Echo de menos los tiempos en los que podíamos hablar de cualquier otra cosa. De hecho, apenas recuerdo lo que era una conversación trivial antes de la pandemia. Ahora, casi todas las charlas con mis amigos o mis conocidos están atravesadas por tres temas; uno de ellos extinto –el Covid–, el alquiler y las guerras mundiales venideras. Pecaremos de cenizos, pero ya casi no chismorreamos de nada y todo lo que hablamos va envuelto en un halo de pesimismo cínico.