Opinión | El desliz
Pilar Garcés

Pilar Garcés

Periodista

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Mazón, déjate ir

Mirando por su supervivencia política en medio de la hecatombe, este líder autonómico desnortado es, de nuevo, un riesgo para su comunidad

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El president de la Generalitat, Carlos Mazón, durante los disturbios en Paiporta el pasado domingo. / / Germán Caballero

Hay una persona que sigue intentando ponerse a salvo de la inundación de Valencia y no lo conseguirá. Es el presidente de la Generalitat, la autoridad que tuvo en su mano avisar y no avisó. No hay vuelta atrás. Vaya por delante que me da cierta angustia pensar en Carlos Mazón, levantándose cada mañana desde hace una semana y mirándose al espejo: 211 muertos. Docenas de desaparecidos. No sé cómo puede soportarse una responsabilidad así, ese caudal de almas perdidas que te arrastra cada vez que te quedas solo. Lidiar con esa culpa abrumadora, pues la tragedia será tu legado. Ni con una legión de psicólogos y 'coach', ni con todos los asesores de estómago agradecido buscando subterfugios que apuntalen su inoperante Gobierno, ni con la solidaridad del país entero, y la valentía de sus propios conciudadanos. A los que ha fallado estrepitosamente. Hasta ahora se aguanta Mazón con la magnitud del trabajo inmediato de salvamento que tiene por delante, pero ha empezado a malgastar energías en echar la culpa a otros. Error. Debería rematar la faena urgente y dejarse ir con dignidad. No hay salvavidas posible, ni palmera a la que agarrarse, su carrera está amortizada. Ni su jefe, el narcisista Feijóo, que se personó en el desastre el primer día para reclamar foco, le va a tirar un cabo; a río revuelto busca su propia ganancia. Mirando por su supervivencia política en medio de la hecatombe, este líder autonómico desnortado es, de nuevo, un riesgo para su comunidad. 

Carlos Mazón no puede ser nunca la persona que reconstruya Valencia, cuando se encuentre a los desaparecidos, se entierre a los fallecidos, se limpien las calles, se vuelvan a amueblar las casas, se pongan en marcha las empresas. Ese es un trabajo de titanes con un presupuesto millonario de dinero público que ha de afrontarse sin cortoplacismos, con diligencia y desde la autocrítica. Hubo un momento aciago, con la DANA ya encima, en el que el presidente valenciano tuvo que elegir entre paralizar la economía de su tierra y la seguridad de las personas y escogió el camino fácil. A ver qué empresario le pondría hoy al frente de su negocio. Porque gobernar es difícil. Para él hubiera sido complicado tirar adelante la legislatura en solitario con su mayoría holgada, así que prefirió simplificarse la vida y pactar con la ultraderecha negacionista del cambio climático de Vox. La misma que hoy arroja barro contra las instituciones del Estado, pero en su momento animó a Mazón a eliminar la Unidad Valenciana de Emergencias del Ejecutivo anterior, una «ocurrencia» y un «chiringuito». A cambio, en su pacto de estabilidad proponían recuperar las «fiestas tradicionales del mundo rural.» Un momento de protagonismo en las redes sociales, la ruina para el futuro. No se debe dejar nunca las cosas importantes en manos de inútiles. Hay que detectar lo sustancial y apartarlo de los friquis de la política, llegados a ella para chupar del bote y para enredar. 

Cualquiera se puede envolver en una bandera, lanzar una soflama, montar un bulo racista. Lo que ya no resulta tan sencillo es interpretar el comportamiento de un fenómeno meteorológico adverso y peligroso que amenaza a la población. Para eso están los científicos, los expertos en emergencias, los estudiosos del suelo y del territorio. Hay que rodearse de gentes listas, darles los recursos que necesitan, escuchar sus opiniones. Buscar buenas cabezas, pero no solo cuando necesitas cortar una para salvar tu culo.

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