Junto a Can Batlló

Protesta contra la destrucción de un jardín con pasado antifranquista en Barcelona: “Nos quitan un pedazo de vida”

Vecinos de La Bordeta se movilizan ante el inicio de las obras para levantar un bloque de protección oficial sobre una zona verde conseguida por una reivindicación vecinal durante la dictadura

Barcelona estudia recrear un pequeño jardín conquistado al franquismo al que niega el indulto

Vecinos de La Bordeta protestan ante la valla que rodea la zona ajardinada que desaparecerá en la calle Mossèn Amadeu Oller, en Barcelona. / FERRAN NADEU

Jordi Ribalaygue

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Concentración ruidosa contra la destrucción de una pequeña zona ajardinada de Barcelona. Una quincena de vecinos de la calle Mossèn Amadeu Oller y del barrio de La Bordeta se ha congregado este mediodía para protestar contra los primeros trabajos para retirar una treintena de árboles y arbustos, plantados desde 1961 en un tramo de acera de unos 300 metros cuadrados junto al antiguo recinto fabril de Can Batlló. Más que por sus dimensiones o su frondosidad, el estrecho parque resulta emblemático para parte de los habitantes en la zona porque fue una conquista del incipiente movimiento vecinal en plena dictadura. Los residentes apelaron a su simbolismo como reducto antifranquista para reclamar al Ayuntamiento que los salvara, pero las obras para construir una promoción de vivienda asequible lo arrasará en las próximas semanas.

“Nos quitan un pedazo de nuestras vivencias”, ha lamentado Jacint Yagüe, presidente de la Asociación de Vecinos Mossèn Amadeu Oller, surgida de la reivindicación para pedir el indulto del parque. Yagüe vive en la calle desde que era niño. “Pasamos muchas horas jugando en el jardín y muchas departiendo con la gente, porque era un punto de reunión, en que los mayores bajábamos a hablar y los críos, a jugar -ha evocado- Ahora será una calle más ruidosa y con más polución por el tráfico, y los árboles que prometen tardarán años a crecer”. 

Los vecinos opuestos a las obras han aporreado la valla que envuelve la parcela donde han empezado las labores para alzar el inmueble de protección oficial. Lo promueve la cooperativa Empriu y se prevé que los alquileres ronden los 500 euros al mes, por debajo de los precios habituales en la ciudad. Al otro lado de la barrera, una excavadora removía la tierra esta mañana y los operarios arrancaban los primeros ejemplares, que se trasplantarán en otro lugar. 

Margallones y tipuanas

El distrito de Sants-Montjuïc ha explicado que estos días se extraerán 25 margallones y dos tipuanas. Los ejemplares retirados se trasladarán de momento a un vivero y la idea es buscarles acomodo en el recinto de Can Batlló para replantarlos. A su vez, el distrito apunta que se talarán cuatro tipuanas “poque no se pueden trasplantar”, alega. 

Una excavadora en las obras para construir un bloque de viviendas junto a Can Batlló, en Barcelona. / FERRAN NADEU

El distrito afirma que no es posible reubicarñas porque son árboles con raíces “muy extensas”. “Se desarrollan con un volumen similar a la copa, y eso hace prácticamente imposible abarcar todas las raíces y la tierra que las rodea. Si se cortan las raíces, el árbol acaba muriendo”, justifica. El Ayuntamiento lo compara con las personas: “Somos mucho más adaptables cuando somos niños que cuando somos mayores. Un árbol adulto difícilmente se adaptará a un cambio como este, y acabará muriendo”. Sí se amnistía una tipuana que se levanta sobre un punto de la acera que no será ocupado por el nuevo edificio, de cuatro plantas y 40 viviendas

Los vecinos contrarios a que desaparezca la zona ajardinada propusieron que el bloque de protección oficial se edificara desplazándolo unos metros hacia el interior de Can Batlló para que el parque quedara intacto. El distrito lo valoró pero resolvió en marzo que ya no era posible modificar el proyecto urbanístico.

Remodelación

“No por asumido lo aceptamos como razonable. Es una chapuza y un sinsentido que se pierda espacio público por un proyecto que no deja de ser privado”, postula Pau Domingo, uno de los habitantes que pone voz al enojo que advierte que cunde entre los vecinos: “Los hay que se nos ponen a llorar, porque es un espacio que ganaron sus abuelos y sus padres. Hay un carga sentimental muy fuerte, más allá de que se pierda una zona verde. Vienen días de mucho dolor por delante”.

Tras desechar que el plan urbanístico se corrigiese ahora, el Ayuntamiento se comprometió a remodelar la calle para ensanchar la acera opuesta a donde el parterre se hallaba. Se propone recrear allí el jardín e instalar un panel informativo que recuerde que los vecinos lo consiguieron enfrentándose a las autoridades municipales franquistas. 

La Asociación de Vecinos comenta que el distrito ha extendido una propuesta que ve con buenos ojos para reordenar Mossèn Amadeu Oller. “Consistirá en dotar de zonas verdes y dignificar la calle, dentro de la pérdida que supone perder el jardín y que el espacio se reducirá de 16 a 12 metros. Lo estamos trabajando pero, en el mejor de lo casos, no empezará a hacerse hasta finales de 2027”, observa Domingo.

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