envía directamente su número de móvil sin hablar, supongoque le da vergüenza que alguien pueda ver que está usando la aplicación. O alo mejor le da igual quién sea yo, y solo quiere follar. Hago un match máscon Silvio: es guapo, pero leí en su descripción que, de hecho, tiene novia, yque «vive su relación de otra manera». ¿Lo sabrá ella? No quiero repetir algo como lo de Javier. He escrito a Jaime, me gusta su foto. Se parece un poco a Javier, y su descripción dice que le gusta el arte, aunque de forma tanvaga que puede significar cualquier cosa. No me contesta, y ya le escribíhace tres o cuatro horas. Mario me da una respuesta detalladísima a midescripción, comentando cada una de sus líneas, y también mis fotografías.Empalagoso. Simplón. Qué pereza. Veo que, desde que me desinstalé laaplicación —cuando comencé a hablar solo con Javier—, un tal Sam me hainsistido periódicamente con «¿Cómo estás?» y «¿Sigues viva?». Enrealidad, no era mal perfil, ¿debería darle una oportunidad? David 2 me pide

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

6
 
más fotos y me pasa su número de móvil para que pueda enviárselas. Locierto es que me gustaría quedar con alguien, llevo días encerrada en casa.Julio insiste, pero no me interesa. Vuelvo a la pantalla de descubrimiento,empiezo a repartir corazones verdes y cruces rojas, me entristezco al ver quetodos los que me han dado Superlike son señores decepcionantes en todoslos sentidos: así que eso es lo que valgo, ese es mi patrón de medida. Un talMiguel tiene en su descripción «No sé qué hago aquí». Aunque sé que serefiere a «en Tinder», sus ojos asustados y excesivamente abiertos hacen posible la interpretación de «No sé qué hago aquí, en el mundo, en la vida».Canción de culto: Radiohead. Con eso puedo trabajar. Pero no me devuelveel match.Si bajo en los chats lo suficiente, puedo encontrar las primerasconversaciones con Javier, pero me obligo a no mirarlas. Mario insiste,¿hola?, y dejo el teléfono bajo la almohada. Reviso todas mis redes sociales,nada interesante. No abro WhatsApp: me ha escrito Diego, aunque prefierofingir que no lo he visto y, por lo demás, ya sé lo que voy a encontrar. Lanada. Abro Reddit sin esperanza. Hay dos nuevos posts. Un tipo que divagasobre
   Polybius
 y un experimento-supersecreto-de-la-CIA con gasesemanados a través de los aviones de Spirit Airlines. Y otro post del hombreque me envió a Sanctioned Suicide: 
Vampyreoftimeandmemory:
 Has mirado la versión pública de la web. Es más pequeña y estácapada. La versión interesante está en la Deep Web. Ahí hay comunidades distintas y enlacesdirectos a compra de medicamentos o armas. El link es igual.
 Es de ayer por la noche. Qué estúpida soy por no haberme metido antes, por dejar que el miedo a la falta de sorpresas me impida trabajar en serio. No tengo ni idea de cómo meterme en la Deep Web, pero estoy segura de que

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
Google lo sabe. Mientras tanto, sigo chateando con Mario. Me angustiaentregarme a esta tarea sin ninguna clase de distracción. Mario vendrá a casa a las siete, y saberlo me da el impulso necesario paralimpiar. Alba no está, así me libro de dar explicaciones. Me sobra mediahora para buscar mi ordenador viejo y comprobar que más o menos funciona.Será suficiente. No sé cómo acabé contándole que quería entrar en la DeepWeb. Él dijo que sabía hacerlo, y que había visto cosas increíbles allí. Podíavenir a casa, claro, y ayudarme a entrar. No le hablé de Sanctioned Suicide. No quería asustarle.Hace mucho que no quedo con alguien nuevo. A lo mejor hace comoJavier, y no aparece. En el fondo, eso constituiría un alivio. ¿Deberíaarreglarme? Lo hago, aunque solo sea para tener una excusa y lavarme el pelo de una vez. Vive a las afueras de Madrid y me pide dormir en casa, para madrugar menos. Digo que sí. La verdad es que no quiero follar, perohe visto las instrucciones para entrar en TOR y ocultar tu IP, y no creo quesea capaz de hacerlo sola. Vendrá a las siete y son menos cuarto. Espero.Espero.Por precaución, lo he citado en un bar debajo de casa. Si es un raro, nodejaré que entre. Es enorme. Casi dos metros, huesos grandes, una granmochila de deporte a la espalda y camisa de cuadros. Parece el hombre lobode una serie para adolescentes. Se sienta y pide un zumo de melocotón y unatostada como contrapunto a mi cerveza y mi cigarro. —Qué tal —digo.Él solo dice: bien. No parece muy hablador. Trato de sonsacarle algúndato sobre sí mismo y, a trompicones, descubro que tiene familia búlgara yque llegó hace unos quince años a Madrid. Tiene veintinueve.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
 —¿Subimos? —Vale. —Tengo pizza congelada. —Genial. No tengo hambre, él devora toda la pizza mecánicamente y sin hablar mientras maneja mi ordenador viejo. Actúa como si estuviéramos haciendoalgo peligroso e ilegal, yo no creo que sea para tanto. Solo me parecíadifícil. Balbucea que le parece «un plan guay» y que «nunca esperaba eso deTinder». Sonrío débilmente. Como no le he explicado qué es lo que quiero buscar, él entra en una web con aspecto similar a la Wikipedia que se llamaHiddenWiki. —Aquí está el directorio de todo lo interesante —comenta.Lo veo por categorías: medicina ilegal, compra de drogas, pornografíaadulta e infantil, información clasificada, sicarios. Él pica en esta últimaopción. ¿No me parece increíble que asesinar a alguien en Europa solo valgadiez mil euros? Intento mostrar algo de entusiasmo horrorizado. —Una vez vi vídeos de ejecuciones de Al-Qaeda —dice—. Son muyfuertes. —Ya. —¿Quieres ver algo en especial? —En realidad sí. Una página un poco rara. —¿La buscamos? —Sé cómo se llama.Quizá preferiría dejar esto abierto y buscarla cuando él no estuvieradelante, pero veo sus ojos expectantes posados sobre mí, así que escribo ellink de Sanctioned Suicide y la web me devuelve algo similar al espacio enel que ya había estado, aunque más grande y detallado por temas. Pide que

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
me registre y utilizo un e-mail que ya no uso. Mario me pregunta qué es estoy le doy una respuesta vaga. —¿Suicidios? ¿Para qué quieres mirarlo? —Estoy escribiendo una novela —miento. —Joder, eres una grande.Encuentro material similar a la web normal, aunque hay más links sobre elSN que a Mario le llaman la atención. Encontramos un enlace a una páginade farmacología ilegal en la que un tal A. envía Nembutal —no estoy segura, pero supongo que es lo mismo que el SN—, un medicamento para laquimioterapia, por mil dólares la dosis. Recomienda comprar dos tomas, para que sea más efectivo, y también utilizar algo que impida el vómito. Nohay seguridad de que pase la aduana, y muchos miembros de SanctionedSuicide se lamentan en diversos hilos de que su dosis de Nembutal no hallegado. —Qué turbio. ¿De qué va tu novela?Su candor me hace sonreír. Si fuera él, pensaría que yo quiero suicidarme. —Suicidio adolescente. —¿Quieres que veamos vídeos de las favelas? —Espera.Entro en un subforo de corte más filosófico. Busco
 sinneslöschen
. Un hilome hace detenerme. 
Couragetodie:
 ¿Por qué los amigos o la familia te dicen que los llames en cualquier momentocuando no es cierto?
Be_gotten:
 Porque son egoístas y en realidad no se preocupan. Tiene que ser cuando ellosquieran. No creo que nadie esté ahí de verdad para mí. Dejé de hablar con mi familia y no creoque a nadie le importase en serio.
Zydrateanatomy:
 Es para que parezca que lo intentan y puedan sentirse menos culpables si pasaalgo.
Makingmonsters:
 Todo el mundo te dice que está para ti, pero luego te suelta excusas. ¡Estabadurmiendo! Estoy trabajando.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
[1]
 El Proyecto Arcoíris, según la Fundación SCP (cuya ficción o realidad problematicé en Siskind,2015), fue un régimen de acondicionamiento mental desarrollado por investigadores de la Fundación junto con el Departamento de Parapsicología de la Universidad de Andhra Pradesh en 1975. El prosito era desarrollar habilidades de visualización remota en individuos expertos en psiconáutica confines de recopilación de inteligencia, como parte de las obligaciones contractuales de la Fundación con elgobierno indio durante la Guerra Fría. En su etapa final de desarrollo, consistía en administrar a unsujeto una dosis controlada de escopolamina y un derivado sintético de mescalina bajo una combinaciónde privación sensorial, terapia electroconvulsiva y exposición de fondo a peligros cognitivos auditivos deClase-1. Aunque dicho experimento conllevaba la capacidad de viajar astralmente, también inhibía elmovimiento de los músculos voluntarios y la percepción sensorial. Dependiendo de la experiencia delsujeto en cuestión con la meditación o las drogas alucinógenas, este podía fallecer, lo que hizo que el programa se cancelase en 1985. Véase: https://scp-wiki.wikidot.com/scp-2498
[2]
 Véanse las páginas dedicadas a los hipsistarianos en Athanassiadi, Polymnia; Frede, Michael(2010),
  Pagan Monotheismin Late Antiquity
, pp. 19 ss. La idea es que ningún ser humano está preparado para escuchar el nombre de Dios (por eso se utilizan términos eufemísticos, como «elAltísimo»,
hypsos
) y que, de escucharlo, el sujeto en cuestión entraría en la revelación espiritual o lacatatonia.
[3]
 
Constit  ución de la Organización Mundialde la Salud    
, OMS, 22/07/1946.
[4]
 Entrevista a Sigmund Freud, verano de 1939.
[5]
 El primer tinte conspiranoico devino de vincular los efectos de
  Ellamento de Orión
 con otrasleyendas urbanas del mundo del videojuego. Los principales vínculos son los siguientes, de mayor amenor relevancia para la comunidad: a)
  Polybius
: La empresa desarrolladora es la misma en amboscasos. Para saber más de
  Polybius
 véase Siskind, 2012; b) La tonada maldita de Pueblo Lavanda en
  Pokémon
: Véase Siskind, 2009, donde realizo una comparativa extensa entre ambos juegos; c)
  Berzek    
:Juego de los ochenta que presuntamente provocaba cuadros de ansiedad y epilepsia, además de lamuerte de tres jugadores. Sin embargo, como señaló Torretti (Torretti, 2016), es imposible que laempresa desarrolladora sea la misma, pues se trata de Stern Games. Lo mismo sucede con
Taboo. TheSixth Sense
 (en este caso, desarrollado por Rare), que a veces también se ha intentado vincular con
  El  lamento de Orión
; d)
   Mr. Mix
: Juego de mecanografía para PC que presuntamente contenía un audiomisterioso que ocasionaba pesadillas, roturas de tímpano o incluso daño en los altavoces. Se reportarondiversos casos de ataques diversos en niños pequeños, y casi ninguno de ellos superó el tercer nivel. Losque jugaron decían que sonaba como un secador de pelo en una habitación lejana. De acuerdo con laleyenda de
   Mr. Mix
, de hacerlo, el videojuego copiaba cientos de archivos de imágenes de rostrosdesfigurados que destrozaban el disco duro. Dada la oscuridad en torno a su desarrollo, se piensa que puede haber sido creado por el mismo equipo de Sinneslöschen. Una parte posterior de la conspiraciónen torno a
   Mr. Mix
 habla de la locura y desaparición de unos hackers que trataron de entrar en sucódigo y pasar más allá de los niveles habituales; e)
   Drowned God    
 y
Sad Satan
 son dos juegos quealimentan la otra versión de la teoría, con tintes más conspiranoicos y que van más allá de la experiencia personal de
  Ellamento de Orión.
 El primero, un juego de ciencia ficción de 1996 para Windows 95,

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
 parte de la premisa de que los humanos provienen originariamente de la constelación de Orión (de ahí laconexión) y han sido insertados en la Tierra por una raza superior. A lo largo del gameplay en primera persona, el jugador va desentrañando una teoría de la conspiración con tintes illuminati, basados en unanovela de Harry Horse. De
Sad Satan
 ya hablé (Siskind, 2016b)
 ,
 es un videojuego que en teoríadestapa una inmensa red de tráfico de personas e implica, entre otros, a Margaret Thatcher comoculpable. Se ha asociado con
  Ellamento de Orión
 por su gama cromática (según los escasos vídeosque se tienen del mismo) y por su posible uso para el control mental masivo.
[6]
 Nota a la edición en castellano: el manuscrito de la novela podrá verse en la retrospectiva deRaffaella Vitale para el Museo Guggenheim de Bilbao el próximo septiembre de 2021, junto con otros desus trabajos en torno a la memoria familiar y el fascismo italiano. La entrevista con Raffaella, en estecaso, no se encuentra disponible al final del libro, sino en el blog de la editorial(www.edicioneseljilguero.com).
[7]
 Se recogen aquí una serie de entradas del diario de Margherita, probablemente entre el 14 de julioy el 10 de agosto. Entre estas hay bastantes páginas ilegibles de las que no se ha transcrito nada.
(Notadeleditor).
[8]
 Antes y después de esta entrada hay varias páginas ilegibles, de las que solo hemos podidorescatar estas líneas.
(Nota deleditor)
.
[9]
 Probablemente 6 de agosto.
(Nota deleditor)
.
[10]
 Esta entrada da fin a los fragmentos no fechados.
(Nota deleditor)
.
[11]
 Expresión utilizada frecuentemente por Gabriele D’Annunzio y sus afines, «no me importa».
(Nota de la traductora)
.
[12]
 Probablemente entre el 10 y el 14 de octubre.
(Nota deleditor)
.

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
 
Índice
 
Los escorpiones PrólogoCambiatuvida.exeCapítuloICapítuloIICapítuloIIICapítuloIVElperromexicanoCapítuloICatuloIICatuloIIICapítuloIVInterludio1: GirlNext Door  Bajoastral.
Una novela de Margherita Vitale
Prefaciodeleditor  BajoastralInterludio2: TodestriebTardeparatodo

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

10
 
CapítuloICapítuloIICapítuloIIICapítuloIVInterludio3: SolnegroLos EscorpionesCapítuloICapítuloIICapítuloIIICapítuloIVCapítuloVCapítuloVICapítuloVIICapítuloVIIICapítuloIXCapítuloXCapítuloXIEpílogoNotadelaautora Sobreestelibro

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

7
 
SobreSaraBarquineroCréditosNotas

Unlock this document

Upload a document to download this document or subscribe to read and download.

or

Unlock this page after an ad

7

Reward Your Curiosity

Everything you want to read.
Anytime. Anywhere. Any device.
No Commitment. Cancel anytime.
576648e32a3d8b82ca71961b7a986505