Una de las cosas que produce paz de espíritu en los días actuales es la lectura de resoluciones judiciales en las que, como es de esperar, prima el análisis racional de la realidad. Ante la Justicia no hay “relatos” que valgan ni “batallas culturales” ni “argumentarios” sino un ejercicio del bisturí de la racionalidad que, créanme, es un refugio en tiempos de verdades escurridizas. No hay nada mejor para desarmar los bulos y las interpretaciones sesgadas que una resolución judicial basada en las reglas de la razón y en las normas lógicas del Derecho.