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Cinco amigos muertos en Commerce City, a las afueras de Denver, en febrero del año pasado. Dos compañeras de la Universidad Estatal de Ohio, en Columbus, encontradas en el suelo por una compañera de piso en mayo. Diez personas muertas en un fin de semana de abril, repartidas por Washington. Todos habían ingerido fentanilo, un opioide sintético prescrito para paliar dolores intensos, hasta cincuenta veces más potente que la heroína y letal en cantidades más pequeñas que un lunar.
Muchas ciudades de Estados Unidos azotadas por la pandemia ahora enfrentan dos amenazas a su futuro como polo económico del país. Por un lado, las muertes por sobredosis sobre todo de fentanilo, que han batido récords en Nueva York. Por otro, la crisis de vivienda, que ha disparado los alquileres en Miami casi un 60% desde la pandemia y el número de personas sin hogar. Además, la ola de despidos en las empresas tecnológicas y el teletrabajo han vaciado edificios comerciales. “La gente va a venir en masa a Nueva York”, dijo el entonces alcalde Bill de Blasio antes de la reapertura en 2021. Sin embargo, las ciudades incluso podrían estar perdiendo habitantes.
El fentanilo, la droga que azota las ciudad...
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