El regreso a los orígenes del nuevo filón turístico de la provincia

Los héroes de Haza de la Concepción

Jesús Cruz, Miguel Ángel Llorente y José María Cerro han pasado toda su vida ligados a la finca que gestiona la diputación. Nacieron allí, crecieron allí y siguen trabajando allí. Con décadas de experiencia en la agricultura y ganadería, echan la vista al pasado y recuerdan con felicidad sus primeros pasos en este paraíso

Vídeo | Un hotel de ensueño en el corazón de la biosfera de Cáceres

Carlos Gil

Ellos son los artífices de que Haza de la Concepción siga siendo, décadas después, un paraíso en el que siguen naciendo y viviendo animales, se sigan cuidando flores y continúen desarrollándose las tareas de toda la vida. Son Miguel Ángel Llorente, José María Cerro y Jesús Cruz, tres agricultores y ganaderos que han pasado casi toda su vida ligados a la finca que gestiona la Diputación de Cáceres. Allí nacieron, allí dieron sus primeros pasos, allí fueron al colegio y allí siguen trabajando. Con más de medio siglo de experiencia en los trabajos del campo, ahora echan la vista al pasado y recuerdan con felicidad sus primeras andaduras en un recinto que, si sigue teniendo un gran uso es, en buena parte, gracias a ellos. Ellos son los héroes de Haza de la Concepción, una finca que ahora tendrá una nueva vida gracias a la inversión de 4 millones de euros de la institución provincial para rehabilitar el palacete y convertirlo en un complejo agroturístico.

Llorente lleva en la finca 59 años, prácticamente toda su vida, aunque ya vive en Plasencia. «Estuve viviendo aquí hasta los 22 años. Mi abuelo era mediero, mi padre pasó a serlo cuando se casó y aquí seguimos», recuerda. «La infancia aquí fue muy feliz. Aquí hay 16 viviendas secadero y en cada una vivía una familia más otras casas distribuidas por el campo», dice Llorente, que asegura que fue a la ‘escuela-capilla’ de la finca hasta 3º de E. G. B. con las maestras Doña Margarita y Doña Luchi. Todo era como un pequeño pueblo, incluso tenían a Don Eulogio como médico y a Don Luis como párroco, que ofrecía la misa todos los domingos. «Toda esta finca dependía de Margarita de Silva y Fernández de Córdoba, que vivía en el palacete», sentencia.

Cerro también creció junto a su familia en Haza: «Al segundo día de nacer me trajo mi padre aquí». «Residir aquí era maravilloso. Los niños teníamos mucha libertad, jugábamos con todo. Aquí vivíamos unas 70 familias, eran muchas personas», dice este trabajador, que ya es el capataz agrícola y uno de los siete empleados que quedan a disposición del recinto. «Mis labores consisten en organizar los trabajos, aunque soy uno más y ayudo a todos mis compañeros», especifica, mientras recuerda a Don Gabino y Don Ramón, que eran los encargados de la finca hace años y residían en la casa grande.

El último en llegar

Cruz fue el último en llegar y es el único que aún reside en la finca haciendo los trabajos de guarda de seguridad y residiendo en las inmediaciones del palacete junto a su esposa. Natural de Jaraíz de la Vera, ya solo se dedica al invernadero después de haber pasado toda su carrera profesional como tractorista. «Llegué aquí con 37 años. Mi hijo nació aquí, pero cuando la escuela ya estaba cerrada cuando todo esto ocurrió y les llevaban a Malpartida», explica.

Sus funciones actualmente consisten en el cuidado de los animales -principalmente vacas de las razas blanca cacereña y negra avilesa ibérica- y de las más de 42.000 plantas que tienen en el invernadero y que colorearán los pueblos de la provincia. Eso sí, recuerdan con nostalgia la multitud de labores que allí se realizaban: «Hay que fijarse también en los secaderos de tabaco y la forma de sus ladrillos. Ni siquiera era necesario que tuviesen un semblante artístico, solo conductos de ventilación, pero así era Margarita de Silva», cuenta Cerro. Tiene además una casa cuartel con más de 500 años de antigüedad que ha sido rehabilitado recientemente.

La finca, que también aspira a convertirse en laboratorio agrotecnológico, cuenta con varias zonas de investigación en colaboración con el Gobierno para descubrir distintas cuestiones como el motivo por el que se secan las encinas. 

El palacete de Haza

Aunque este espacio también será, sin duda, uno de los atractivos más importantes de la finca Haza de la Concepción, el palacete es la gran joya de la corona. Esta espectacular construcción de corte italiano de comienzos del siglo XX tiene un edificio residencial principal en el que se han habilitado 14 habitaciones (una de ellas adaptada a personas con discapacidad), tiene capacidad para 28 huéspedes y ha recibido cuatro estrellas verdes como hotel rural. Además, tiene construcciones anexas destinadas a viviendas de trabajadores y otros usos agropecuarios en el que se ha procedido a la construcción de un restaurante -que ha recibido el reconocimiento de dos tenedores- al que pueden acceder hasta 75 comensales.

Ahora, este recinto se mantiene a la espera de que una empresa se quede con su explotación. Tres empresas concurrieron, aunque una no lo hizo por la vía reglamentaria. Las otras dos pugnarán por quedarse con un contrato a 25 años con un precio de salida de 8.500 euros durante los diez primeros y 12.100 los próximos 15.

La construcción principal es uno de los recintos más espectaculares que incluye este paraje en pleno corazón de la biosfera de Cáceres y al límite con el Parque Nacional de Monfragüe. Manteniendo el suelo original y algunas chimeneas, dando el nombre de cada pueblo de Monfragüe a cada habitación (y añadiendo una foto de cada municipio en los alojamientos) y convirtiéndolo en un espacio accesible buscan crear un oasis de paz y tranquilidad que respete el entorno rural e impulse su patrimonio histórico y cultural. La calefacción es de biomasa para hacer el inmueble más sostenible.

Este inmueble también cuenta con una cafetería que recibe el nombre de Río Tajo en su planta baja. En el tercer piso hay una sala observatorio para disfrutar las vistas hacia el campo con el techo como uno de sus elementos más característicos, hecho de madera de castaño y que se mantiene de la primera construcción.

Sus cientos de metros de jardines con árboles y plantas como naranjos, palmeras o setos que permanecen en la finca desde hace más de un siglo se unen a una gigante piscina de agua salada con vistas al parque de Monfragüe y desde la que también se puede divisar el ganado vacuno de la finca. También tiene dos chorros que pueden servir a modo de ‘spa’, cuatro entradas por escaleras y zonas verdes con sombrillas.

En las construcciones anexas se encuentra el restaurante, que dispone de dos salas. En la parte inferior está el recinto para personas con discapacidad y en la superior para el resto de comensales. El palomar también fue construido al mismo tiempo que el palacete y tenía en su parte superior un depósito. Llama mucho la atención además las caballerizas, que tenían espacio para seis animales y que mantiene aún el diseño original.

La Diputación de Cáceres ha creado en Haza de la Concepción un nuevo recinto turístico hotelero que será un referente en la provincia y que, a buen seguro, verá pronto sus habitaciones llenas y creará más de una quincena de puestos de trabajo.

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