El Gran Canaria: 20 años de un estadio inacabado
El recinto es muy distinto al que se estrenó en 2003 | Cerrar la Naciente, el nuevo reto
El Gran Canaria: 20 años de un estadio inacabado / Pablo Fuentes
Del 8 de mayo de 2003 al 8 de mayo de 2023. Han pasado 20 años desde la inauguración del Estadio de Gran Canaria, recinto cuya propiedad es del Cabildo, institución pública, y que usa en exclusividad la UD Las Palmas, entidad privada que paga alrededor de 400.000 euros anuales al ejecutivo de la Isla, que a su vez destina 1,6 millones al club amarillo en concepto de patrocinio. En dos décadas el recinto de Siete Palmas ha vivido de todo: dos ascensos (2006 y 2015), dos descensos (2004 y 2018), tres partidos de la selección española (2004, 2007 y 2018), momentos inolvidables tanto felices como amargos, conciertos mundiales y hasta una transformación física que consistió en la desaparición de las pistas de atletismo y la reforma del anillo inferior de las gradas Sur, Curva y Tribuna para acercar las gradas al terreno de juego. Hoy ya sólo es un estadio de fútbol. Aún así, y a pesar de haber experimentado una gran obra, sigue inacabado.
Falta por, por ejemplo, dar un uso a la torre Este, terminar la nueva sede de la UD –la reforma culminará próximamente después de más de un año– y, sobre todo, acercar la grada Naciente, para la que existe un proyecto que no termina de ejecutarse porque el club y el Cabildo no se ponen de acuerdo. Tal reforma, que implicaría un aumento del aforo actual, de 32.400 espectadores, hasta más de 40.000, permitiría al Gran Canaria optar a ser sede del próximo Mundial 2030 que quieren organizar España, Portugal, Marruecos y Ucrania, este último de manera simbólica. Albergar una Copa del Mundo sería un nuevo hito de un estadio que nació envuelto en la polémica.
El Gran Canaria: 20 años de un estadio inacabado | ANDRÉS CRUZ / Pablo Fuentes
Partidarios y detractores
Porque desde su concepción en 1993 bajo el mandato de Gonzalo Angulo, que estuvo al frente de la Consejería de Deportes del Cabildo entre 1991 y 2003 (Coalición Canaria), con continuas disputas políticas, tuvo partidarios y detractores, estos últimos más numerosos ya no sólo por lo que costó, unos 72 millones finales cuando inicialmente estaban presupuestados 36, sino sobre todo porque suponía el abandono y condena a muerte del Estadio Insular, arraigado en la afición amarilla desde el nacimiento de la entidad en 1949.
Pasados 20 años desde su nacimiento, el apego al Gran Canaria sigue sin llegar a los niveles del extinto recinto de Ciudad Jardín, pero a medida que pasa el tiempo y las generaciones de aficionados se renuevan, al menos ya no existe la desazón con la que el seguidor amarillo de toda la vida tuvo que trasladarse en 2003 a una zona que ni mucho menos estaba tan desarrollada como ahora y a un estadio sin los colores representativos, gris en los muros y en los asientos y desangelado.
Aquel 8 de mayo el recinto, entonces con capacidad para 32.000 personas –con la obra aumentó en algo menos de 400 personas–, vivió su primer partido. Se enfrentaron la UD Las Palmas y el Anderlecht de Bélgica, el equipo invitado para pasar a los anales del Estadio. El equipo amarillo, entonces dirigido por Josu Uribe, venció por 2-1. El primer jugador que marcó un gol en la nueva casa amarilla fue, como no, Rubén Castro. Luego empataría el conjunto de Bruselas y el camerunés Nkong daría la victoria los isleños en el minuto 76. Primer partido, primera victoria, sin embargo, fue sólo una anécdota en medio de una profunda crisis que llevaría al equipo al descenso a Segunda B sólo un año después de la inauguración.
Antes del fútbol hubo atletismo, pues había que dejar constancia de que el recinto debía servir para mucho más y que el modelo de un estadio con pistas era lo conveniente en aquella época, tal y como habían hecho antes la Real Sociedad o el Mallorca, por ejemplo. Era la moda. Lo que hubo fue dos carreras de 1.500 metros, para muchos la prueba más bonita, de las que salieron vencedores Marta Domínguez en categoría femenina y Juan Carlos Higuero en la masculina. Nadie lo sabía entonces, pero fue la primera y única cita atlética en toda la vida del Gran Canaria.
Las pistas supusieron un motivo de conflicto a todos los niveles. En el plano deportivo, la UD había jugado toda su vida en el Insular con su gente casi pegada a las líneas delimitadoras del terreno de juego, por lo que estar tan alejados del campo no gustó a nadie – aunque ahora las gradas están más cerca, siguen más lejos que en el antiguo estadio–; en el plano institucional, existía la sospecha de que la Isla jamás albergaría una competición de atletismo de cierto rango pese a tener las pistas homologadas, algo que se puso en duda durante mucho tiempo de manera interesada. Así fue: el tartán, olvidado, se desgastó sin remedio hasta que por fin, más de una década después, lo quitaron.
El primer encuentro oficial en el Gran Canaria fue el 6 de septiembre de 2003, cuando el conjunto de Juan Manuel Rodríguez empató frente al CD Leganés (2-2). Los goles de la UD, del mismo protagonista, Rubén Castro, que dejó su sello con un doblete. El primer triunfo oficial no llegaría hasta un par de meses después; el 29 de noviembre, Las Palmas se impuso al Córdoba (3-1) con tantos de Carmelo, Nico Frutos y el propio Rubén Castro.
La mala dinámica del equipo, que necesitó de tres entrenadores en la temporada –después de Juan Manuel llegaron David Vidal, Tino Luis Cabrera y Henri Stambouli–, ahuyentó cada vez más a la gente, que dejó de subir al Estadio. La UD parecía predestinada al descenso, con una propiedad convulsa, un club endeudado, un grupo muerto a nivel deportivo y una afición alejada y extraña en un lugar poco menos que inhóspito para ella.
Bajada y subida
Así, en el primer año de vida del Gran Canaria la UD bajó a la desaparecida Segunda B, categoría nada atractiva para la afición, que si bien acudía a ver a su equipo, hacerlo en un recinto tan grande deslucía su apoyo. Después de una campaña sin subir, Las Palmas regresó a Segunda División el curso siguiente (2005-06), y fue entonces cuando el Estadio registró sus primeros días históricos, primero con la reunión de más de 30.000 personas para presenciar un partido crucial frente al Rayo Vallecano en la penúltima jornada y luego con el llenazo –como el del día de la inauguración– para ver el ascenso frente al Linares, al que el cuadro isleño venció con un gol de Marcos Márquez. Invasión de campo, locura total y la nueva casa vista ahora con unos ojos más amables.
No volvería a haber un ascenso en el recinto de Siete Palmas hasta nueve años después, cuando el cuadro amarillo regresó a la Primera División, en la que no participaba desde la temporada 2001-2002. En lo años anteriores, sin embargo, hubo dos acontecimientos importantes: dos playoffs en los que la UD no salió victoriosa. En 2013, un empate a uno frente al Almería no sirvió para pasar a la final en la vuelta en el Estadio de los juegos Mediterráneos –Las Palmas cayó en la prórroga–; en 2014, la mayor tragedia que haya vivido el club en toda su historia tuvo lugar el día señalado para que el equipo subiera a la máxima categoría nacional.
La estampa de cientos de personas saltando desde las gradas hasta las pistas –había varios metros de altura– supone una de las mayores vergüenzas de la entidad, que se convirtió en el hazmerreír después de que el Córdoba marcara en el último segundo del choque el tanto que le ponía en Primera, seguramente por la falta de concentración evidente en los jugadores amarillos, deseosos de que el duelo acabara cuanto antes por el bochorno que sucedía fuera del terreno de juego, en cuyo alrededor se amontonó la gente.
Al año siguiente, sin embargo, la UD enmendó su error y finalmente, a la tercera, logró el objetivo. Era el segundo ascenso que vivía el Gran Canaria, esta vez frente al Real Zaragoza, el 21 de junio de 2015, cuando Roque Mesa y Sergio Araujo devolvieron al equipo a lo más alto en un final agónico, aunque nada comparable al que se había producido el curso anterior. Esta vez, no hubo invasión. De alguna manera, la tragedia del cordobazo sirvió de aprendizaje.
Antes, en noviembre de 2014, otro acontecimiento iba a afectar al Estadio de Gran Canaria: el inicio de las obras para quitar las pistas de atletismo, esas que nunca se usaron, y crear un anillo inferior con gradas, lo que implicaba el acercamiento de las mismas al terrenos de juego en todas menos la Naciente. Durante 11 años, todo el terreno de debajo de Sur, Curva y Tribuna permaneció diáfano, como un solar abandonado; con el nuevo plan, al menos una parte del mismo iba a ser utilizado. Por otra parte, el proyecto también iba a servir para que un Estadio que nació desangelado se pareciera más a un campo de fútbol.
Las obras tardaron más de la cuenta y supusieron una incomodidad. Comenzaron en noviembre de 2014 y no terminaron hasta enero de 2016, ya con el equipo en Primera División, pero en principio iban a durar 16 meses y tardaron casi un año más. Además del acercamiento, los colores amarillo y azul en las butacas, los mismos que gobiernan en la actualidad, despertaron en la afición un sentimiento de pertenencia mayor. Se parecía más al estadio de la UD Las Palmas, si bien la propiedad siempre fue la misma: el Cabildo.
Coincidió el final de las obras con la mejor época futbolística de la historia del club para los más jóvenes y la segunda para los más veteranos. Aquel equipo de Quique Setién, al frente de una hornada de jugadores de la casa, maravilló por toda España y despertó los halagos de todo el país. Durante un año, más o menos entre febrero de 2016 y marzo de 2017, el recinto vivió tardes y noches de espectáculo en la que entonces era la mejor liga del mundo. Sin embargo, una gestión desastrosa en el curso 2017-18 terminó con la UD en Segunda otra vez. Hasta ahora.
En dos décadas de vida el Gran Canaria también albergó tres partidos de la selección nacional, contra Venezuela en agosto de 2004 en el debut de Luis Aragonés en el banquillo (3-2), frente a Irlanda del Norte en noviembre de 2007 (1-0) y ante Bosnia en noviembre de 2018, en el homenaje a David Silva (1-0). Asimismo, el recinto acogió conciertos de estrellas mundiales como Bruce Springsteen, Shakira, Bryan Adams, Sting y Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat.
Desde aquel 8 de mayo de 2003 hasta ahora mucho ha cambiado, pero el Estadio sigue inacabado 20 años después. El futuro pasa por reformar la Naciente. El presente, por vivir el tercer ascenso. Ahora sí, en un estadio de fútbol.
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