Cien años del hospital de la Malvarrosa
Un siglo de medicina en la playa de Sorolla
El hospital de la Malvarrosa celebra el centenario de un sanatorio donde se trató a centenares de personas con helioteorapia y el salitre del Mediterráneo
Fachada del hospital de la Malvarrosa en los años 60 cuando era un sanatorio; en 2024, cumple 100 años de vida. / Hospital de la Malvarrosa
Entre las paredes del hospital de la Malvarrosa, se practica la Medicina desde hace un siglo. Fue en 1924 cuando finalizaron las obras de reconversión del hotel-balneario abandonado para la creación de un sanatorio "modelo", cuyo objetivo en palabras de don Vicente Rodríguez, su primer director, era convertirse en "la honra de València y en un motivo de satisfacción de los médicos que lo dirigen". De la asistencia a pacientes con tuberculosis a su transformación en hospital ordinario, sin olvidarse de su etapa más recordada como centro de tratamiento de la poliomielitis -una enfermedad degenerativa del sistema nervioso-, uno de los cuatro que había en España, impulsada por el doctor Álvaro López Fernández. Sus diferentes etapas han dejado huella en las instalaciones del centro y en la ciudad "por ser uno de los de más tradición -, explica su gerente Álvaro Bonet- y que más impacto han tenido en las personas". Profesionales y pacientes que son parte, también, de su historia.
El doctor Don Álvaro y el equipo médico del sanatorio de la Malvarrosa en los años 60. / J.V.G.
La familia de la Malvarrosa
A menos de 500 metros de allí, Flori García se emociona recordando sus 48 años de servicio como enfermera en el centro. Comenzó en 1970 con 17 años ayudando en el cuidado de las niñas a las órdenes de Sor Mercedes, cursó sus estudios y ejerció en el quirófano. Para ella, la Malvarrosa "es como mi casa". Lo era desde antes de comenzar a trabajar porque desde los dos años y medio ha correteado por las estancias. Las cuatro hermanas han sido parte del personal del centro y vivían justo enfrente del centro. Allí pasaban los días enteros: lavaban, daban de comer, limpiaban, comían, atendían a los pacientes, los sacaban a la terraza exterior frente al mar... "Hacíamos de todo, lo que hiciera falta porque éramos una familia", recuerda a la vez que lamenta la deriva hacia la separación de competencias y la individualización del modelo sanitario actual.
La enfermera Flori García junto con algunos de los niños internos en el sanatorio de la Malvarrosa. / J.V.G.
Eran una familia también para los pacientes porque muchos de ellos, la mayoría menores procedentes de todas partes de España, se quedaban internos durante meses o, incluso, años. Algunos se sometían a una intervención quirúrgica tras otra para paliar el deterioro muscular y óseo. Paso por quirófano, escayola y, después, rehabilitación con tiempos mucho más dilatados que los actuales. Y si no los intervenían, les realizaban ejercicios de fortalecimiento del sistema muscular en las "jaulas" de ejercicios o en las piscinas con agua marina.
Niños en las terrazas del sanatorio de la Malvarrosa con sombreros para protegerse del sol. / J.V.G.
Hace medio siglo de esas vivencias, pero las tiene muy presentes. A diario, participa en un grupo de WhatsApp en el que se han reunido trabajadores y pacientes bajo el nombre "Malvarrosa te quiero"; son más de 40. Una de las antiguas niñas contactó con ella llamando al hospital y, desde entonces, han realizado varios encuentros presenciales. "Fue muy bonito porque, aunque suene mal, nos mostraron lo agradecidas que estaban", explica.
La mirada del enfermo
Los recuerdos de los pacientes no son solo dulces, también los hay amargos. A José Vicente García le ha costado años desbloquear sus once meses interno en el hospital a la espera de una segunda operación que nunca se produjo; la primera fue un estiramiento del tendón de la pierna derecha. Al final, vivió su propia terapia escribiendo la novela "Sueños de escayola", inspirada en parte de sus vivencias con algún toque de ficción. Su familia se trasladó a Valencia desde Madrid, pero aun así, él vivió en el hospital casi un año. "Era terrorífico -, confiesa-. No sabías nada. A mí me cogió una monja, me llevó a una sala con 30 camas más y me separó de mi familia". Rememora con un temor especial el ruido del mar por la noche de su primera pernoctación. Pero, al final, "te adaptabas a la vida en el hospital" aunque "sea propia de otro universo".
El funcionamiento del hospital era fruto de otra época. No había técnicas contrastadas y, por eso, a veces se pregunta "si experimentaban o no con nosotros. Siempre tengo la duda". Aun así, defiende la figura de don Álvaro: "Era un gran científico, un gran médico y una gran persona", afirma con rotundidad.
Mari Luz nadando en una de las piscinas con forma de herradura del antiguo hospital de la Malvarrosa / Hospital de la Malvarrosa
Las jaulas eran la pesadilla de Mari Luz Vilanova, quien fue operada del pie por la polio al mes y medio de nacer, uno de los casos más tempranos tratados en el centro. Y cree que "me lo dejaron hecho polvo porque hacían pruebas y, en mi caso, salió mal". Ella vivía en Campanar y acudía al centro a realizar los ejercicios de rehabilitación. Solo atesora flashes nadando en la piscina de agua salada con forma de herradura o en la sala de rehabilitación con las terroríficas jaulas con mancuernas. A quien sí recuerda, perfectamente, es a Concha Santapau, la enfermera se encariñó con ella y la siguió tratando, de forma particular, en su clínica hasta pasados los 20 años. "Me aplicaba los tratamientos más novedosos y gracias a ella pude andar y ser técnica en deporte adaptado", relata. Siempre ha sido muy inquieta hasta que, a los 50 años, le sobrevino el síndrome de la postpolio; ha perdido movilidad y se mueve gracias a una silla de ruedas.
Los niños pasaban sus mañanas al sol en la terraza del sanatorio de la Malvarrosa / Hospital de la Malvarrosa
Institución centenaria
Cien años después de la apertura de sus instalaciones, el centro conserva parte de su encanto arquitectónico. Lo ha mantenido al combinar su conservación con las demandas asistenciales y, actualmente, está en marcha el proyecto de ampliación de las instalaciones. Un siglo después sigue siendo un centro de referencia, con una amplia actividad, sobre todo, en el ámbito quirúrgico. En 2023, realizaron 9.829 cirugías y atendieron más de 61.000 consultas, con la incorporación de equipos de última tecnología. "Nuestra actividad es muy importante para la actividad asistencial del departamento y de nuestros pacientes", concluye Bonet.
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