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Mondragón

Tenemos nuestro Sendero Luminoso, que se posiciona en las instituciones vascas para proponer una educación que acabe de desterrar el castellano de las aulas y borre los vínculos administrativos con la España constitucional

Ofrenda floral en un homenaje a las víctimas del etarra Henri Parot, en la Plaza de la Memoria de Vitoria-Gasteiz.
Ofrenda floral en un homenaje a las víctimas del etarra Henri Parot, en la Plaza de la Memoria de Vitoria-Gasteiz.Iñaki Berasaluce / Europa Press

Un verano triste para los demócratas vascos: han muerto en pocos días dos de sus referencias más señeras, Mikel Azurmendi y Joseba Arregi. Ambos pasaron por el nacionalismo radical, incluso violento en el caso de Mikel, y salieron de él por la vía del razonamiento cívico y humanista. No dijeron simplemente “ahora ya no toca”, “los tiempos han cambiado”, “vivimos una realidad nueva” y demás melonadas oportunistas con las que quienes fueron actores o cómplices del crimen separatista pretenden obtener tendido de sombra en la euskoplaza formateada gracias a él. Por el contrario, defendieron a los ciudadanos libres e iguales del Estado de derecho, no determinados por su lugar de nacimiento ni por su genealogía, que buscan elementos culturales para compartir y no para aislarse de los demás. Representaron la razón ilustrada y cordial que necesitamos en Euskadi, lo opuesto a quienes se empeñan en inventar un paisito reciclando a su gusto los restos del grande que ya existe.

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